El paso inevitable de Peso Pluma

El paso inevitable de Peso Pluma

Por: Daniel Herrera

Para mí es clarísimo, el corrido, en todas sus variantes, es la música que representa a este país. Ni los géneros bailables, latinos, el rock, el bolero o el cadáver andante llamado mariachi son los más visibles cuando se habla de México. Más que molestarse por esto vale la pena reflexionar cómo llegó a suceder lo anterior.

Lo que sucedió en Coachella este año es para analizarse más allá de los gustos y fobias que cada quien tenga. Por un lado, un muy desmejorado Damon Albarn haciendo corajes porque el público jovencísimo del festival ya no reacciona ni ante Girls & Boys o Song 2. Fue casi triste, casi, porque jamás me pondría a llorar por un músico como Albarn. Decía, que fue casi triste: aquel ex rockstar desgañitándose por conseguir una respuesta del poquísimo público que había y del otro lado un montón de grillos con celulares captando la agonía del britpop. Más le valdría a Blur irse a hacer una temporada a Las Vegas, el lugar a donde van a morirse los elefantes. 

Pero, habrá que aceptarlo, esto sucede cuando te niegas a crear música nueva y prefieres vivir de la nostalgia. O te conviertes en un adulto renegón porque No Doubt se paró frente al público de Coachella y los tuvo en sus manos. 

Por otro lado, Hassan Kabande, mejor conocido como Peso Pluma, la estrella mexicana de moda dejó claro que es la estrella del momento. Peso Pluma cantó, es un decir eso, sus éxitos en dos fechas distintas recibiendo el mismo resultado: lleno total, gritos desaforados, cientos de celulares en alto y varios cantantes en el escenario colaborando con el representante más importante de la música mexicana regional contemporánea. 

Lo más sencillo ante lo anterior es mandar todo a la basura. Enfurecer porque la música no va por donde uno quisiera. El otro camino es intentar entender qué es lo que está sucediendo con la música llamada regional mexicana y por qué pareciera que existe un furor por ella más allá de las fronteras nacionales. 

Para mí es clarísimo, el corrido, en todas sus variantes, es la música que representa a este país. Ni los géneros bailables, latinos, el rock, el bolero o el cadáver andante llamado mariachi son los más visibles cuando se habla de México. Más que molestarse por esto vale la pena reflexionar cómo llegó a suceder lo anterior.

Según Juan Carlos Ramírez-Pimienta, escritor y docente de la San Diego State University, el corrido se caracteriza por contar una historia que no es de amor. Para contar canciones de amor está la lírica. Lo que hace el corrido es una balada. Aunque el término ha cambiado con el tiempo y ahora la palabra balada se utiliza para designar a la canción lírica, en realidad, la balada es una herencia europea donde se narraba algo que tenía muy poco de amor y mucho de aventura. Quizá las palabras cambiaron para dejar clara la distinción de una con otra. Tal vez eso sucedió, como dice Ramírez-Pimienta, porque sólo en México, y en donde andan los mexicanos, por supuesto; sólo aquí sigue vivo el corrido antes conocido como balada. En el resto de Europa, de donde se heredó el género, la balada es música de museo. No hay nuevos representantes y se escucha con nostalgia. Pero en México, el corrido es asunto de jóvenes, de constante transformación y de tradición reciente que cambia a diario para seguir sonando en todos lados. 

Ramírez-Pimienta explica en su libro Cantar a los narcos, que el narcocorrido tiene su origen en la década de los treintas, pero su gran auge es a partir de los setentas. El popularizador del género es Chalino Sánchez. Aunque la mayor parte de su acervo no está relacionado con el narcotráfico, con ese puñado de canciones, Sánchez inaugura un estilo que vendría a instalarse en el gusto popular en los dos lados de la frontera. Ramírez-Pimienta hace hincapié en que este género musical es transfronterizo y que Chalino lo acercó a los jóvenes por primera vez. A pesar de que Los Tigres del Norte son los creadores de esta música casi como la conocemos, fue Chalino quien logró colocarse como un rockstar del corrido. 

Si queremos encontrar un antecedente directo a Peso Pluma, ese es Chalino aunque a algunos les parezca un insulto. Peso Pluma ha logrado que el narcocorrido no sólo sea un asunto de muy jóvenes, sino que llevó a un público nuevo que no escuchaba ese tipo de canciones. 

Por otro lado, el compromiso por las canciones de PP no es tan poderoso. Es probable que alguien más ocupe su lugar en un futuro próximo. La forma de comercialización de la música actualmente permite desechar cantantes con facilidad. Este tema es algo que ya he explorado aquí más de una vez. 

El asunto es que PP sabe que se debe a una tradición y ha decidido honrarla de alguna manera. En el primer concierto de los dos que hizo en Coachella, después de cantar múltiples éxitos cerró su set con una canción muy coreada, una que no puedo distinguir de las otras. No voy aquí a desgañitarme contra la música que hace. Siempre me sorprende que las críticas furibundas son porque no nos gusta algo y ya, no tanto porque exista un análisis estético de la música. 

En fin, el asunto es que en las pantallas gigantes del escenario comenzaron a aparecer los más importantes representantes del género regional mexicano, ese género que abarca desde Luis y Julián hasta Jenny Rivera; desde Los Cadetes de Linares hasta Grupo Firme. Las imágenes se sucedieron sin repetir a ningún artista durante toda la canción. En medio de la interpretación, el cantante gritó: “¡viva la cultura mexicana!” Ahí entendí de qué se trataba todo. La cultura de este país de importación es la del corrido y el narcocorrido. Todo lo demás que producimos viene en segundo término. Somos narradores de historias sórdidas por excelencia. 

¿Qué nos queda? Tal vez reflexionar por qué es esta música la que sobresale. Ramírez-Pimienta ofrece una pista: en realidad la música es un reflejo de la sociedad, si existe este género es porque los creadores están contando lo que se ve a diario por las calles. En lugar de quejarnos por supuestas apologías del narco deberíamos reflexionar qué hemos hecho para tener los resultados que estamos teniendo.

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