‘Andy’ López Beltrán se enoja ante el fracaso y saca la prepotencia

‘Andy’ López Beltrán se enoja ante el fracaso y saca la prepotencia

Agencias/ Redacción 

Mientras la mayoría de los hijos de personajes públicos luchan por construir su propio camino, Andy parece abrazar con desesperación el legado de su padre. Su historial no le permite otra estrategia

En medio de una profunda crisis interna por los malos resultados electorales en Veracruz y Durango, así como por la bajísima participación ciudadana en la elección judicial, el nombre de Andy López Beltrán ha saltado al centro del incendio morenista. El hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador ha sido blanco de duros reclamos por parte de figuras del propio partido que, en un chat de WhatsApp, le espetaron: “No eres tu papá”. 

La crítica no sólo fue personal: lo acusan de ineficaz como operador político, de sostener desplantes autoritarios y de entorpecer las estrategias electorales. En lugar de responder con autocrítica, Andy replicó con un grito que fue más alarmante que convincente: “¡Sí, soy mi papá!” 

Mientras la mayoría de los hijos de personajes públicos luchan por construir su propio camino, Andy parece abrazar con desesperación el legado de su padre. Su historial no le permite otra estrategia: como operador ha fracasado, y sobre su nombre pesan acusaciones documentadas de corrupción, tráfico de influencias y conflictos de interés. Su carta más fuerte no es su capacidad, sino su apellido. Si no se llamara Andrés Manuel López, posiblemente no ocuparía una dirigencia partidista… o incluso estaría enfrentando cargos legales.

La semana pasada, Andy protagonizó un momento que se volvió viral durante un podcast oficial de Morena, en el que expresó: 

“Yo me llamo Andrés Manuel López Beltrán y mi más grande orgullo es llamarme como el mejor presidente que ha tenido este país. El llamarme Andy es demeritar eso… ojalá dejen de llamarme con diminutivos.”

La frase acaparó titulares, opacando el objetivo central del podcast: defender la narrativa promovida por la presidenta Claudia Sheinbaum desde la mañanera, para maquillar los pobres resultados electorales del partido.

En Veracruz, la autodenominada “transformación” intentó deslindarse del PT y el PVEM, apostando por una candidatura exclusivamente morenista. Resultado: Morena pasó de gobernar 87 municipios a 71. Una estrategia fallida que, en lugar de fortalecer su base, evidenció fracturas internas.

En Durango, el panorama no fue mejor. Pese a una inversión económica y operativa considerable, Morena apenas logró quedarse con uno de los tres principales municipios. Andy incluso había declarado que se mudaría al estado para asegurar la victoria. No funcionó. Y ahora, el discurso oficial se centra en denunciar un presunto fraude electoral, una narrativa que no estarían usando si los resultados hubieran sido favorables.

Finalmente, la elección judicial, un proyecto insignia del oficialismo, resultó un fracaso rotundo: menos del 10% de participación efectiva. Otro golpe para el aparato político que Andy intentó representar.

Lejos de una reflexión profunda o una autocrítica interna, la respuesta de López Beltrán ha sido reafirmar su vínculo con el poder que ya se fue, en un intento de blindarse con el nombre de su padre. Ese nombre no parece un legado político sino un certificado de impunidad.

LOS GRISES HIJOS DE AMLO   

Andrés Manuel López Obrador tuvo tres hijos de su primer matrimonio con Rocío Beltrán, fallecida en 2003, cuando él era jefe de gobierno de la Ciudad de México.

Los tres hijos: José Ramón, Andrés Manuel, mejor conocido como “Andy”, y Gonzalo crecieron a la sombra política del padre, pues al iniciar éste como jefe de gobierno de la ciudad de México dos eran púberes y uno adolescente, el mayor.

Ninguno siguió una carrera política formal, ni se esforzó por tener una formación académica amplia, tampoco por conseguir un trabajo formal una vez que se graduaron como licenciados por la UNAM. Los tres se dedicaron, como se dice en el argot político, al activismo de un partido político, a “la grilla”, ayudando en tareas de organización en periodos electorales, pero ni siquiera en cargos formales claves, sino como personeros de su padre.

