El PAN: Un desastre en las elecciones de Coahuila

El PAN: Un desastre en las elecciones de Coahuila

Por: Gerardo Lozano

El PAN en Coahuila quedó hundido políticamente, pero además en pugna con el priismo, que gobierna el Estado y se llevó 30 presidencias municipales. 

El gran perdedor en las elecciones del pasado 2 de junio en Coahuila fue el PAN, que tuvo resultados históricamente desastrosos, con un porcentaje de votación de apenas un 4.3% del total de la votación emitida, lo que le coloca en la cuarta posición política y a poquísimos puntos de la quinta, lo que es un escenario desastroso y lo vuelve marginal.

Al extravió y la incompetencia se sumó la mezquindad, pues por órdenes de la dirigencia nacional y a la falta de liderazgos estatales y regionales, se saboteó la campaña de su propia candidata a la presidencia de la república, Xóchitl Gálvez, para tratar de perjudicar a los candidatos a diputados federales y senadores, lo cual se logró.

El PAN en Coahuila quedó hundido políticamente, pero además en pugna con el priismo, que gobierna el Estado y se llevó 30 presidencias municipales. Solo le faltó, por poco, Piedras Negras, pues los otros siete municipios son sumamente pequeños e irrelevantes.

Acción Nacional sólo ganó, en todo el estado, la presidencia municipal de Cuatro Ciénegas y unas cuantas regidurías, pero lo más delicado es que su tendencia es descendente, pues en las tres últimas elecciones bajó a un 12%, luego a un 6% y ahora, yendo en solitario con sus propias capacidades, a un 4.3%. Si MORENA y sus aliados siguen apretando, en la próxima elección podría acercarse al 3%, que es el límite para conservar el registro legal como partido político.

Se ganaron dos diputaciones federales, pero porque los candidatos iban en alianza con el PRI y el PRD y se manejaron con sus propios recursos, como fue el caso de Guillermo Anaya Llamas, quien ganó en el 5to. Distrito de Torreón, donde el candidato panista a la presidencia municipal: Sergio Lara Galván, apenas obtuvo un poco más del 5% de la votación, mientras que el candidato de Monclova, que iba por la reelección, perdió de forma abrumadora, pero el candidato a diputado federal también ganó. 

Los cinco diputados locales que tiene el PAN en el Congreso del Estado han quedado en una situación incomodísima, pues todos fueron electos a través de la coalición del PAN-PRI-PRD, por lo que en la práctica es muy difícil que sigan directrices o siquiera sugerencias de la dirigencia panista.

Marko Cortés, el dirigente nacional, quien es un ignorante de la situación política de muchos de los estados y una calamidad como estratega político, además de torpe en su estilo de relaciones, tomó la decisión, muy probablemente incitado por algunos “prominentes” panistas de línea dura, para romper la alianza con el PRI. El propósito manifiesto era que el PRI se las arreglara solo frente a Morena, sin el porcentaje de un supuesto 12 y hasta 15% de los candidatos panistas.

CUANDO EL TIRO SALE POR LA CULATA

En otras palabras, la intención era una venganza política para que, sin el voto del PAN, Morena se llevara varias de los más importantes gobiernos municipales, lo que refleja nítidamente el nivel de la torpeza de Marko Cortés y quienes en Coahuila lo secundaron.

Al final, el PAN perdió aún más de su clientela, superado por esa aberración de partido fantasmal llamado PT, no fue factor de diferencia para que perdiera ningún candidato del PRI, que ya lo había sustituido en el norte con una alianza con la UDC, y se quedó solo.

Su candidato en Torreón, Sergio Lara Galván, no aspiraba más que a obtener para sí una regiduría, lo que logró. En el colmo de la mediocridad la representación del PAN, en un municipio donde era la alternancia y ha tenido varios gobiernos municipales, es un regidor en el ayuntamiento, quien quedará perdido y relegado. Esto y nada son algo bastante parecido.

¿Qué va hacer el PAN en Coahuila ante semejante escenario? El partido está tan deteriorado que no se percibe ninguna corriente interna que haga una severa autocrítica y, a través de ella, plantee una reestructuración del partido, quien por cierto siempre ha sido algo parecido a un club de membresía, negándose a una militancia abierta y amplia.

Ya trece exgobernadores panistas públicamente le han exigido a Marko Cortés que no adelante la sucesión de la dirigencia nacional del partido, para evitar que se siga con el proceso vicioso de los “padroneros”, que, en la opinión de los exgobernadores, tanto daño le han hecho al partido y explican, en buena medida, como un personaje de la mediocridad y torpeza del propio Marko Cortés llegó a la dirigencia nacional, impuesto por Ricardo Anaya, otro personaje joven, ambicioso y corrupto, que también ha provocado un gran daño.

Cuando se usa el término de “padroneros”, se refieren al padrón oficial del partido que, como se mencionó anteriormente, es un club de membresía, cerrado y ajeno a la ciudadanía en general e inclusive a los simpatizantes del propio partido, pero que vota las dirigencias, las candidaturas y las decisiones de importancia. 

Los exgobernadores exigen que la elección de la nueva dirigencia se abra a la ciudadanía, para que sea un proceso democrático que genere consensos y participación. Todo indica que no le queda otra alternativa al viejo partido de centro-derecha que, al menos a nivel nacional, es el único de los viejos partidos que tiene posibilidades de sobrevivencia, por el apoyo potencial que tiene entre las clases medias y los grupos regionales que siguen sosteniendo al partido en algunos estados claves del país.

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