De buchonas, traseros de payaso y cinturas brevísimas, de avispa

De buchonas, traseros de payaso y cinturas brevísimas, de avispa

Por: Marcela Valles

La mujer camina entre las máquinas del casino, es joven, de buena estatura, lleva un vestido de “calcetín”, de los que son de una pieza, ajustados al cuerpo. Hay algo en ella que sorprende, viéndola desde atrás; sus nalgas son demasiado prominentes, pero no estéticas, parecieran un par de pelotas debajo del vestido, sobre las cuales bien se podría colocar un vaso sin caerse. Ya vista de frente sus pechos son enormes, pero tiesos, y su cintura es anormalmente breve para su complexión, pero ella está a la moda, es el tipo de cuerpo que están promoviendo las influencers, las youtubers, las tiktoquers.

De acuerdo a esta moda, hoy no se trata de estar delgada, atlética, sino voluminosa, es decir con mucho volumen en ciertas partes del cuerpo, como las nalgas, los pechos, las piernas y la boca, pero al mismo tiempo con una cintura brevísima, para que resalten más nalgas, pechos y muslos. El poder lograr esto requiere que una mujer debe ser “procesada”, pues no son atributos que se den de manera natural con frecuencia.

El tener cierto volumen en los pechos es algo que se realiza hace tiempo, no con moderación sino con abundancia, lo mismo que operar narices para hacerlas más rectas, pero a esto se ha añadido la moda de los labios gruesos. Las pestañas postizas se han vuelto casi una obligación, pero no moderadas sino como pequeñas escobillas sobre los ojos, cualquier tipo de ojos.

Esta moda tiene algunos problemas, quizá el más sobresaliente de ellos es que resulta exagerada, caricaturesca, pues no se puede jugar artificialmente con los volúmenes del cuerpo femenino, ni masculino. 

Una mujer puede ser de pechos muy grandes, pero caderas estrechas, es algo muy común. Se pueden tener nalgas muy voluminosas, pero eso va asociado, ordinariamente, con cierta tendencia a la obesidad. La cintura breve o ancha, independientemente de que se sea delgada, viene de herencia. Los labios voluminosos no son frecuentes en nuestro fenotipo, salvo en razas como las diferentes etnias africanas y sus derivaciones.

La opción de un cuerpo atlético requiere de mucha disciplina y esfuerzo, pero además no desarrolla sino disminuye los pechos y ayuda sólo en cierta medida a darle más volumen a las nalgas y disminuir la cintura, pero no de manera radical.

Viene entonces el recurso de la cirugía estética, por medio de operaciones que son muy caras y muy invasivas, además de dolorosas.

El problema es que los cirujanos no son estetas y el cuerpo natural de una persona tampoco se puede moldear a voluntad, no es de arcilla. El fenotipo está determinado desde el nacimiento y meterle mano a músculos, tejidos grasos y cartílagos tiene muchas limitaciones, si lo que se busca como propósito es belleza.

Las nalgas femeninas, y en general cualquier nalga, tienen mucha grasa y son, básicamente, un tejido blando, que puede fortalecerse con el ejercicio, pero es de las primeras partes del cuerpo humano que se van volviendo flácidas. Moldearlas a voluntad es algo muy complicado, casi imposible, porque además de volumen deben tener una caída natural y los costados deben ser rectos.

Por lo que se ve hasta ahora, lo que están haciendo los cirujanos, que ganan bastante dinero, es más bien grotesco. 

Los pechos parecen tener menos problemas para ser manipulados, pero en ningún caso se logra el efecto de caída natural, sino de una redondez dura.

La cintura, que es la parte del cuerpo donde más grasa suele acumularse, es otra historia, pues hay que eliminar kilos de grasa, inclusive quitar algunas costillas, con el inminente riesgo de que cualquier subida de peso haga reaparecer la panza, porque las células grasas no entienden de vanidades.

Los labios han sido hasta ahora un fracaso, pues al inyectarle sustancias pierden su aspecto natural, sobre todo el labio superior, y las mujeres se ven “trompudas”, artificiales. Artistas internacionales tan hermosas como Nicole Kidman han metido mano a sus labios, contratando cirujanos carísimos, pero el resultado es la deformación de sus labios, que, en una cara de rasgos tan finos, no encajan. La hermosa boca de Sofía Loren solo la tiene Sofía Loren, eso cuando era joven, y era su agraciado fenotipo, lo mismo los labios de Brigitte Bardot, que hicieron época.

¿POR QUÉ SE OPERAN?

La cuestión de más fondo es por qué se operan su cuerpo las mujeres. Lo primero que parece explicarlo es la autoestima, es decir tener una buena imagen de sí mismas, lo que se puede lograr de muchas maneras más saludables, tanto física como mentalmente, pero lo segundo es estar a la moda, y esta moda ofrece una supuesta sensualidad, que se traduce como el adquirir un atractivo sexual.

