¿Y el orgullo heterosexual?

¿Y el orgullo heterosexual?

Por: Marcela Valles

Si se pide pluralidad, diversidad, libertad sexual ilimitada, pues debería haber también pluralidad, diversidad y libertad en la opinión que emitan los heterosexuales, a quienes se les exige la tolerancia, pero también el silencio, lo que nos convierte en meros espectadores del proselitismo que nos llega por todos lados. 

La arena de las playas del mar Caribe es casi blanca, lo que hace un hermoso contraste con el color turquesa del mar, pero suele ser muy pegajosa, así que después de horas al sol, comenzó a picarme la arena debajo de mi traje de baño, por lo que tuve que buscar los baños más próximos para sacudirme, sin saber que me enfrentaría a una experiencia sumamente desagradable.

Entre al baño de mujeres y los privados estaban llenos, por lo que me puse contra la pared, bajé algo el bañador, me sacudí, lo reacomodé y, al darme vuelta, me día cuenta que había una mujer joven que se estaba lavando las manos, pero me veía con insistencia. Me incomodó, pero hasta ahí.

Me coloqué en el lavabo, abrí el grifo, y entonces ella se acercó más a mí y comenzó a asediarme con piropos, pero de los piropos, que ya eran demasiado incómodos, pasó al asedio sexual directo, haciendo proposiciones. Del asombro pasé al enojo y le reclamé su comportamiento, a lo que me respondió con cinismo:

-No me digas que no te gusto, mojigata, soy mucha vieja para ti, cuando te decidas búscame en…

Me gritó su número de habitación, hizo un gesto obsceno, tocándose suavemente su sexo y se marchó.

Hasta ahora he sido partidaria de la tolerancia a la diversidad de género, pero salí de los baños pensando en el respeto. Nunca he rechazado a nadie por sus preferencias sexuales, pero de ahí a que te asedien sexualmente es otra cosa.

De regreso a la playa me dejé caer en el camastro, sin contárselo a mi pareja, que estaba a un lado. Me quedé viendo a mis hijos, todavía pequeños, que jugaban entre las olas, ajenos completamente a todo. 

Yo soy una mujer que no hace mucho sobrepase los treinta años, mi generación creció con los inicios del discurso de diversidad de género, pero nunca me he detenido a cuestionar mi identidad heterosexual. Es algo tan natural y para mí ha sido tan placentero, que tampoco me he detenido mucho en reflexionar a fondo sobre todas estas tendencias de diversidad, que por cierto se vuelven cada vez más numerosas.

Volteé de nuevo hacia mis hijos que seguían jugando en la playa, y me di cuenta que va a llegar el momento en que tendré que hablar con ellos de este asunto ¿Qué postura voy a asumir? ¿Qué argumentos tengo? ¿Cuándo ellos sean adolescentes este fenómeno será masivo? Supongo que sí, al ritmo que va.

UNA OPINIÓN MÉDICA

Al siguiente día fui a cenar con mi esposo. Había buffet, así que me levanté para servirme. En eso estaba cuando tuve esa sensación de que alguien te está observando, y efectivamente, la misma mujer que me asedió en el baño estaba observándome a cierta distancia. Llevaba la melena abundante y larga peinada; lucía un ligero maquillaje y un vestido tipo túnica en colores guacamaya brillantes. Se veía bastante bien.

De vuelta en la mesa me decidí a platicar el incidente que había sufrido con mi esposo, que es médico, quien me dijo que lo creía porque yo se lo contaba, sorprendido por la guapura de la mujer, a quien le pedí que observara discretamente. Ya no estaba enojada sino curiosa, quería platicar sobre el tema, discutirlo.

Te propongo, le dije, que tratemos el tema de la diversidad de género, no como pareja, sino tú como médico, desde una visión profesional, a lo cual accedió, así que saque la Tablet que llevaba en el bolsón, la que siempre llevo a las vacaciones por aquello de que me asalte la musa de la inspiración y me la pierda.

El me propuso algo más interesante. Ya que vas a tomar notas te propongo algo: no te voy a dar mi opinión personal, sino la de varios compañeros del hospital, que hemos discutido el tema en varias ocasiones ¿Te parece? Sí, me parece excelente, le dije.

Anótale. Alfredo, el neurólogo, opina que existe un cerebro masculino y uno femenino, que corresponde a una fisiología masculina y femenina. Puedes hacer lo que quieras con tu cuerpo, es tu decisión si eres adulto, pero siempre habrá un cerebro masculino y uno femenino, eso no lo puedes cambiar.

-¿Pero qué dice la genética?

Eduardo, el endocrinólogo, considera que después de todos los estudios genéticos que se han realizado, lo que tenemos es que existe un gen que tiene cierta influencia en el cambio de preferencia sexual, pero no es significativo, es decir no determina la orientación sexual, por lo que esta cae en el terreno de la psicología, o si tu quieres en el entorno familiar, social, en el desarrollo de la personalidad y en una decisión que adopta la persona. Hace años se pensó mucho en que había un gen que predisponía, pero no se encontró, por lo menos no lo que se buscaba.

-¿Pero habrá quien piense diferente?

