La 4T es una secta reducida al círculo personal de AMLO

La 4T es una secta reducida al círculo personal de AMLO

Por: Álvaro González

No estamos entonces ante un partido político más, dentro de un régimen democrático, sino ante un grupo o secta que, aprovechando el proceso democrático y la penosa crisis de los viejos partidos, llegó al poder, pero no para un periodo de seis años, sino para establecer un cambio de régimen. 

Las sectas, a nivel mundial, no solo de México, se caracterizan básicamente por tener un mesías, quien tiene una autoridad absoluta y, en consecuencia, una obediencia incondicional por parte del círculo de iniciados y de los seguidores. Otras características es que poseen una cierta ideología o doctrina que es también incuestionable y, además, porque el líder mesiánico está rodeado de un círculo íntimo que suele ser impenetrable, que es el que se encarga de organizar a los seguidores.

Cuando AMLO ganó la elección de 2018, Morena tenía menos de cuatro años de haber obtenido su registro del INE como partido político, y menos de seis años (noviembre de 2012) de haberse constituido como una asociación civil. La elección la ganó con lo que él denominó como un movimiento, no con un partido político, que entonces carecía de estructura y de recursos económicos para organizar y financiar una campaña presidencial. ¿De dónde sacó los recursos? No está claro hasta le fecha.

Tras su derrota en las elecciones presidenciales de 2012, que le provocó inclusive problemas graves de salud física, AMLO reunió a su círculo más íntimo de seguidores y abandonó el PRD, para buscar, por última vez, la presidencia de la república.

En 2006, cuando pierde de forma dramática la elección presidencial ante Felipe Calderón, no acepta el resultado, aunque nunca ha podido probar que dicha elección haya sido ilegítima, pero se le vuelve una obsesión personal, así que decide la creación de un “gobierno legítimo” el 20 de noviembre de ese mismo año de 2006.

En los seis años anteriores AMLO había ocupado la jefatura de gobierno de la ciudad de México, donde integra a su equipo básico con las gentes de su círculo íntimo, de absoluta confianza y, por necesidad política, con algunos integrantes del PRD, el partido al que debía su carrera política.

Su grupo de confianza y de seguidores incondicionales, que estaban sujetos a una lealtad absoluta, se forma en su paso por el gobierno de la ciudad de México, a una parte de los cuales integra al llamado “gabinete del gobierno legítimo” y, una vez que gana la elección de 2018, los convierte en el grupo base del actual gobierno federal.

Por necesidad política, incorpora a algunos integrantes de izquierda radical y algunas personas especializadas, pero no forman parte de su círculo rojo, salvo dos o tres excepciones.

SOLO LOS INICIADOS

Claudia Sheinbaum se había iniciado en la política en un grupo de izquierda, durante su periodo como universitaria, de la mano de quien sería su primer esposo, Carlos Imaz Gilbert, quien era un hombre de absoluta confianza, quien se encargaba, entre otras cosas, de recabar fondos económicos sucios para el trabajo político de AMLO.

Imaz Gilbert dirigió el PRD de 1999 a 2002 en la ciudad de México y, ya en el gobierno de AMLO, se convierte en jefe de la Delegación Tlalpan, pero pocos meses después, en marzo de 2004 es exhibido en uno de los video escándalos, recibiendo dinero del empresario argentino Carlos Ahumada, por lo que tiene que renunciar al cargo.

Claudia Sheinbaum era ya encargada de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México. En 2006 forma parte del “gabinete legítimo”, como encargada de la cartera de Patrimonio Nacional, que consistía en defender el control del petróleo por parte del estado, cuando se supone que era una científica formada en el movimiento ambientalista internacional, así que traiciona su formación científica por seguir los planteamientos de AMLO.

De ahí pasa a encabezar la Delegación Tlalpan, la misma que había dirigido su esposo, posteriormente se convierte en jefe de gobierno de la ciudad de México y el resto es de sobra conocido: AMLO la elige como su sucesora para la presidencia de la república, por ser parte del círculo íntimo y tener, por lo menos en teoría, un control absoluto sobre ella.

Este caso del círculo íntimo se repite casi como norma. Es el caso de los Batres, Martí y Lenia. El primero es seleccionado como jefe interino de la ciudad de México, y su hermana Lenia como ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ambos son de izquierda radical y absolutamente incondicionales a AMLO. Lenia, en lo particular, tiene la encomienda de jugar un papel de “caballo de troya” a favor de AMLO en la SCJN, y Martí encargarse de sacar adelante la elección del 2 de junio en la ciudad de México, un encargo difícil por lo fuerte de la oposición. 

Otro caso es el de las Lujan, María Luisa y Bertha, cuya madre, Bertha Elena Lujan, es del círculo íntimo y ocupó el cargo de Secretaría del Trabajo en el “Gabinete Legítimo”. Por alguna razón ya no pudo seguir directamente en la política, pero su hija María Luisa, se convirtió en la Secretaría del Trabajo más joven en la historia política de México y, posteriormente, en Secretaría de Gobernación. Su hermana Bertha primero trató de ser colocada como ministra de la SCJN, pero no se pudo, se pensó posteriormente en el INE, pero finalmente fue colocada como directora del ISSSTE, un cargo para el cual no está debidamente calificada, al igual que su hermana para Gobernación, pero importa más ser de ese círculo íntimo, de absoluta confianza, que tener la capacidad para el cargo.

