Trascienden todos los problemas que enfrentó la campaña de Xóchitl Gálvez a la presidencia

Trascienden todos los problemas que enfrentó la campaña de Xóchitl Gálvez a la presidencia

Por: Marcela Valles

Según refiere explícitamente Max Cortázar, toda la campaña de Xóchitl transcurrió escasa de dinero: nunca se fijó un presupuesto razonable de campaña y los dirigentes de los partidos, Marko Cortés del PAN y Alejandro Moreno del PRI, siempre manejaron personalmente todo el gasto.

Hoy son los días de “la cargada”: los medios políticos y empresariales moviéndose servilmente en busca de encontrar un acomodo en el nuevo gobierno federal; el buscar alguna relación que les permita obtener los favores del poder; de rendirse ante un poderoso que, al menos en el papel, será omnipotente, como Dios padre.

Penosamente muchos periodistas y comentaristas cuadrando el círculo para justificar los abusos y las atrocidades, porque estar lejos del poder es estar en el error. Todo mundo quiere treparse al carro del vencedor, así ha sido desde que el mundo es tal, y hoy, en un ambiente tan envilecido no puede ser de otra manera.

En medio de todo esto, Max Cortázar, el coordinador de la campaña de Xóchitl Gálvez, ha comenzado a contar muchos aspectos del comportamiento de los partidos políticos en la campaña y, al mismo tiempo, las muchas dificultades que se tuvieron que enfrentar, lo que mermó el voto hacia la candidata opositora, dándole a Claudia Sheinbaum la enorme ventaja que se había planeado desde el poder con años de anticipación.

Según refiere explícitamente Max Cortázar, toda la campaña de Xóchitl transcurrió escasa de dinero: nunca se fijó un presupuesto razonable de campaña y los dirigentes de los partidos, Marko Cortés del PAN y Alejandro Moreno del PRI, siempre manejaron personalmente todo el gasto. Y eso tiene explicación porque ahí hay negocio, mientras que en la campaña era cosa común que no hubiera siquiera para comprar gorras, banderines, pegotes, camisetas, menos anuncios espectaculares. Todo el gasto iba con mezquindad, a cuenta gotas.

Los servicios de asesoría y la campaña misma fué contratada por los dirigentes de los partidos, por su iniciativa y criterio propio.

Medrosos, la mayoría de los empresarios tuvieron miedo de invertirle a la campaña de la oposición, bajo la lógica de no sufrir riesgos frente a una candidata que todos los medios colocaban con una aplastante ventaja, cuando todavía le faltaba mucho a la campaña. 

En el colmo del cinismo, los dirigentes de los partidos utilizaron una buena parte de los spots de radio y televisión para aparecer ellos, cuando no eran candidatos a nada, pero al mismo tiempo estaban ya elaborando la lista de las senadurías y diputaciones plurinominales, donde quedaron colocados.

Coahuila, que se suponía era una de las bolsas electorales garantizadas de Xóchitl Gálvez, por tener un gobierno fuerte de oposición, terminó con la pérdida de cinco diputaciones federales y dos senadurías, porque los partidos no quisieron apostarle a la campaña de Xóchitl Gálvez, debido al enfrentamiento que hubo entre el dirigente panista Marko Cortés y el gobernador del estado, Manolo Jiménez. 

Al final, Marko Cortés saboteó la campaña de Xóchitl Gálvez en Coahuila. La candidata solo pudo hacer cierre en la laguna de Durango.

Aún en los estados gobernados por el PAN, se escatimaron recursos para la campaña de la candidata presidencial, que solo pudo ganar Aguascalientes, cuando debió ganar también Chihuahua, Guanajuato, Yucatán, Querétaro, Coahuila y Durango.

Distraídos en sus intereses personales, ni la dirigencia del PRI ni la del PAN lanzaron una campaña que contrarrestara el llamado “plan c”, o “vota todo Morena”. Aún en Guanajuato, el único estado donde el PAN ganó la gubernatura, por la acción del grupo regional y la tradición política del estado, la candidata a gobernadora ganó con un margen cómodo, pero se perdieron diputaciones federales y senadurías, lo que no había sucedido anteriormente.

PELEANDO CON EL ENEMIGO Y CONTRA EL FUEGO AMIGO

Xóchitl Gálvez era consciente de su situación, y lo mismo siguió sosteniendo la campaña hasta el final. Ya en el segundo debate manifestó no ser miembro de ningún partido sino una candidata ciudadana. Caminó con los partidos porque no había otra alternativa y, de hecho, surgió como candidata de forma inesperada y circunstancial.

