Todo el poder a Morena

Editorial

En una tradición política como la mexicana, donde la corrupción es parte de la cultura, tener un partido en el poder sin contrapesos importantes es un retroceso de casi medio siglo en el proceso democrático.

El poder corrompe; el poder absoluto corrompe de forma absoluta.

Extraña elección la de este 2 de junio. Una elección de Estado como no habíamos visto, tal vez desde 1988, con Carlos Salinas de Gortari, todavía en los tiempos del viejo PRI.

Recuerda, en mucho, la elección presidencial de José López Portillo, a quien, sin oposición alguna, le preguntó el presidente nacional del PRI y dirigente de la campaña, Porfirio Muñoz Ledo: “mi candidato ¿Cuántos votos quiere sacar?” y José López Portillo le contestó, con sarcasmo: “los que el pueblo quiera”, y sacó 17 millones 606 mil 872 votos, nada más el 93.5% de la supuesta votación emitida por el pueblo. Habría ganado con un solo voto, pero hasta en eso era despilfarrador, quería una votación “histórica”.

Luis Echeverría había ganado, seis años antes, en 1970, con 11 millones 904 mil 893 votos, frente a un candidato de lujo del PAN, como era Efraín González Morfín, quien apenas logró sumar 1 millón 945 mil 70 votos, el 13.77%.

Han pasado 50 años, medio siglo, en aquellos tiempos en que AMLO era un adoctrinador de los nuevos cuadros del PRI en la ciudad de México y admirador, hasta la fecha, de estos dos expresidentes, que iniciaron el descarrilamiento de la economía mexicana, o del llamado  “desarrollo estabilizador”.

Ambos tuvieron un poder absoluto y los gobiernos de ambos fueron absolutamente corruptos.

En una tradición política como la mexicana, donde la corrupción es parte de la cultura, tener un partido en el poder sin contrapesos importantes es un retroceso de casi medio siglo en el proceso democrático. Todo indica que somos un pueblo con memoria muy corta y aplauso fácil.

La del 2 de junio ha sido una elección anómala; una elección de Estado, donde un hombre, usando todos los medios lícitos e ilícitos que da el poder, obtuvo los votos que quiso, con la ayuda de 21 gobernadores que hicieron lo que les vino en gana para cumplir la consigna de palacio nacional.

Una elección de estado preparada por lo menos con tres años de anticipación, para sacar “todos los votos que el pueblo quiso”, justos los que quería el señor presidente ¿O le podemos decir “jefe máximo”? Como a Plutarco Elías Calles.

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