Cuando AMLO llegó a la presidencia de la república en 2018, ninguno de los tres hijos tenía un trabajo formal registrado, pese a que ya tenían 34,32 y 30 años, respectivamente. Los tres se mantenían solteros y se desconocía cuál era su forma de manutención. Se presume que obtenían dinero a través del PRD, Partido de la Revolución Democrática, como el propio AMLO, quien recibía un sueldo mensual calculado en 50 mil pesos, antes de que fuera jefe de gobierno de la ciudad de México.

Realmente la economía personal de los López siempre se ha mantenido en la opacidad.

Al momento de llegar AMLO a la presidencia, hubo necesidad de cuidar las apariencias. A José Ramón, quien se casó y comenzó a vivir con lujo en los EEUU, le tuvieron que inventar un trabajo a través de la empresa turística Vidanta, cuyo dueño Daniel Chávez Morán, es un empresario muy cercano a AMLO y obtuvo de ello grandes beneficios económicos, lo que se añadió a una fama pública que no es muy clara y positiva.

Andrés Manuel, “Andy”, fundó una microempresa denominada Finca Rocío, S.A de C.V, dedicada a la producción de chocolates y, en 2021 se convirtió en socio minoritario de otra microempresa denominada Vinos Cósmicos, S.A de C.V, ambas más orientadas a justificarle una actividad profesional que a proporcionarle una fuente de ingresos propios considerables, o al menos razonables. La idea de la chocolatería es de su suegra, una venezolana que se dedica precisamente al negocio del chocolate.

Gonzalo, el más chico, es aún más opaco que los otros dos hermanos. Raras veces se le vio en un evento público durante el mandato de su padre.

La empresa Latinus realizó varios reportajes, con soporte de audios, donde se evidencia la participación de Gonzalo López Beltrán en el tráfico de influencias, relacionado con la construcción del llamado Tren Maya, además se evidencia que al menos ocho amigos de él estaban colocados en cargos públicos federales, sin tener la experiencia y capacidad para ello.

La misma empresa Latinus publicó trabajos periodísticos relacionados con el tráfico de influencias de parte de “Andy” López, José Ramón y Gonzalo, todo a la sombra de su padre, quien siempre los protegió desde la presidencia de la república.

De los tres solo “Andy” López Beltrán mostró interés en participar formalmente en política y, según sus propias palabras, seguir el legado de su padre, por lo cual fue designado por éste como Secretario de Organización del Comité Ejecutivo Nacional de Morena, el 1ro. de octubre de 2024, dándole el control del partido, aunque nominalmente la presidenta es María Luisa Alcalde Luján, una muchacha miembro de una familia que mantiene lazos íntimos con AMLO desde hace décadas.

Es inclusive difícil emitir un perfil sobre la personalidad de “Andy” López Beltrán, dado el hermetismo con que se ha manejado siempre. 

Lo que se ha podido ver públicamente desde que asumió el actual cargo, es a una persona reservada, que sigue siendo hermética, poco carismático, con una presencia física poco agradable y una eficiencia y eficacia que ahora se ha puesto en duda, además de una vena indudablemente autoritaria y una pobre mano izquierda. Feo como es, no tiene el atractivo personal de su padre, ni su carisma, ni la simpatía.

Aun con la influencia enorme de su padre detrás de él, no parece tener cualidades siquiera aceptables para convertirse en un político de primera línea, por más que los agoreros de AMLO le adulen y le den el destino de presidente de la república. Jamás, en toda la historia de México, el hijo de un expresidente fue presidente, ni siquiera en el caso de hijos de figuras históricas, como Cuauhtémoc Cárdenas, quien lo intentó hasta en tres ocasiones,, sin éxito, y eso considerando que, comparado a “Andy” López Beltrán, tenía toda una carrera política destacada.

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