Editorial Octubre 2026
El 30 de agosto de 2026, en Ojocaliente, Zacatecas, fue colocado un vehículo viejo con 200 kilos de explosivos dentro, colocado enfrente de la Comandancia de Policía, detonado a distancia, dañó 65 viviendas, 15 vehículos y dejó un total de 11 heridos. Solo por fortuna no hubo muertos.
Si esto no es terrorismo entonces habría que reinventar lo que entendemos por tal.
En los últimos dos años, de acuerdo a las declaraciones del propio Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ha habido 23 atentados con explosivos, la mayoría contra corporaciones de seguridad, eso sin contar muchos atentados realizados por medio de drones modificados y cargados con explosivo C-4, ni las 3,200 minas explosivas de presión colocadas en los caminos vecinales de Michoacán.
Atentados como el de Tlajomulco de Zúñiga, también con explosivos, que mató a 5 personas e hirió a 14, o el atentado en febrero de 2026 con un coche bomba en contra de la base de la Guardia Nacional, en San Juan de Los Lagos, que mató a un capitán, pero hubiera matado a muchos más si sale como fue planeado.
La inteligencia, tanto del gobierno federal como del ejército, tiene información detallada del armamento que están introduciendo al país y utilizando los cárteles de la droga y el crimen organizado.
También es terrorismo matar a 10 civiles (empresarios, políticos y gente conocida) y colgarlos en los puentes de las vías más concurridas de la ciudad de Zacatecas, la mayoría de los cuales habían tenido una reunión con un funcionario corrupto del gobierno estatal, a poco tiempo de que se diera el proceso interno de Morena para decidir a quien designar como candidato a la gubernatura de ese estado, el cual se ha convertido en un cacicazgo de la familia Monreal.
Mientras más se trate de ocultar los hechos de terrorismo por las vías gubernamentales, más seguirán aumentando.
En resumen, los hechos, y no la demagogia oficial, demuestran que en México sí tenemos organizaciones terroristas, y estas suelen salir impunes de los atentados que cometen, por más siniestros que estos sean.
El secuestro y la tortura en las luchas territoriales de los cárteles del narcotráfico alcanza niveles demenciales. Han bajado los índices de homicidios dolosos, pero han aumentado proporcionalmente las desapariciones. La gran mayoría de los desaparecidos van a dar a fosas comunes. Estamos llenos de cementerios clandestinos, pero oficialmente no hay terrorismo.