¿Una mujer operada tiene atractivo sexual? Si, para algunos hombres, pero no para todos. El atractivo sexual es algo más complicado, que comienza con la “química” entre dos personas que, por medio de la segregación de hormonas, sienten una atracción física, que muchas veces no tiene que ver con la belleza de ambos.

Una mujer hermosa, descartando operaciones, evidentemente es atractiva a primera vista para la mayoría de los hombres, pero, como dicen los españoles, una mujer “debe saber estar”, es decir se requieren ciertas habilidades sexuales, pero también el trato, la conversación, lo grato de la compañía después del acto.

Una mujer hermosa y un hombre considerado muy guapo suelen ser ególatras, y una persona ególatra busca ser complacida, más que complacer. En las relaciones de pareja, incluyendo por supuesto el sexo, la complacencia de ambas partes es indispensable. Si ella se siente diosa y él un miserable mortal, las cosas no caminan, y viceversa.

Por la parte de los fenotipos de nacimiento, lo que la naturaleza no da la cirugía difícilmente lo presta, tomándole prestado el viejo dicho de Salamanca.

No hay cosa más cierta que una mujer sabe perfectamente lo que tiene y lo que no tiene. Mejor sería saber sacar provecho de lo que se tiene, para compensar lo que no se tiene. 

Si naciste con tendencia a la obesidad, lo mejor sería cuidar la dieta y aplicarse en el ejercicio. Si naciste con pechos grandes, excelente, pero hay que ser consciente que, por la ley de la gravedad, son los primeros que tienden a ir demasiado hacia abajo; con la edad se cuelgan, para decirlo más claro.

Si la herencia te bendijo con piernas bonitas y nalgas prominentes, habrá que cuidarlas con una rutina aceptable de ejercicio y prevenir la celulitis. 

A quien le ha tocado una cintura breve habrá que felicitarle, pero es necesario mantenerse en buen peso, sino la brevedad va desapareciendo con el tiempo.

Con tantos recursos de maquillaje un rostro que no es precisamente agraciado tiene muchas alternativas. Unas pestañas postizas de tamaño natural ayudan mucho, lo mismo que el cuidado de las cejas y la piel, o un buen diseño de lentes si se es miope.

LAS MUJERES DEL GRAN KAN

Para darnos una idea de cierta sabiduría antigua sobre la atracción sexual y la sensualidad, podemos traer a referencia los requisitos que deberían tener las concubinas del gran kan (emperador) de China, quienes gobernaron por milenios.

Lo que nos ha llegado hasta hoy a través de la historiografía, dice que no deberían de despedir malos olores, ser hermosas, graciosas, dominar algún arte de entretenimiento y ser complacientes.

Habrá que ponerle atención al primer requisito: se refiere al aseo y arreglo personal, que se traducía en no despedir pedos, malos olores por la falta de baño y tener un esmerado arreglo personal.

El kan podía permitirse la exigencia de hermosura, pero no se interpreta la hermosura como ahora, sino además del atractivo física debería haber lo que hoy llamamos sensualidad; lo que los norteamericanos llaman sex appeal, porque hay muchas mujeres hermosas bobaliconas, demasiado simples de personalidad.

Lo de graciosas es un don que muy pocas personas, no solo las mujeres, tienen y desarrollan, hay gente que no es hermosa, pero es muy graciosa, lo que podemos traducir como simpática.

Dominar algún arte de entrenamiento se refiere a cosas como el cantar, tocar algún instrumento musical, declamar poesía, contar relatos interesantes.

Ser complacientes por supuesto que se refiere a que fueran unas fieras en la cama.

El gran kan, como cualquier hombre, no tenía sexo a diario, en ocasiones no visitaba su harén sino de vez en cuando, pues dependía de la edad y la personalidad del Kan en turno, pero lo relevante es que el harén no se trataba de tener esclavas sexuales, era algo mucho más sofisticado. El kan era educado, desde niño, en todas las artes y las ciencias; recibía una instrucción muy refinada y al mismo tiempo muy severa, estaba demasiado lejos de ser un palurdo cualquiera, en el sentido que se le viera. 

Dejando a un lado los harenes, que no son de fondo ninguna referencia edificante, si es importante considerar eso de no despedir malos olores, de esmerarse, a cualquiera edad, en el arreglo personal, ya sea que se sea hermosa o no, de mantenerse en forma, de sacarle provecho a lo que se tiene para compensar lo que no se tiene, de fomentar un trato agradable, de cultivarse intelectualmente y poner todo el empeño posible en la cama, para poder pedirle lo mismo a la pareja, pueden ser mucho más afectivos para la autoestima y la buena vida sexual que gastarse un capital en operarse.

Porque si no, como dicen los argentinos, “que cosa tan boluda che”.

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