AMLO lo expresó abiertamente a los medios: “Un 90 por ciento de lealtad y un 10 por ciento de capacidad”, lo que lo dice todo.

Un caso extremo es el de Octavio Romero Oropeza, quien fue Secretario de Austeridad en el “Gabinete Legítimo” y, siendo un agrónomo, fue designado como director de PEMEX, donde ha desempeñado un deplorable papel, pero solo sigue, al pie de la letra, las instrucciones de AMLO.

La lista sigue y el patrón es exactamente el mismo. Personajes como Rogelio Ramírez de la O, Secretario de Hacienda, tiene una muy vieja y estrecha relación de amistad con AMLO, desempeñando el cargo de asesor en temas financieros y ahora secretario. Podría repetir en el cargo, aunque ya es de avanzada edad (75 años), pero es del círculo de absoluta confianza.

Un caso penoso es el de Leticia Ramírez Amaya, quien fue designada Secretaria de Educación Pública, con el más bajo perfil que haya tenido un secretario de educación en la historia del país. Viene del equipo de AMLO en su periodo de jefe de gobierno y establece relación con él aún antes de ese cargo. Solo fue maestra de educación básica 12 años y el resto de su carrera política la ha hecho a la sombra de López Obrador. Su último cargo era el de Directora de Atención Ciudadana de la Presidencia de la República, pero la han protegido, de cargo en cargo, desde antes del 2000.

MORENA, UN PARTIDO DE ESTADO

La formación de Morena es algo que se ha hecho desde el poder, siguiendo la vieja tradición del PRI de los años veinte del siglo pasado. Hoy, como entonces, el partido sirve a los intereses del grupo en el poder y es un instrumento del estado, que está bajo las órdenes directas del presidente de la república.

Al día de hoy, Morena es una revoltura increíble de políticos venidos de todos los demás partidos, de grupos, de facciones y de camarillas, que se han sumado al grupo en el poder,  como decía Joseph Smith, para trepar a comer de los frutos del árbol del poder.

Pero el grupo de López Obrador fue mucho más allá que los caudillos de la revolución, tal vez porque ellos no tenían necesidad de ello, al crear una gigantesca estructura clientelar por medio de un sistema de programas de asistencia social, denominado del bienestar, en buena parte copiado de los gobiernos populistas latinoamericanos del siglo XX.

El propósito ha sido repartir dinero en efectivo a 30 millones de mexicanos, con el compromiso básico de que estos voten por Morena en cualquier tipo de elección. Es así que se han hecho, de manera vertiginosa, de 21 gubernaturas del país, al mismo tiempo que han buscado, por todos los medios, de desmantelar a todos los partidos y movimientos opositores; de descalificar o suprimir a sus críticos de los medios de comunicación y, lo que es una copia de los regímenes dictatoriales de América Latina, han puesto detrás de sí al ejército, llenándolo de concesiones y canonjías, para neutralizar cualquier posible oposición.

No estamos entonces ante un partido político más, dentro de un régimen democrático, sino ante un grupo o secta que, aprovechando el proceso democrático y la penosa crisis de los viejos partidos, llegó al poder, pero no para un periodo de seis años, sino para establecer un cambio de régimen, lo que implica la vuelta a lo más oscuro del régimen autoritario que mantuvo el PRI casi todo el siglo pasado, pero con una ideología más radical y una disposición de destruir todas las instituciones que sean necesarias.

PARA CERRAR: UNA GIRA TRIUNFAL

En la tradición del PRI; de la “presidencia imperial”, cuando el presidente en turno designaba a su sucesor, en ese momento se despojaba de su poder absoluto y se retiraba, entregando todo el poder al sucesor electo. Era la máxima de “muerto el rey viva el rey”.

López Obrador ha prometido que a partir de la entrega de la banda presidencial, él se retira y se va a su rancho de “La Chingada”, en Palenque, Tabasco, que se declarará fuera de la política, pero ahora ha anunciado que, después de la elección del 2 de junio, los siguientes cuatro meses los dedicará a realizar una marcha triunfal por todo el país, donde, no obstante lo que exprese verbalmente, busca una glorificación de su persona, como el mesías, el caudillo, de la gran transformación política de México, cuando debería de dedicar todo su tiempo a realizar la entrega del poder.

No es el comportamiento de alguien que tiene como propósito el retirarse de la política, sino de alguien que quiere mantenerse como quien ostenta el poder de facto, esté o no esté en la silla presidencial. Una situación sumamente incómoda y un reto si la candidata electa es Claudia Sheinbaum, y una provocación si la electa no es de su partido.

Una característica común de estos mesías o caudillos es precisamente la glorificación de su persona y, como consecuencia, la idea de convertirse en figuras históricas, lo que es una total desmesura, tomando en cuenta la cantidad de saldos que le deja al país su gobierno, pues si gana su partido Morena el 2 de junio es evidente que lo hará por medio de una elección de estado, a través de una de las integrantes más fieles de su secta.

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