¿Cambio de Gobierno o cambio de régimen?

¿Cambio de Gobierno o cambio de régimen?

Por: Rodrigo Tejeda 

Aún antes de que se instale el nuevo poder legislativo el primero de septiembre, Claudia Sheinbaum tendría que hacer efectiva su condición de presidenta electa de la República, enviando señales claras al respecto, no con discursos sino con decisiones y hechos.

El próximo primero de octubre estaremos ante dos posibilidades: un cambio de Gobierno, el segundo encabezado por Morena, o un cambio de régimen político en el cual vuelve a desaparecer el régimen democrático para ser sustituido por un régimen autoritario, presidencialista, pero ahora de corte socialista.

Si el paquete de 18 iniciativas de reformas a la constitución enviado por AMLO al poder legislativo se aprueba en septiembre, tal como él lo quiere, y Claudia Sheinbaum no asume una postura propia y lo detiene o le hace los cambios que deben hacerse, particularmente en lo que se refiere a la reforma judicial, el desmantelamiento del INE, la eliminación de los organismos autónomos y la militarización, todo estará consumado para la desaparición de la democracia como hoy la conocemos, dicho esto sin exageración alguna y al margen del mediocre papel que han jugado en el reciente periodo electoral los partidos políticos.

Aún antes de que se instale el nuevo poder legislativo el primero de septiembre, Claudia Sheinbaum tendría que hacer efectiva su condición de presidenta electa de la República, enviando señales claras al respecto, no con discursos sino con decisiones y hechos.

De consumarse un escenario tan oscuro, Claudia Sheinbaum podría tener, en el papel, un poder que jamás ha tenido antes un presidente de la república, pero se estaría enfrentando a serios problemas el primero de octubre, día de su toma de posesión.

El lunes 3 de junio, al otro día de la elección, ante la noticia de que el partido oficial tenía asegurada la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y en el Senado, la Bolsa Mexicana de Valores y el peso tuvieron un “lunes negro”. 

Y es que si algo espanta a los inversionistas es tener sus capitales y empresas en un régimen donde no habría un estado de derecho, ni garantías individuales, sino una presidenta que puede hacer, por lo menos institucionalmente, lo que le venga en gana, ya sin ningún contrapeso de importancia.

Una cosa es manipular a una masa gigantesca de votantes utilizando el dinero y el poder del estado, y otra muy distinta es hacer lo mismo con las clases medias, los empresarios y quienes toman las decisiones sobre la economía, tanto en México como en el extranjero, porque México es hoy un país globalizado. Tanto la inversión nacional como la internacional se paralizaría.

La “marcha triunfal” de AMLO es ya una manifestación de una megalomanía enferma. Sería un grave error si Claudia Sheinbaum accede a realizar dicha “marcha triunfal”.

Aun deteniendo el paquete de las 18 iniciativas de reformas a la constitución, la herencia del gobierno de AMLO tiene más problemas que ventajas para Claudia Sheinbaum, solo basta referir el déficit en el gasto gubernamental, los niveles de deuda que le están heredando, los compromisos de gasto en programas sociales, la expansión terrible del crimen organizado en todo el país, el problema migratorio, la crisis del sistema de salud y de educación, las mega obras que se verán evidenciadas, la corrupción y las cuentas ocultas de donde fueron a parar 5 billones de pesos de deuda gubernamental en el sexenio que termina.

Hoy todo es fiesta, pero esa fiesta se termina el primero de septiembre, o mucho antes, por lo menos para Claudia Sheinbaum.

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