Dan ganas de llorar con el cine mexicano

Dan ganas de llorar con el cine mexicano

Por: Adrián Gutiérrez 

El estereotipo que se exhibe en Canta y No Llores es el de un México de taqueros, de rateros, tramposos y cantantes de canciones rancheras, todo ello sin el más mínimo sentido del humor que debe de ofrecer una comedia. 

En lo que debe ser una obsesión o una necedad, me resisto a dejar de ir al cine, pero esa vocación de cinéfilo está comenzando a flaquear, pues al menos desde la pandemia a la fecha, o tal vez un poco antes, la oferta que ofrecen las diferentes cadenas de cines es cada vez más pobre, y no hay casi nada decoroso para escoger, así que puede terminar uno viendo una mala película o hasta una pésima, en una sala vacía, donde ordinariamente apenas hay dos, cuatro, seis, máximo diez espectadores. No entiendo como algunas cadenas cinematográficas siguen operando.

Pero recientemente, como cada semana, acudí para ver una película norteamericana, clasificada como regular, pero resulta que había una equivocación en los horarios publicados y terminé viendo una película mexicana, que no deje a la mitad solo por la intención de escribir posteriormente este artículo y, sin poder hacer otra cosa, lamentarme de la pésima calidad en que ha caído el poco cine que se está haciendo en México.

La película se llama Canta y No Llores, dirigida por Félix Sabroso, con un guión de él mismo y de Frank Ariza, con las actuaciones “estelares”, así entre comillas, de Consuelo Duval, en el papel de “Pepa”; Michelle Rodríguez en el de “Beli”, hija de “Pepa” y una artista frustrada, y Francisco Roeda, también hijo de “Pepa”, un zángano y ratero, recién salido de la cárcel. 

Se trata de una coproducción México-República Dominicana y España, lo que hace que dé todavía más vergüenza.

El guión es pésimo, en un género que se presenta como comedia. Una familia jarocha que vive de vender tacos en un camión viejo o food truck, para usar el término de moda norteamericano. Todos atienden el negocio familiar, mientras una hija sueña con ser cantante; el hijo en robar a quien se deje y otra hija reniega de vender tacos.

El supuesto enredo comienza cuando “Pepa” es testigo de  un accidente automovilístico de unos mafiosos, que dejan tirada una maleta repleta de dólares, la cual se roba y decide escapar, con toda la familia, a República Dominicana, donde ponen otro camión de tacos, pues es lo único que saben hacer con una maleta repleta de dólares.

Ya instalados como taqueros, el enredo sigue cuando conocen a la estrafalaria examante de un famoso compositor que, por casualidades del destino, también había tenido enredos amorosos con “Pepa”, pero resulta que la dominicana es una pícara que se hace pasar por representante artística y le ofrece una carrera de éxito a la hija “Beli”.

El enredo concluye con el conocimiento de un promotor artístico dominicano, al cual seduce, no se sabe ni como, la “Pepa” y de inmediato deciden casarse, pero entonces hacen su aparición los malos, tratando de recuperar su dinero, a través de un sicario caricaturesco, tan torpe que termina muerto de una manera tonta, chocarrera, no graciosa.

El desenlace, para no aburrir con detalles absurdos, es que terminan en Madrid, donde logran montar un gran espectáculo: la hija “Beli” dando un show musical en medio de food trucks de tacos, cantando canciones tan originales como Cielito Lindo, con una “Beli” retacando su redonda humanidad en un vestido de chaquira en colores muy mexicanos.

La película es tan mala que te dan ganas de salir de la sala de cine a escondidas, pues podrías ser acusado de retrasado mental si algún conocido te llegara a ver.

El guión es pésimo, al grado que es inexplicable cómo es que consiguieron el presupuesto para llevar a cabo la película. Consuelo Duval, que es la única actriz reconocible y tiene experiencia en el género de comedia, hace una pésima actuación. Michelle Rodríguez es un mal chiste como actriz, y lo mismo le pasa al resto de los personajes.

Las locaciones son malas, la fotografía también y el vestuario, por lo menos en la parte final, es grotesco.

Una familia de mexicanos que solo saben vender tacos, que les da por robar dinero a mafiosos, que se presumen narcos caricaturescos, y cantar Cielito Lindo, además de otra serie de picardías que no tienen gracia alguna, en lo que es un esperpento de película que se promueve como comedia.

El estereotipo que se exhibe en este pésimo film es el de un México de taqueros, de rateros, tramposos y cantantes de canciones rancheras, todo ello sin el más mínimo sentido del humor que debe de ofrecer una comedia. 

Es una vergüenza que una película así salga al mercado, no solo de México, sino también de República Dominicana y España. 

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