Se está disfrazando la carestía real

Se está disfrazando la carestía real

Redacción

El peor problema para el bienestar de las familias es que se presente un incremento sostenido de los precios, el cual supera con mucho el ingreso real que se está percibiendo.

Vivimos un sexenio de mentiras, de simulación, pero al mismo tiempo de fanatismo en torno a la figura presidencial en muchos medios sociales, debido a los programas del Bienestar por los que se regala bimestralmente dinero en efectivo, pero al mismo tiempo que se regala ese dinero del erario público, el incremento de los precios de la mayoría de los productos de consumo básico para una familia, han sido enormes, mientras el Gobierno Federal sostiene que la inflación nacional está en un 4.65% a la fecha, pero los empresarios denuncian que dichos índices están manipulados por el INEGI, todo ello por motivos de tipo electoral.

El INEGI había sido una institución muy confiable en México, pero este gobierno no ha respetado institución alguna, si se trata de manipular la información para favorecer su imagen y vender la idea de que, en este país, todo marcha excelente, sobre ruedas.

¿Se están manipulando los índices de inflación? Revista de Coahuila realizó un ejercicio sencillo, pero verificado en base a los precios reales de la cadena más importante de supermercados del país. 

Se tomaron ocho productos de consumo básico de las familias al azar y se comparó el precio que tenían hace tres años con el que tienen ahora.

El jabón para el lavado de ropa de la marca Viva, bolsa con 850 gramos, tenía anteriormente un precio de 17 pesos, hoy es de 26 pesos, un incremento de más del 50%.

La carne roja sin grasa tenía, en promedio, un precio de 120 pesos hace tres años, hoy cuesta entre 180 y 190 pesos, un incremento de al menos un 50 a 55%.

El huevo, que es un producto básico indispensable, ha pasado de 25 pesos hasta 44 pesos, en lo que es un incremento que se acerca al 85 o 90%.

El azúcar, otro producto básico e indispensable, costaba 20 pesos el kilogramo, hoy cuesta 32 pesos la misma presentación, lo que representa más del 50%.

El aceite de mesa más económico, de la marca “Sarita”, tenía un costo de 23 pesos, hoy cuesta 35 pesos, un poco más del 50%, en lo que parece una constante.

El frijol, otro producto indispensable en la alimentación del mexicano, de la variedad denominada como “pinto”, tenía anteriormente un precio de 21 pesos, hoy cuesta de 37 a 38 pesos, lo que es un poco más del 75% más.

El jabón de baño o de tocador, de la marca Neutro Balance, tenía un costo de 16 pesos, hoy cuesta 28 pesos, aproximadamente un 80% más.

La Coca-Cola, que desgraciadamente es en México un producto de consumo básico, costaba 13 pesos la presentación de 600 mililitros; hoy cuesta 19 pesos, es decir casi un 50% más.

Se refieren estos ocho productos tomados al azar, pero esa es la tendencia real de la inflación de los productos de consumo básico de las familias mexicanas, lo que puede llevar a la conclusión de que sí se están manipulando, y mucho, los índices de la carestía o inflación en el país, todo para disfrazar que el manejo de la economía no está afectando seriamente a la población.

LA OPINIÓN EMPRESARIAL

Pocos dirigentes empresariales se atreven a cuestionar abiertamente la información oficial sobre los índices de inflación, pero algunos sí lo hacen, en este caso Mauricio Holguín Herrera, consejero de la CANACO, quien declaró recientemente para el periódico El Siglo de Torreón:

“El INEGI siempre había sido un regulador muy confiable en estadística a nivel nacional y ahorita pues evidentemente (está) manejado por el Gobierno Federal y nos brinda cada mes, cada dos semanas, información que es evidentemente manipulada, con tintes electorales, sobre todo a nivel nacional”.

De acuerdo a los datos oficiales, sigue la referencia, en febrero de 2024, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró un incremento de 0.09 por ciento respecto al mes anterior. Con este resultado, la inflación general anual se ubicó en 4.40 por ciento.