-Bueno, está Manuel, el cirujano, quien no se la complica, a él lo que le interesa es operar, y ya sabes que opina que no hay parte del cuerpo que no tenga una solución. El opera lo que le piden, salvo los genitales masculinos, porque eso son palabras mayores, pero sí quita grasa de todas partes, cambia narices, bocas, ojos, párpados, mamas, nalgas, casi de todo. Económicamente le va excelente. Opera lo mismo hombres que mujeres, todos son clientes, en el asunto de la diversidad de género le da igual, evita discutirlo.

-¿Y el urólogo, que entiendo atiende en su mayoría a hombres?

Te entiendo. Sobre pacientes hombres que practican sexo con otros hombres, lo que comenta es que son frecuentes los problemas rectales, que pueden ser de moderados a delicados, a los que canaliza al proctólogo, e insiste mucho en las medidas de higiene. Los casos más incómodos que ve son los de pacientes que practican la bisexualidad ocultándoselo a la esposa o la pareja, porque en estos casos las mujeres no pueden tomar medidas higiénicas, y hay problemas de contagios de enfermedades, que suelen ocultarse por vergüenza. En los casos de relaciones de mujeres con mujeres no ve mayores problemas de higiene o de salud.

¿Habrá asuntos más delicados?

Si, por ejemplo, Eduardo, el endocrinólogo, está totalmente en contra del tratamiento para detener el desarrollo sexual de los púberes, algo que está contemplado en la ley en Coahuila, como un derecho, afirma que no saben lo que están haciendo al tratar de manipular hormonas. Dice que pueden escoger la preferencia sexual que quieran, pero meterse con el desarrollo hormonal es peligroso e irresponsable, desde el punto de vista de la salud.

El tema es largo, la noche también lo es, pero los niños, aunque dormidos y bien portados, están solos. Creo que tocamos algunos temas médicos esenciales.

EL EMPODERAMIENTO EN LOS MEDIOS

El día amanece espléndido: un sol brillante y apenas tibio, el cielo algodonado y una brisa fresca. La caminata sobre la arena se alarga, los niños corren y juguetean con su padre por delante de mí, que vuelvo al tema de la noche anterior.

Ahora voy sobre una faceta del movimiento de la diversidad sexual que conozco a fondo por mi oficio: la presencia mediática y el proselitismo.

Hace años que el movimiento de la diversidad sexual se ha empoderado en los medios de comunicación y en el medio artístico, lo que es una formidable plataforma para dominar la narrativa, como ahora le decimos. Pero no solo se han apropiado de la narrativa mediática sino inclusive del discurso político.

Desde el cine, la televisión, la radio, las redes sociales y el gremio intelectual, han impuesto su versión. Ser gay, lésbica, bisexual o cualquier otra cosa mezclada es moderno, es progresista, es una liberación que lleva a la felicidad. Cualquier postura diferente es de inmediato descalificada, sin previo debate, pero no solo descalificada sino condenada y censurada.

Si se pide pluralidad, diversidad, libertad sexual ilimitada, pues debería haber también pluralidad, diversidad y libertad en la opinión que emitan los heterosexuales, a quienes se les exige la tolerancia, pero también el silencio, lo que nos convierte en meros espectadores del proselitismo que nos llega por todos lados. 

Si marcharas en público gritando ¡Viva la heterosexualidad, arriba el orgullo heterosexual! Pensarían que estás loco, o algo parecido, a eso hemos llegado.

Si ves una marcha del orgullo gay y haces una crónica, ateniéndote a los hechos y a lo que ves, podrías decir ‘esto es muy grotesco’, que necesidad de semejante exhibicionismo, de convertir algo en caricatura, pero más tardarías en publicarlo que en caerte encima una avalancha monstruosa de críticas y agresiones, de todo tipo y desde cualquier frente.

Creo, personalmente, que el tema de la diversidad sexual no ha sido discutido y analizado de forma amplia, seria y crítica, como se hace con muchos otros temas delicados.

La narrativa de que hay pura felicidad, pura libertad, autenticidad y liberación es demasiado ingenua, casi infantil, dada la complejidad de la condición humana y lo trascendente del tema.

Solo partiendo de la opinión médica especializada, parece evidente que las cosas no son tan sencillas y felices como se pretende vender en la narrativa mediática, ya no digamos si nos metemos a fondo en el tema psicológico, que puede ser realmente espinoso.

Antes dejar el tema para descansar y dedicarme a disfrutar a fondo de mis vacaciones, me regreso hacia la mujer que me asedió en el baño y que me observaba incisiva en el restaurante. Es una mujer joven, bastante guapa, por su atuendo y accesorios deduzco que dinero no le falta, que debe ser universitaria y profesionista ¿Por qué asediar en el baño a una mujer que desconoces, de quien no sabes nada, solo porque te gusta? ¿Cuánto y porqué tomó su decisión lésbica? ¿Por qué la cacería sexual promiscua? No lo sé y la verdad en esta ocasión doy por terminado el tema, estoy de vacaciones y camino sobre la arena, la espuma fresca que refresca mis pies, mientras avanzo chapoteando para alcanzar a mi esposo y a mis hijos que se divierten a lo grande, después de todo esto de ser heterosexual ni siquiera me motiva a pensar en orgullos, en autoafirmaciones; es tan natural y lo disfruto tanto.  

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