Gianni Infantino: un capo o un dirigente deportivo

Gianni Infantino: un capo o un dirigente deportivo

Por: Fernando Hinojosa

Infantino, quien ya había vendido la sede del mundial a los príncipes petroleros saudíes, hizo que este mundial de 2026 fuera el mayor negocio en la historia del máximo evento, aplicando prácticas de márquetin salvajes, lo que hizo del fútbol, el deporte más popular del mundo, un espectáculo exclusivo y elitista

La UEFA, Unión de Europea de Federaciones de Fútbol, que agrupa a 55 países y es la federación de fútbol más poderosa a nivel mundial, solo esperó a que terminara el mundial de este 2026 y estalló en contra de Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, anunciando su retiro de cualquier competición regida por el organismo, en protesta por los manejos de su dirigente, quien ha resultado todo un mafioso de los negocios y la política, lo que lamentablemente no es ninguna novedad al interior de la FIFA, que se ha convertido en una organización con demasiado poder y,  también, con demasiada corrupción, pero Infantino pasó por encima de todos los excesos anteriores.

La Concacaf, que es la federación a la que pertenece el futbol mexicano, se sumó a la UEFA contra Gianni Infantino, pero resulta que la Federación Mexicana de Futbol, FEMEXFUT, asumió una postura vergonzosa, apoyando la “institucionalidad”, es decir los manejos de Infantino, lo que muestra, de fondo, como es que se manejan las cosas en el futbol mexicano profesional.

Actuando fuera de sus facultades, y violando la neutralidad en materia política, Gianni Infantino comenzó dándole un Premio de la Paz a Donald Trump, en lo que fue un escándalo previo al mismo mundial. Y es que Gianni Infantino es amigo personal de Donald Trump, a quien acompañó en su toma de posesión.

Para los europeos, que están sufriendo la satrapía de Donald Trump, asignarle un premio de la paz fue un insulto. Si alguien está violentando la paz mundial, después del siniestro Vladimir Putin, es Donald Trump.

Infantino, quien ya había vendido la sede del mundial a los príncipes petroleros saudíes, hizo que este mundial d e 2026 fuera el mayor negocio en la historia del máximo evento, aplicando prácticas de márquetin salvajes, lo que hizo del fútbol, el deporte más popular del mundo, un espectáculo exclusivo y elitista, que quedó fuera del alcance económico del ciudadano de a pie, quien tuvo que conformarse con la televisión de paga y los mitotes callejeros.

Todo lo que pudo fue vendido, incluyendo el pasto del estadio utilizado para la final del mundial, que fue ofrecido en pedazos. Del tamaño del pedazo era el costo, en dólares.

Se estimaban ganancias del mundial por encima de los 12 mil millones de dólares, cuyo destino en detalle no está nada claro, pero le alcanza, sobradamente, a Gianni Infantino para comprar a la mayoría de las federaciones, quienes no se caracterizan precisamente por la transparencia en el manejo del dinero, pues se supone que la mayoría de los recursos se deben destinar a la promoción del fútbol.

El colmo llegó cuando Gianni Infantino, sin consultarlo con nadie, pretendió vender parte del próximo mundial a una empresa financiera, por 4,200 millones de dólares. No casualmente el negocio iba a ser para el hermano de un yerno de Donald Trump.

La UEFA determinó que ya era suficiente y, con todo el poder real que tiene, decidió parar a Infantino, quien deberá irse de la FIFA, pero se resiste, maniobrando políticamente para comprar a las federaciones menores y a países donde sus federaciones tienen antecedentes de corrupción, como es el caso de México.

La polémica es si rescatar al fútbol de un comercialismo salvaje, que es lo que está haciendo Infantino, manteniendo la esencia deportiva y conservando el espíritu popular.

La federación mexicana está haciendo mal las cosas, lo que se refleja fielmente en el caso del equipo Santos-Laguna, que lleva varios torneos de colero en la liga, quedando inclusive en el sótano, pero como ya no hay ascenso y descenso no pasa nada, solo pagar una modesta suma.

De haber ascenso y descenso, los dueños del equipo, por temor a descender y a los porcentajes, ya se hubieran visto obligados a invertirle a la plantilla del equipo, para aumentar su nivel competitivo, pues de otro modo perderían mucho más dinero.

En resumen, se puede ser todo lo mediocre que se quiera y no pasa nada; se sigue conservando la franquicia, limitándose a ir pateando el bote, sin importarles la afición y el espectáculo.

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