En el mismo mes de 2023, la inflación mensual fue de 0.56 por ciento y la anual, de 7.62 por ciento.

“Son índices que no reflejan una realidad, nosotros hemos estado trabajando desde hace ya casi un año, cercanos a los proveedores y también a los comerciantes y sobre todo el consumidor final en términos de cuánto han sido los índices inflacionarios; tenemos nosotros índices prácticamente del 13 al 18 por ciento (anuales) incluso en algunos productos, sobre todo los productos de lujo, pues se van hasta el 20 por ciento algunos de ellos, entonces lo que nos dice INEGI, de que estamos en 4.45 por ciento de aumentos anuales, está totalmente descabellado”, estableció.

El último reporte del INEGI sobre la inflación, al cierre de la presente edición, menciona que el índice nacional está en un 4.65%; en Torreón está en un 4.63%; el índice en Saltillo un 3.80%, en ciudad Acuña, zona fronteriza, un 4.72% y en Durango, capital, un 4.38%.

Aún con estos datos que, de acuerdo a cualquier investigación de mercado están disfrazados, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y el Banco de México han declarado recientemente que la disminución de los índices de inflación es un problema que enfrentará fuertes resistencias, por el comportamiento de la economía y de los mercados.

El peor problema para el bienestar de las familias es que se presente un incremento sostenido de los precios, el cual supera con mucho el ingreso real que se está percibiendo.

EL SALARIO MÍNIMO, FICCIÓN

El actual gobierno ha seguido una agresiva política de incremento a lo que se conoce como el salario mínimo. Tan solo en 2024 el incremento ha sido de un 20%, pasando a $248.93 pesos diarios, con lo cual, en la teoría, nadie puede ganar en México menos de 7,468 pesos, lo que se maneja como uno de los logros bandera del sexenio, pero esto es sumamente engañoso.

El salario mínimo, que en 2018 estaba en solo 88 pesos diarios, no era usado, ni es, como referencia para el manejo de los salarios reales de los trabajadores en el país, sino como una tarifa para el pago de ciertas prestaciones, entre la más importante de ellas el pago del IMSS y del ISSSTE, además de ciertas aplicaciones de multas y penas de carácter judicial.

El primer problema es que la mitad de los mexicanos viven en la economía informal, donde ganan lo que pueden, de la manera en que su ingenio y su esfuerzo se los permite, por lo cual el incremento a los salarios mínimos no le beneficia en nada y si lo perjudica.

Los perjudica porque el incremento al salario mínimo si impacta en la economía formal, no como se supondría en el incremento directo de los salarios, lo que sería imposible para una gran parte de los empresarios, sobre todo en regiones como el norte del país donde se concentra gran parte de la industria maquiladora transnacional.

Si impacta porque incrementa los costos de algunas prestaciones, pero además el costo de los insumos se ha incrementado notoriamente, lo que se refleja en los precios finales de los productos en el mercado. Por citar un ejemplo, el incremento en los costos del azúcar golpea a todo el sector que fabrica productos alimenticios que requieren de este insumo, sobre todo aquellos que lo requieren en cantidades grandes. Un pastel es hoy ya un producto de lujo. 

Lo más lamentable es que el tan publicitado incremento al salario mínimo no beneficia a la población más pobre del país, una parte de la cual está en la informalidad, en la agricultura de sobrevivencia, en los servicios y en otras actividades económicas donde es imposible que puedan percibir 7,468 pesos mensuales.

Un círculo vicioso que está basado en el desconocimiento de cómo funciona la economía real del país y se pretende, por decretos, aumentar los salarios y las condiciones de la economía de las familias, pero se toman medidas que sí repercuten en la carestía de la vida.

La más afectada, en lo que es algo dramático, es la población que vive en los estados más pobres del país, especialmente en el sur, que pueden volverse dependientes de las dádivas gubernamentales para sobrevivir, no para incrementar sus niveles de bienestar real.

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