Al final del primer debate, Marko Cortés, un político acabadamente mediocre, tuvo la gentileza de levantarle la voz a Xóchitl Gálvez y “regañarla” por su desempeño. La versión directa es que le dijo, a voz en cuello, “eres un desastre”. Hoy dice que se disculpa, pero tiene la razón.

La crisis de los viejos partidos tradicionales es tal, que no tenían ningún perfil fuerte para la campaña presidencial. Xóchitl Gálvez fue un fenómeno de popularidad espontáneo, que lamentablemente tuvo su cresta en la parte inicial de la campaña, pero no contaba con un partido o una estructura que mantuviera el impulso.

Xóchitl Gálvez, quien no se había preparado por años como la candidata oficial y mostró, naturalmente, algunas limitaciones y errores, le apostó desde el principio al apoyo de la sociedad civil, que fue quien le dio finalmente la mayor parte de los votos.

Nadando a contracorriente y contra todo el poder central y los 22 gobernadores de Morena, Xóchitl Gálvez puede considerarse como un ejemplo de civismo, de voluntad política, aún tomando en cuenta sus limitaciones como política y la falta de un apoyo de gente de talento, de creativos y de un buen experto en publicidad política.

Claudia Sheinbaum duró por lo menos tres años en campaña. En la precampaña de “las corcholatas”, un proceso que violentó abiertamente las leyes electorales del país, recibió todo el apoyo de Morena, de la estructura federal de los programas del bienestar y del presidente de la república, quien violentó la ley electoral todas las veces que quiso.

En su momento, con evidencias, Revista de Coahuila documentó en Torreón como la “precampaña” de Claudia Sheinbaum estaba arropada por un enorme aparato, donde participaban abiertamente los “servidores de la nación”, que son empleados federales; los funcionarios de los programas del bienestar y todo un equipo adicional de logística, comunicación de medios, suministro de artículos de promoción y el acarreo de simpatizantes. Los recursos eran ilimitados, en un estado gobernado por la oposición. Habrá que hacer una simple deducción de lo que sucedió en los estados donde Morena tiene todo el control de la estructura política.

Ya antes de la campaña presidencial Alejandro Moreno había sido destruido políticamente desde Tabasco, por la gobernadora Layla Sansores, quien siguió el guión que le dictó Palacio Nacional. No era nada difícil, el personaje es una aberración.

Gubernatura a gubernatura, estado a estado, el PRI fue sistemáticamente demolido, utilizando medios lícitos e ilícitos.

El PAN no requirió de demolición: con la dirigencia de Marko Cortés era más que suficiente para debilitar el viejo partido de centro-derecha, solo bastaron algunas maniobras y la prédica diaria de López Obrador desde el púlpito de Palacio Nacional.

Por si no bastara la campaña del presidente, los programas del Bienestar, los “servidores de la nación”, los 22 gobernadores con manos y presupuesto libre para operar en las campañas, se sumó el crimen organizado, quien también hizo su trabajo en una gran parte del territorio nacional, donde controla regiones completas. Ya habrá otros seis años para cobrar favores.

Para asegurarse de obtener la mayoría calificada en el poder legislativo y aplastar a las oposiciones, se añadió otro elemento: Movimiento Ciudadano, un partido con una campaña diseñada para tratar de atraer parte del voto joven y una parte del voto opositor. No se logró todo lo deseado, pero sí alcanzó para llevarse el 10% del voto total.

Es una hazaña de resistencia que Xóchitl Gálvez haya llegado hasta el final de la contienda cargada de entusiasmo; que haya soportado campañas masivas en las redes sociales, donde era “la botarga”, de dentadura chueca y formas grotescas. Millones de insultos todos los días, sin faltar uno. No importaba su condición de mujer en ese medio salvaje dónde fanáticos y bots compiten por el insulto más brutal.

Es fácil y conveniente estar con el poder, deja muchos beneficios a quienes saben concretarlos y una satisfacción insana. También deja tres, cuatro, cinco, seis mil pesos en la bolsa cada dos meses a casi treinta millones de “admiradores” y “fieles”, a lo que hay que añadir, según se puede comprobar con evidencias, por lo menos en Torreón, otros mil pesos en efectivo para cruzar la boleta oficial el día de la elección. 

Claudia Sheinbaum ganó aplastantemente la elección y la presidencia de la República, todo ello a la sombra del caudillo a quien debe servir; Xóchitl Gálvez ganó el respeto y la dignidad de una mujer que dio una lección de resistencia cívica, sin tener necesidad de ello y sin esperar nada a cambio, sin más sombra encima que su propia conciencia y convicción.

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