Por: Federico Dávila
Andrés Manuel López Obrador, como político, es un fuera de serie, aunque como estadista haya resultado de lo más decepcionante, pero como padre, si quería que sus hijos se convirtieran en políticos, podemos decir que es un fracaso.
Lo dijimos hace tiempo, pero ahora los hechos demuestran lo dicho con hechos contundentes, vergonzosos. Para quienes le admiran, que son muchos y están en todo su derecho de hacerlo, Andrés Manuel López Obrador, como político, es un fuera de serie, aunque como estadista haya resultado de lo más decepcionante, pero como padre, si quería que sus hijos se convirtieran en políticos, podemos decir que es un fracaso.
Es claro que la consigna del caudillo era “primero Claudia y luego Andy”, en el 2030, pues Andy, que se llama igual que él, por lo que desea que le dejen de decir Andy y lo conecten con el Andrés Manuel López, es, como en su momento lo dijo López Portillo de su hijo, ‘el orgullo de mi nepotismo’.
Pero a AMLO, que se la pasó toda su vida en ‘la grilla’, no tuvo tiempo, o no quiso darle a sus hijos una formación seria para dedicarse al oficio público, no obstante que estos lo acompañaron durante muchos años en su accidentada peregrinación hacia la presidencia de la república.
Otra posibilidad es que sí lo intentó, pero cuando no hay talento, se puede hacer muy poco. Como lo expresa el viejísimo dicho: “Lo que natura no da, Salamanca no presta”.
Para iniciarlo en una carrera política, lo colocaron como Secretario de Organización del Comité Ejecutivo Nacional de Morena, donde se reveló un Andy López Beltrán negado de carisma, con un aspecto físico poco atractivo, poco habilidoso para las relaciones, un orador por debajo de lo mediano y un estratega muy pobre. En resumen, el muchacho, que realmente ya no es ningún muchacho porque recién ha cumplido 40 años, no está ni dotado ni formado para la política, así de simple.
Tras el fracaso en Morena, se lo llevaron a Tabasco, donde ha comenzado una campaña anticipada para hacerse diputado federal, e ir a placearse en la Cámara de Diputados. Para comenzar su precampaña se publicó una fotografía, abrazado de su padre. Algo así como “Este es mi hijo amado, en quien me complazco”, lo que solo le queda decirlo a Dios padre.
No tomaba del todo el paso en su precampaña cuando, él mismo, dio a conocer que las autoridades norteamericanas le habían cancelado su visa, al tratar de ingresar al país vecino para visitar a su hermano en Houston, Texas.
Subió entonces a las redes una carta dirigida al presidente de los Estados Unidos: Donald Trump, donde, ahora sí, el junior se pinta de cuerpo entero.
El puro acto de escribir una carta dirigida al presidente norteamericano, donde plantea una postura de tú a tú, es, como bien se ha calificado, delirante, por usar un adjetivo amable.
¿Quién es políticamente Andy López para cuestionar, exigir, insultar y rematar pidiendo una respuesta a un personaje como Donald Trump?
Nunca ha tenido un cargo público, al día de hoy lo único que puede ostentar es el ser hijo de Andrés Manuel López Obrador, el caudillo de la 4T, lo que le acarrea, aunque él no lo quiera, ciertas responsabilidades.
Donald Trump es un personaje horrible, eso lo sabe todo el mundo, pero es el presidente del país más poderoso de la tierra y, aunque no lo queramos, nos tiene tomados por el cuello, en buena medida debido a los errores de Andrés Manuel López Obrador.

Le quitaron la visa a Andy ¿Y luego?
Lo que procedía era platicar con su padre y con la presidencia de la república para pedir consejo, ya que de fondo, el quitarle la visa al junior no es sino un mensaje para su padre y para Claudia Sheinbaum.
Es imposible que haya publicado tal carta sin haberle pedido el visto bueno a su padre, pero la relación de la tal carta, que a estas alturas es bien conocida, sacó al junior prepotente, de una limitada inteligencia y una falta lamentable de oficio político, y hasta de sentido común y prudencia.
Lo primero que ha hecho es insultar, lo debe de haber aprendido bastante bien de su padre, enseguida comienza el delirio, al interpretar su cancelación de visa como un acto injerencista de los Estados Unidos; algo hitleriano en contra del movimiento de la 4T,un asunto politiquero.
Pasa enseguida a realizar acusaciones en contra de un secretario de estado y un subsecretario, pero, todavía más, pide su destitución, lo que es irrisorio.
Sigue con una argumentación muy adolescente, que seguramente ha escuchado en la mesa de desayuno con su padre y amigos, sobre los momentos ‘oscuros’ y ‘decadentes’ que vive la sociedad norteamericana, y dice no interesarle el visitar tan lamentable país, pero, al mismo tiempo, exige que le regresen su visa.
Para cerrar insulta a Donald Trump y le exige una respuesta a su carta, algo tanto o más irrisorio que lo anterior.
Si partimos de que en términos políticos Andy López es nada en la política mexicana, todo se reduce a su condición de junior, quien, en el extremo de la petulancia llama a la organización para la defensa de la soberanía nacional.

Como a la gran mayoría del país no le interesa si le han quitado o no la visa, es obvio que se dirige al morenismo o 4T; a la parte que sigue estando bajo la influencia de su padre, y, lo más penoso es que encuentra respuesta en los serviles gobernadores morenitas y en el círculo obradorista, con políticos impresentables, como Gerardo Fernández Noroña, amenazando, según él, a los Estados Unidos, “atrevansen” (sic).
La presidenta Claudia Sheinbaum, en este gobierno bicéfalo y tutelado, tiene que tragar un sapo más y lidiar con las correrías de los hijos de AMLO, que sumados todos, no se hace un solo perfil político decoroso. Solo dan problemas y no aportan nada al movimiento de su padre, pero como hijos que son hay que aguantarlos, pero eso debería ser una tarea privada de quien es el directamente responsable de ellos.
Andy López dice que él no ha hecho nada incorrecto, pero desde hace casi cinco años se le señala como un muy importante traficante de influencias y, más recientemente, es presunción cada vez más frecuente relacionarlo con el huachicol fiscal.
Es bastante llamativo que ninguno de los tres hijos mayores de AMLO tenga un historial profesional. Su formación académica es muy pobre. Si se revisa con seriedad, nunca han tenido un empleo formal, no han desempeñado ningún cargo público, mucho menos de nivel alto, nunca han tenido un cargo de representación popular y, los tres, muestran talentos de medianos hacia abajo.



