¿Se está cuidando la serranía de Arteaga?

¿Se está cuidando la serranía de Arteaga?

Por: Álvaro González

En 1978, hace ya 48 años, Javier Villarreal Lozano, quien era el director del ya desaparecido periódico El Coahuilense, me contrató para realizar una monografía de Coahuila, incluidos los 38 municipios. Él escribía, yo hacía el trabajo de campo. Yo no conocía Coahuila, pero durante un año lo recorrí hasta el último rincón, incluido Boquillas del Carmen, hasta la fecha un lugar casi inaccesible, pero el asunto viene a referencia por lo que está pasando en la serranía de Arteaga, una joya inestimable que, en apariencia, se está comercializando de una forma preocupante.

Comenzamos con Arteaga, en enero de ese año. En pleno enero, el frío calaba fuerte, pero el escenario era espectacular. No sabía que Arteaga era algo único en Coahuila, pero me di cuenta que para los gobiernos y los coahuilenses en general era un lugar de paseo. Nunca se planteó que debería ser una reserva; una especie de parque protegido.

El problema es que ya entonces, hace medio siglo, gran parte de la serranía tenía propietarios, en forma de ranchos, huertas, tierras de cultivo o simplemente terrenos donde se comenzaban a construir cabañas, pero eran muy pocas.

Solo por hacer una referencia, el cañón de La Siberia, seguía teniendo una parte de camino de tierra, la parte alta estaba quemada por un terrible incendio, que había sucedido hacía poco tiempo, había unas cuentas cabañas rústicas de renta; una casa grande de lo que había sido un aserradero, y eso era todo, lo demás era un tupido y hermoso bosque de coníferas.

Recuerdo que estando en la parte más alta, disfrutando un paisaje sensacional, con el poblado al fondo del valle contiguo, vi a la distancia una pequeña mancha que se iba moviendo; lo enfoque con el lente más largo: era un oso que recorría parsimoniosamente una distante ladera. Hoy, supongo, que para ver un oso hay que prender la televisión.

Solo a manera de rumor, corría la voz de que algunos políticos de la época habían adquirido, no estaba claro de qué manera, grandes extensiones de bosque.

Dos cosas me han llamado hoy la atención. Estando en Monterrey, una familia me comentaba que acababa de comprar unos terrenos en la sierra de Arteaga, imitando lo que han hecho algunos familiares. Piensan construir unas cabañas, para ir los fines de semana en la temporada de calor, que en Monterrey es gran parte del año.

Lo segundo es que no pasa semana sin que me lleguen anuncios inmobiliarios. En ellos se ofrecen todo tipo de cabañas en venta en la serranía de Arteaga, desde construcciones de lujo que cuestan muchos millones de pesos, hasta opciones más módicas, pero no por ello dejan de costar una considerable suma de dinero. También se ofrecen lotes de terreno, chico, medianos y muy grandes.

Hace ya muchos años que los regiomontanos descubrieron la serranía de Arteaga, lo que motivó que comenzaran a comprar tierras. Son los mismos que pusieron de moda a Parras de la Fuente, gracias a lo cual lo que era un bonito, pero modesto pueblo de Coahuila, va camino a convertirse en un destino de lujo.

Tengo bastantes dudas de que en la serranía de Arteaga se esté aplicando una regulación del uso del suelo; de que se esté cuidando esa hermosa y única reserva forestal de Coahuila.

El gobierno municipal es demasiado débil para los intereses económicos que se están moviendo; también hay demasiada tentación de aprovechar los intereses inmobiliarios para enriquecer funcionarios.

“TERRENOS DESDE 3.5 MILLONES DE PESOS”

Los corredores inmobiliarios, que se promueven todos a través de la internet, establecen inclusive los precios de las propiedades por lugares de la serranía.

En San Antonio de las Alazanas, los precios de terrenos y cabañas fluctúan entre 1 millón 400 mil hasta 9 millones de pesos. Los terrenos en venta fluctúan desde 441 metros cuadrados hasta una hectárea. Hay cabañas desde una recamara hasta residencias de tres recámaras, todo en madera, de estilo suizo.

En Los Lirios los precios de las cabañas fluctúan de los 2 millones 350 mil pesos hasta los 22 millones de pesos, también hay terrenos en venta, del precio que se deseé.

En el ejido Jamé se pueden conseguir cabañas desde 1 millón 350 mil pesos, hasta la increíble cantidad de 33 millones de pesos, que deben ser verdaderas mansiones de madera.

En Bosques de Monterreal se venden cabañas “desde 28 millones de pesos”, con una larga lista de amenidades. 

Solo el sitio propiedades.com ofrece un listado de 60 ranchos en venta en la serranía de Arteaga.

Hay, por citar solo un caso, una empresa inmobiliaria de lujo que ha desarrollado todo un fraccionamiento, con una extensión de 250 hectáreas, 100 de las cuales se han dejado como reserva forestal, no partiendo de la preservación ecológica sino del negocio, pues el bosque es una amenidad.

“Terrenos campestres desde 3.5 millones de pesos” que van, el más pequeño, de 2 mil hasta los 11 mil metros cuadrados, que debe de valer cinco veces más.

El fraccionamiento tiene muchas amenidades, que incluyen un lago y todos los servicios. Se está promoviendo, con anuncios muy atractivos de texto y video, en Monterrey, Saltillo y la región lagunera, principalmente.

La publicidad afirma que se está adquiriendo una propiedad de “Alta plusvalía y valor patrimonial”.

Hace 48 años los terrenos se compraban en cantidades modestísimas. Con lo que hoy se compra un terreno “exclusivo” de 2 mil metros cuadrados se compraban varias hectáreas de bosque, y muchos compraron extensiones muy grandes, no hace 48 años sino en fechas mucho más recientes, lo que les permite hoy hacer millonarios negocios inmobiliarios.

En marzo de 2021 una “carne asada” terminó convirtiéndose en un espantoso incendio, que terminó arrasando alrededor de 3,550 hectáreas de bosque, matorrales, además de cabañas y viviendas de campesinos de la zona.

En el periodo de estiaje, que es especialmente crítico en marzo y abril, cuando los pastos están secos si no nevó y soplan fuertes vientos, una simple fogata o asador mal manejado puede desatar un incendió el cual, como se vio en 2021, no hay capacidad de apagar hasta que alcanza proporciones gigantescas.

La comercialización de la serranía parece agresiva, lo que tiene un impacto directo en los bosques y la biodiversidad. De seguir así en unos años habrá cabañas por todos lados y una presencia humana cada vez más grande, con mayores riesgos forestales y peligro para las especies nativas. Antes, como lo contaba, bastaban dos o tres días para avistar un oso negro, hoy es algo excepcional. Hay especies que se han dejado de ver hace años, aunque oficialmente se diga lo contrario.

¿Ya es tarde o todavía se puede hacer algo? Tarde sí es, pero el problema es que las dependencias gubernamentales responsables quieran hacer algo para proteger una serranía que es única en Coahuila.

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