Coahuila y la 4T ¿Qué nos espera con Sheinbaum?

Coahuila y la 4T ¿Qué nos espera con Sheinbaum?

Por: Rodrigo Tejeda

Se ha filtrado ya que habrá una política de recorte al gasto público para los estados, y Coahuila puede disponer de menos recursos financieros gubernamentales, lo mismo que otros estados del país.

Coahuila tuvo una votación récord el pasado 2 de junio, con el 64% del padrón y La Laguna casi alcanzó el 68%, pero el voto mayoritario fue cruzado: el PRI, como es conocido, arrasó en las elecciones para presidentes municipales, pero Morena se llevó 5 diputaciones federales, 2 senadurías y ganó la candidata a la presidencia, Claudia Sheinbaum.

¿Por qué votaron de esa manera los coahuilenses y que escenario nos espera en el gobierno que inicia y durará de 2025 hasta el 2030?

La mayoría de los votantes acude a las urnas motivado por unas pocas ideas muy simples, por lo menos en los sectores populares y de clase media baja, que son los mayoritarios. Otra parte, que tiene un nivel socio-económico más alto, suele tener, ciertas o no, muchas más ideas en torno a lo que proponen y ofrecen los y las candidatas a la presidencia de la república, el entorno municipal y el entorno estatal.

Una gran parte de los sectores populares y de clase media baja, piensa en sus problemas domésticos y en el entorno de su colonia, pero en esta ocasión estaba el añadido de percepción de ayudas económicas a, través de los programas del Bienestar, que era un factor muy poderoso, y la idea de que estamos viviendo un gobierno que combate la corrupción de los políticos, quienes ancestralmente se han enriquecido del poder, y está haciendo cosas buenas por el pueblo, es decir los pobres, aunque la idea de qué se hace en concreto sea muy borrosa y ambigua. 

En las clases medias, medias altas y altas, hay un conocimiento mucho más crítico, inclusive ideológico sobre los candidatos y lo que representan cada uno de ellos. Hay, por ejemplo, una idea de si un gobierno socialista, que realmente se dice populista, nos lleva a un cambio de régimen, con restricción de libertades, de la imposición de un gobierno autoritario, de una ideología que nos convertiría en un estado fallido, del tipo de Venezuela.

Hay otra parte de los ciudadanos, muy importante, que detesta la política o bien no cree que pueda cambiar nada con su voto, o bien no tiene educación cívica alguna, aunque inclusive tenga dinero, y no va a votar. 38 millones de mexicanos decidieron no tomarse un rato de ese domingo para acudir a votar.

Una parte de los votos tiene cierto misterio o, por lo menos, son difíciles de explicar. ¿Por qué 4 millones 672 mil 82 mexicanos votaron por el PVEM? O ¿Porqué 3 millones 882 mil 832 ciudadanos votaron por un partido como el PT? El primero ni es verde, ni es ecologista y se podría considerar como la gran damisela de la política mexicana: se ha aliado con todos los partidos existentes en un momento u otro de su tormentosa historia. El PT es, en la teoría, un partido comunista y en México solo algunos muy pocos intelectuales sostienen el ser comunistas. Su logo es inclusive el de la bandera de la China comunista.

Juntos, estos dos contradictorios partidos le sumaron más de 8 millones de votos a la candidata del oficialista Morena, lo que es mucho, pero en estados como Coahuila su presencia es sumamente pobre y, lo sería más, si no se “cuelgan” de la imagen que generó Claudia Sheinbaum.

En resumen, la candidata oficial a la presidencia obtuvo 35 millones de votos, en lo que se califica como una mayoría aplastante, junto con sus aliados, pero el padrón nacional de electores es de 98 millones 468 mil 994 ciudadanos, es decir, 63 millones, casi el doble, está en contra de ella o bien no acudió a votar. En términos objetivos de país, no hay tal mayoría aplastante, sino una mayoría entre partidos.

¿CÓMO LE IRÁ A COAHUILA?

En el gobierno de López Obrador a Coahuila le fue mal en términos generales, al perder ingresos  gubernamentales calculados en 23 mil millones de pesos, que no fueron compensados en obra o programas federales directos. Simplemente, se les quitó a los estados presupuesto para destinarlos a obras y programas federales en el sur del país.

Este ha sido un gobierno ferozmente centralista y autócrata, y está bien que tenga un enfoque social y que haya volteado hacia el sur del país, donde se concentra gran parte del subdesarrollo y de la pobreza y pobreza extrema que va con el mismo, pero el norte ni tiene la culpa de ello, ni ha recibido nada como regalo, todo ha sido fruto del esfuerzo y del trabajo.

