Por: Rodrigo Tejeda
Desde su debut como fiscal, Roy Marcus Cohn mostró que era un abogado de una crueldad escalofriante, dispuesto a utilizar cualquier recurso y procedimiento, jugando con los límites de lo permitido y muchas veces brincando la línea, con tal de lograr sus propósitos
Quienes lo trataron personalmente solían afirmar que conversar con Roy Marcus Cohn era lo más parecido a platicar con el demonio, dada la perversidad del personaje, quien era uno de los más poderosos abogados de los Estados Unidos, quien llevaba los asuntos legales de muchas de las más poderosas familias de Nueva York, incluidas las cuatro familias de la mafia, quienes lo tenían como abogado de cabecera.
Desde su debut como fiscal, Cohn mostró que era un abogado de una crueldad escalofriante, dispuesto a utilizar cualquier recurso y procedimiento, jugando con los límites de lo permitido y muchas veces brincando la línea, con tal de lograr sus propósitos.
Su aspecto físico, sobre todo en su etapa ya más adulta, estaba en consonancia con lo siniestro del personaje, cuyo propósito principal era inspirar miedo a sus adversarios, atacándolos y contratacándolos con todos los recursos a su alcance. Era un experto en manipular los medios de comunicación a su favor, filtrando mentiras, infundios, insinuaciones, información privada y la construcción de las historias que convenía a sus intereses.
Trabajó estrechamente con otro personaje siniestro: el senador Joseph McCarthy después de la segunda guerra mundial, para llevar a cabo en todos los EEUU una campaña de terror “anticomunista”, que le costo la carrera a una gran cantidad de funcionarios públicos e incluso llegó a acusar a militares con infundios, mentiras, historias prefabricadas y meras presunciones que destruyeron una gran cantidad de vidas. El abogado acusador era Roy Cohn.
A principios de los años setenta entra en contacto con Donald Trump y el padre de este, Frend C. Trump, quienes habían sido demandados por el Departamento de Justicia, por haber violado la Ley de Igualdad de Vivienda de 1968 en 39 edificios de su propiedad. Donald Trump y su padre, que para entonces ya eran dueños de 14,000 departamentos en Brooklyn, Queens, Staten Island, le negaban el arrendamiento a personas de raza negra.
Roy Cohn los defendió. Llegó a un arreglo fuera de la corte en 1975, sin que los Trump admitieran nunca su culpa, porque esa era una de las máximas de Cohn: atacar, contratar y nunca, bajo ninguna circunstancia, admitir la culpa.
El primer caso sonado que llevaron los Trump con la representación de Cohn fue una acusación de racismo.

A partir de este caso Roy Cohn se convierte en abogado de cabecera de Donald Trump, pero en algo más que eso: su tutor, con quien, refieren testigos cercanos de la época, hablaba hasta cinco veces al día.
Tony Schuartz, autor fantasma del libro de Trump The Art of the Deal, comenta sobre Donald Trump: “si lo acusan él regresará disparando todas sus pistolas, sin admitir nada”, que era otra de las máximas de Roy Cohn.
Cohn acercó a Trump al mundo de la mafia. Las relaciones de Donald Trump como el mundo mafioso es una historia larga e intrincada, que está documentada a lo largo de décadas, e inclusive ha inspirado series como la de “El Aprendiz”, donde un abogado perverso, que se entiende es Ray Cohn, instruye a un pupilo, que sería Donald Trump.
Cuando Donald Trump fue invitado al programa de televisión; un reality show también denominado “El Aprendiz”, tuvo algunos problemas debido a las frecuentes visitas que recibía en su área de trabajo por parte de personajes de la mafia.
Michael Cohen, quien fungió como asesor de Donald Trump en su primer periodo como presidente, afirma, en su publicación testimonial, que Trump “opera de manera muy similar a lo que haría un mafioso”.
Hay testimonios documentados de que, como empresario inmobiliario, Donald Trump estuvo por muchos años vinculado a los medios mafiosos, como la familia criminal Genovese, que controlaba los sindicatos de la construcción en varias ciudades de los EEUU, utilizando trabajadores indocumentados polacos y surcoreanos, a los cuales explotaba.
En 1984 Roy Cohn es diagnosticado de SIDA, una enfermedad que estaba muy estigmatizada en esa época. Era un conocido homosexual, pero contradictoriamente se dedicó a atacar a otras personas homosexuales, algunas de ellas gente muy conocida. Siempre negó ser homosexual, argumentando que eso le restaba respeto, pero asistía a las fiestas acompañado de sus parejas.
En 1986 fue inhabilitado para ejercer la abogacía, por conducta poco profesional y poco ética, como la estafa de sus clientes. En ese mismo año muere, víctima de SIDA.
En 1991 Mike Nichols crea una miniserie actuada magistralmente por Al Pacino, que transcurre en su lecho de muerte y refiere la biografía del personaje. Se denomina Angels in America.
La inspiración del miedo, la extorsión, las amenazas, el darle vuelta a la ley, primero atacar y amenazar en cualquier negociación y el negar cualquier ilícito cometido, atacando y contratacando, eran parte del estilo y los recursos que empleaba Roy Cohn y que le fueron inculcados a Donald Trump durante su estrecha relación.







