El peligroso disimulo ante fascismo norteamericano

El peligroso disimulo ante fascismo norteamericano

Por: Rodrigo Tejeda

Donald Trump está en campaña y sus principales propuestas son de corte fascista, por más que muchos analistas políticos e intelectuales quieran suavizar los términos.

Muchas veces, por convencionalismos políticos y diplomáticos, no se quiere decir a las cosas por su nombre, pero es un hecho que, al interior del Partido Republicano en los Estados Unidos, se ha formado un movimiento fascista, que hoy es encabezado por Donald Trump.

Habrá que recordar que Adolfo Hitler llegó al poder por la vía democrática, por medio del voto popular, con planteamientos bastante parecidos a los nuevos movimientos fascistas que avanzan en varias de las democracias occidentales: la exaltación del nacionalismo; la supremacía de la raza de un determinado grupo o sector social y el racismo, que es un problema grave de la sociedad norteamericana profunda desde su misma fundación.

Donald Trump, en medio de escándalos y procesos judiciales, por cometer toda una serie de delitos, está en campaña, y sus principales propuestas son de corte fascista, por más que muchos analistas políticos e intelectuales quieran suavizar los términos.

El primer planteamiento de Trump, como lo fue en la Alemania de Hitler, es la exaltación exacerbada del nacionalismo. En aquel caso la supremacía de la nación Alemania, en este de los EEUU, bajo el lema de “volvamos a hacer grande América”, lo que se traduce, en el pensamiento de Trump y sus seguidores, como el regresarle la supremacía mundial.

Pero para “hacer nuevamente grande a América” se plantea el retorno a la supremacía de la raza blanca, cuando los EEUU es hoy un mosaico multicultural y multirracial, con una disminución gradual de la población de raza blanca, debido a su menor número de procreación.

De ahí al retorno del racismo, pero ahora en contra de los hispanoamericanos y otros grupos “de color”.

Trump, a base de mentir de una forma obscena, perversa, propone el uso del Ejército y de la Guardia Nacional para expulsar al menos a 11 millones de migrantes indocumentados, la mayoría de ellos de origen mexicano, porque están amenazando a la sociedad norteamericana, con una ola de crímenes en todo el país, de violaciones y de todo tipo de delitos, lo que es una mentira, pues de acuerdo a las cifras oficiales la población blanca delinque más, en todo tipo de crímenes.

Cuando se le cuestiona al magnate corrupto y populista que el Ejército y la Guardia Nacional no pueden ser empleados en contra de civiles, afirma, públicamente, que los migrantes “no son civiles”, e incluso ha llegado a manifestar que “no son humanos”, lo que es ya un pensamiento siniestro.

Con la tasa de desempleo apenas en 3.6%, la economía norteamericana necesita del trabajo de los migrantes, especialmente en sectores como la construcción, los servicios y la agricultura, donde son indispensables, pues además se trata de mano de obra barata y sin derecho a la seguridad social, una forma de explotación que aún los demócratas tratan de una manera hipócrita.

Realmente la migración irregular hacia los Estados Unidos ha disminuido hasta en un 40% en los últimos meses, de acuerdo a la información oficial divulgada por el gobierno de Joe Biden.

La presidencia de Donald Trump concluyó en medio de un intento de golpe de estado, calificado por los ultraconservadores como “patriótico”, con civiles y policías muertos y decenas de heridos, en un hecho sin precedentes en la historia política norteamericana, pero sin las debidas consecuencias que debió tener.

El movimiento fascista al interior del Partido Republicano tiene otras cabezas visibles, como la del actual gobernador de Texas, Greg Abbot, un racista que aprobó la llamada Ley SB4 en diciembre de 2023, por la cual se considera como un delito (en Estados Unidos lo denominan “crimen”) el cruzar la frontera de manera informal, lo que daría lugar a la deportación inmediata o el purgar una pena de cárcel por cometer un delito.

Para resguardar la frontera, Abbot ordenó la colocación de alambradas de púas cortantes y de boyas a mitad de Río Bravo, que estaban diseñadas para causar un daño físico letal a los migrantes que cruzaran a nado la frontera texana.

Otra disposición permitía a los propietarios de ranchos que colindan con la frontera, disparar en contra de personas que “invadieran” sus propiedades, es decir migrantes.

El poder judicial federal paró la Ley SB4 por considerar que violentaba derechos humanos elementales; porque no era facultad del estado de Texas gran parte de dicha ley. Se ordenó el retiro de boyas letales del Río Bravo, por considerar que estas también eran algo ilegal.

Pero esto sucedió en buena medida porque el actual gobierno es demócrata, lo que podría no suceder en un futuro inmediato.

Estamos ante un movimiento fascista que va, directamente, en contra de los mexicanos, y ante un posible presidente norteamericano antidemocrático, para empeorar el escenario latinoamericano donde se han instalado varios gobiernos populistas, también antidemocráticos.

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