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Manolo Jiménez, la nueva generación de políticos y el reto de un cambio real

Análisis Político y Social / Slider / 5 diciembre, 2023

Por: Álvaro González

El nuevo gobernador de Coahuila posee una visión donde considera que debe de darse un cambio, no solo dentro del medio de la política, sino de toda  la sociedad mexicana para transitar hacia el desarrollo y la modernidad.

Manolo Jiménez Salinas ha llegado a la gubernatura a la edad de 39 años (17 de junio de 1984), después de haber sido alcalde de Saltillo, la capital del estado, por cuatro años y dos períodos consecutivos, de una forma que ha sido calificada por la mayoría de los observadores como exitosa.

Samuel García Sepúlveda, llegó a la gobernatura del estado de Nuevo León, la entidad más industrializada y productiva del país, a los 33 años de edad (28 de diciembre de 1987), y es hoy, a los 35, candidato a la presidencia de la república por el partido Movimiento Ciudadano.

Se trata, en ambos casos, de políticos de una nueva generación; uno dentro del viejo partido del PRI y el otro de un partido opositor relativamente nuevo, que tiene una reducida presencia a nivel nacional.

Otro político igual de joven, presidente municipal de Monterrey, Luis Donaldo Colosio, hijo del asesinado candidato a la presidencia nacional por el PRI en los años ochenta, ha criticado en varias ocasiones a Samuel García, compañero de militancia en MC.

De una manera bastante sensata, primero opinó que “no era su momento ni el de Samuel”, refiriéndose a la candidatura presidencial, añadiendo que él tenía la disposición de dedicarle tiempo a sus hijos, que son pequeños, y a esperar su crecimiento profesional, pues su compromiso por ahora es cumplir su periodo como presidente municipal de la capital de Nuevo León.

Más recientemente ha declarado, de forma más directa, que Samuel García está “tomando decisiones poco prudentes”. “Lo he dicho en otros foros, Samuel es un hombre muy ambicioso y esa ambición lo está haciendo tomar decisiones poco prudentes, movido por el hecho de que a muchas personas no les convencen las otras opciones para la presidencia de la república”, señaló durante un encuentro con empresarios realizado en la ciudad de Houston, Texas.

Luis Donaldo Colosio tiene 38 años, tres más que Samuel, pero es evidente que se trata de dos mentes muy distintas; una, la de Samuel, movida por la ambición juvenil, y la otra por la prudencia de quien sabe que la política es una profesión que se debe cocinar a fuego lento, pues de otra forma se pueden cometer errores o caer en francos excesos.

Estos tres jóvenes políticos tienen antecedentes personales distintos, pero tienen en común el haber sido formados en universidades privadas de élite; el provenir de familias de clase alta y, dos de ellos, el contar con antecedentes de actividad política profesional en sus familias. La más legendaria de ellas es la de Luis Donaldo Colosio, y también la más trágica, lo cual debe explicar en buena medida su buen sentido del juicio y la prudencia.

Luis Donaldo conoce a Samuel y sabe bien porque se expresa de él como “un hombre muy ambicioso”, los hechos demuestran lo que expone el juicio del alcalde regiomontano.

PRETENDER METER EL MAR EN UN VASO

Samuel García llegó a senador de la república de forma completamente circunstancial, a los 26 años de edad, cuando el común de los jóvenes inician apenas su vida profesional y ello, acompañado con la formación que le dio su familia de ambicionar en exceso, le ha dado un aire de suficiente, de arrogancia, detrás en apariencia de un lenguaje despreocupado, norteño y, por momentos, desbocado.

Ya senador, Samuel García tuvo la fortuna de casarse con Mariana Rodríguez, una influencer con muy fuerte presencia en las redes sociales dentro de la zona metropolitana de Monterrey (se maneja la versión que tiene hasta un millón de seguidores), que, a partir de su posición, se ha convertido en empresaria, comercializando sus propios productos y los de otros, mientras sigue creando los contenidos superficiales y frívolos que caracterizan a estos personajes.

Aprovechando precisamente el poder de influencia de su ahora esposa, Samuel García logró convertirse en gobernador de Nuevo León, realizando una campaña fincada en las redes sociales y en mensajes con frecuencia frívolos, casi ridículos, como el color de los zapatos deportivos de su esposa (“fosfo, fosfo”), ganando por un estrecho margen al candidato del PRI y del resto de la oposición, un político profesional de carrera que se consideraba puntero en la contienda.

Durante su campaña y aun antes, había aflorado que Samuel García era miembro de todo un entramado de empresas “factureras” y lavadoras de dinero, lo que tiene fundamento, pero su nueva condición de gobernador lo protege de alguna investigación oficial, lo mismo que sus buenas relaciones con el presidente López Obrador.

