¿La intervención de obras maestras de la pintura es arte?

¿La intervención de obras maestras de la pintura es arte?

Por: Álvaro González 

Hay quienes opinan que la muestra Beautiful Numbers (Belleza en Cifras) de Stefan Sagmeister presentada en el museo Arocena es una propuesta válida, que “desmitifica” el arte del pasado, pero su creador no solo piensa que lo “desmitifica” sino que lo enriquece.

Esta semana santa he tenido la oportunidad de visitar el Museo Arocena, en Torreón, que está considerado como el museo más importante de la región lagunera y el primero en su tipo en Coahuila.

Lo más novedoso que se ofrecía era la exposición Beautiful Numbers (Belleza en Cifras), de Stefan Sagmeister, un creativo y diseñador gráfico austriaco quien radica actualmente en Nueva York.

Según la reseña de presentación, Stefan Sagmeister es un talento de la creatividad gráfica a nivel internacional, quien se ha dedicado, entre otras cosas, a recopilar datos estadísticos que tienen como principal propósito el presentar una visión esperanzadora del mundo, alejando la idea que vivimos en un mundo caótico que parece tener muchas ganas de autodestrucción.

Es una visión personal, y parece muy positiva, inclusive un acto de higiene mental, sobre todo para gente joven.

Esta recopilación de estadística demostraría que, en varios aspectos estamos mejor que en el pasado, y pone como un ejemplo las pandemias que ha sufrido el mundo, con el planteamiento que la del COVID-19, que tanto nos espantó, dejó, a nivel mundial, solamente 4 millones de muertes, casi la sexta parte de los que dejó la gripe española. Los datos de Sagmeister son muy imprecisos, demasiado, aún así la intención de buscar estadísticas positivas sigue siendo un buen ejercicio.

El siguiente argumento es que para reforzar un sentido positivo de la realidad actual, es necesario traer a referencia lo mejor del pasado, y es entonces que el creativo austriaco decide tomar a la pintura como un elemento de sus diseños de creatividad gráfica, en lo cual es famoso, principalmente por el diseño de las portadas de álbumes musicales de artistas de fama internacional, con lo cual ha sido nominado cinco veces a los Grammys y ha ganado dos, según se informa en su exposición, aunque en su perfil se dice que solo uno, pero eso es lo de menos.

Lo que interesa en este artículo es que Sagmeister decidió tomar obras maestras de la pintura del siglo XIX e intervenirlas, lo que significa que pone una copia del cuadro original y le incrusta figuras geométricas de acrílico, lo que para él no solo es arte sino toda una propuesta estética, que va en sintonía con sus planteamientos de tomar lo mejor del pasado.

¿Realmente eso es arte o puede considerarse inclusive como una agresión en contra de la obra de esos grandes pintores del siglo XIX? Hay quienes opinan que es una propuesta válida, que “desmitifica” el arte del pasado, pero Sagmeister no solo piensa que lo “desmitifica” sino que lo enriquece.

Para otros críticos esto de la intervención de obras maestras de la pintura es una extravagancia, que, siendo absolutamente irreverente, no tiene más valor que el de una provocación que tiene mucho de egolatría insana o, en el mejor de los casos, de un juego que carece de cualquier valor estético, en el cual el interventor carece de una propuesta propia, que, si la tuviera, muy probablemente no le gustaría en lo absoluto que fuera intervenida.

Stefan Sagmeister, siendo un famoso diseñador gráfico y una especie de divo en su ramo, tiene antecedentes de extravagancia y, en ocasiones, pretensiones de “genialidad”, como el rajar la espalda de un cliente con un cuchillo para tomarle fotografías y elaborar el diseño de una portada.

Llenar de cubos, cuadros y rectángulos la obra de un gran maestro de la pintura del siglo XIX no parece una forma respetuosa de valorar su obra y reconocerla, todo lo contrario. 

Si uno imagina el acto mismo de la intervención de esas obras, todo lo que puede imaginar es a un sujeto con un ego insano, fuera de toda proporción, que está enviando el mensaje de que él es tan genial que puede hacer lo que quiera con la obra de un gran pintor; que está en otra dimensión, en un acto creativo excelso, y eso no parece nada saludable mentalmente, pero lo que asombra más, es que galerías y museos en muchas partes del mundo se pongan a aplaudirlo y le presten sus espacios.

Si tiene sus estadísticas y es diseñador gráfico pues que haga su propia obra, así como hace los diseños de los álbumes de los artistas a quienes cobra millones. Por supuesto que no sería pintura, porque pintar no sabe, por lo menos no a un nivel profesional.

Ya anteriormente he podido observar exposiciones de intervención, una de ellas, que fue la primera que me sorprendió, fue en el Museo de Arte de Querétaro, ubicado en el exconvento de San Agustín, una de las más grandes joyas del arte barroco en América.

La exposición era una sucesión de copias de obras de artistas universales, como Diego Velázquez, entre otros, las cuales eran intervenidas con círculos, rayas, trazos diversos completamente arbitrarios, en colores primarios, sin más aparente propósito que la irreverencia y la provocación, pero había también tres o cuatro obras que eran de la autoría del expositor, donde se revelaba como un mediocre artista que, por sí mismo, no parecía tener nada que hacer en un recinto cultural de ese nivel ¿Por qué le habían admitido su exposición en la mejor de las salas? No lo sé, no tengo una explicación, por lo menos no lógica ni estética.

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