En seis años, Coahuila solo recibió la inversión de un hospital de especialidades del ISSSTE, que será compartido por cuatro estados y era una inversión atrasadísima, y una obra de agua potable, compartida con Durango, que, inexplicablemente se volvió muy cara, pero que tiene errores de planeación y no ha entregado, a la fecha, lo que les corresponde a los municipios.

Fuera de eso el estado fue marginado en términos de infraestructura y obra pública, al igual que otros estados norteños y del bajío, que sin embargo han seguido prosperando a un ritmo mucho más acelerado que el sur, debido a su dinámica empresarial que está fincada en la atracción de inversión privada extranjera y nacional, con cadenas de suministro muy dinámicas y con una infraestructura industrial mucho más desarrollada.

Un indicador de ello es que Coahuila se encuentra en el Top 5 en crecimiento económico a nivel nacional, al final de un gobierno federal muy deficitario en fomento económico, y con un crecimiento promedio anual de la economía del país que será de apenas un 1.1%, el más bajo en cinco sexenios.

Coahuila es también uno de los cinco estados con más alto nivel de empleo formal del país, a diferencia de muchas economías estatales, pero el IMSS, con una mucho mayor recaudación de recursos, ha realizado solo inversiones menores en expansión de infraestructura y, al mismo tiempo, muestra un gran deterioro de la vieja infraestructura con la que cuenta. En pleno verano, la clínica de especialidades 71 de Torreón ha durado meses sin servicio de aire acondicionado, por citar solo un ejemplo.

Claudia Sheinbaum ha presentado un plan sexenal de 100 compromisos para el país, pero hay un problema crítico: dichos compromisos no han sido cuantificados ni presupuestados de acuerdo a los cálculos del Presupuesto de Egresos de la Federación, y, además, López Obrador heredará un déficit fiscal de hasta un 6% del PIB, que Claudia Sheinbaum ha prometido que bajará hasta un 3.5% en el 2025, lo que significa que habrá más recortes al presupuesto de los estados y municipios, al mismo tiempo que una disminución de la obra pública, en términos reales, pues se seguirán privilegiando los programas del Bienestar, en los cuales se ha anunciado la ampliación de los adultos mayores, al incluir a mujeres de 60 a 64 años, lo que implicará un gasto adicional de al menos 60 mil millones de pesos, pero también se han anunciado más becas.

Este programa de los 100 compromisos es de carácter electoral, y en él se contemplan 100 nuevos parques industriales, renovación de carreteras como la San Luis Potosí-Piedras Negras, o 57, que es el eje carretero de Coahuila. Si así fuera y hubiera recursos, Coahuila tendría al menos 3 o 4 parques industriales nuevos, lo que estaría bastante bien, y modernizaría su principal eje carretero, además de reactivar sus proyectos de energías renovables, especialmente la solar, ampliaría su infraestructura hospitalaria y educativa y también portuaria, pero habrá que regresar al problema de los recursos disponibles. Por lo pronto todo indica que el 2025 será un año de mucho menor inversión pública y de aún más recortes.

Se ha afirmado que se fortalecerá la relocalización de empresas extranjeras, pero en lugar de aumentar las ventajas y atractivos se está creando incertidumbre jurídica y se están heredando finanzas públicas deficitarias. La mayor parte de la inversión federal de 2019 a 2024 es improductiva y no aporta a la competitividad del país en el entorno internacional.

Realmente es un misterio si el gobierno de Claudia Sheinbaum implicará un cambio de rumbo; es más de lo mismo en relación al gobierno de López Obrador o, lo que sería lamentable, radicalice más algunas políticas de estatización, pues es un hecho que Claudia Sheinbaum cree en el estado benefactor y es recelosa de la iniciativa privada en materia de economía.

Hasta ahora Coahuila ha logrado avanzar como economía, gracias a su sistema de seguridad pública, al fomento de la inversión extranjera y a su estabilidad política y social, lo que le sigue permitiendo atraer parte de la relocalización de empresas, pero no en la proporción que pudiera si el gobierno federal hiciera su trabajo de fomento económico.

Por lo pronto se ha filtrado ya que habrá una política de recorte al gasto público para los estados, y Coahuila puede disponer de menos recursos financieros gubernamentales, lo mismo que otros estados del país.

Las cosas se verán mucho más claras al momento que se conozca el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación, el que definirá el rumbo de 2025, porque los números son fríos y precisos, lo que contrasta con las promesas de campaña y, mucho más, en un grupo que ha hecho de la mentira su principal recurso político. Habrá que esperar solo tres meses para entrar a la realidad del nuevo gobierno y definir lo que recibirá o no Coahuila, pero en principio todo indica que el escenario es difícil. 

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