Ya instalado en el cargo Samuel se ha mostrado como lo describe  Luis Donaldo: con frecuencia imprudente, sobrado en sus juicios y opiniones, con una percepción muy egocéntrica de su desempeño, donde lo único realmente importante parece ser la decisión del gigantesco complejo internacional TESLA, de instalar una mega planta en Nuevo León, a la cual se opuso AMLO, pero Elon Musk, el magnate propietario de la firma, se empeñó en ello y se le tuvo que dar la autorización.

Samuel García fue invitado a la ceremonia de anuncio de la gigantesca inversión, que hoy por cierto está pausada, en la ciudad de Austin, Texas, donde ocupó un lugar segundón, lo que evidencia que fue invitado por protocolo, pero además que en la decisión de Elon Musk el gobernador de Nuevo León jugó un papel bastante relativo.

Enfrentando la sequía más importante de la historia reciente de la zona metropolitana de Monterrey, Samuel García mostró una inmadurez de una arrogancia cómica. Realizó una gira por la zona de la presa de Dos Bocas y declaró: “Para acabar con la sequía necesito que me llueva aquí mucho durante varios días”. Lo dijo como si fuera el dios Júpiter tronante: dueño y señor de los vientos y de todas las cosas. Fue motivo de muchas bromas.

El mismo tono y actitud han sido usados en muchas otras decisiones de su gobierno, el cual no ha sido especialmente destacado, pese a tener el apoyo del poderoso y absoluto clan empresarial regiomontano y al buen trato de AMLO, en gran medida por la intervención del mismo clan, y por el hecho de sacar del juego político al PRI y al PAN, en un estado tan importante para el país.

Pero el PRI y el PAN controlan la mayoría en el Congreso del Estado, lo que ha contenido hasta ahora a Samuel, quien, fiel a su personaje, ha declarado en repetidas ocasiones que “desapareceremos al PRI y al PAN”. También metió a la cárcel a Jaime Rodríguez “El Bronco”, exgobernador saliente, con quien se ensañó, pero tuvo que ser liberado posteriormente, ya seriamente afectado de su salud.

Por una maniobra perversa de Dante Delgado, dirigente nacional de MC, y del propio AMLO, hoy Samuel García es candidato a la presidencia de la república, manipulado por su ego y repitiendo el grave error que cometió el mencionado Jaime Rodríguez.

Dante Delgado esperó hasta el último momento la decisión de Marcelo Ebrard, pero esta no le convenía a López Obrador y a Morena, por lo que optaron por manipular el enorme ego y la ambición de Samuel, quien ha dejado con permiso la gubernatura para lanzarse a una aventura que puede perjudicar a toda la oposición y beneficiar al partido oficial.

Para dos lobos de la política como Dante Delgado y AMLO, manipular a un joven egocéntrico y ambicioso no parece ser un mayor problema, así que Mariana Rodríguez tuvo que desempolvar sus zapatos deportivos “fosfo” naranja, y lanzarse a tratar también de utilizar las redes sociales bajo el lema de “aquí vamos de nuevo”, solo que hay un pequeño problema: Nuevo León se termina un poco delante de la “Cuesta de los Muertos” y México no es “fosfo, fosfo”, pues apenas saliendo de Monterrey y cruzando Saltillo, a Mariana Rodríguez la capital de Coahuila le pareció un pueblo “ojete” ¿Cómo le parecerá Iztapalapa ahora que lo tenga que visitar?

EL CASO DE MANOLO JIMÉNEZ

Manolo Jiménez, el nuevo gobernador de Coahuila, comparte con los dos políticos regiomontanos mencionados, la juventud, la procedencia de un medio socio-económico alto, la formación universitaria en las mismas escuelas y una visión donde se considera que debe de darse un cambio, no solo dentro del medio de la política, sino de la sociedad mexicana toda, para transitar hacia el desarrollo y la modernidad, teniendo como referencia las grandes democracias capitalistas occidentales.

Manolo Jiménez ya ha terminado el fogueo que está realizando hoy Luis Donaldo: gobernar exitosamente la capital de su estado, lo cual hizo por dos periodos, de uno y tres años.

Anteriormente fue diputado local, en lo que puede considerarse como su iniciación a la política, pero hoy está ante una responsabilidad mayor: gobernar Coahuila.

De los últimos diez gobernadores de Coahuila, y aun antes, solo uno ha asumido el cargo más joven que Manolo Jiménez: Humberto Moreira Valdez, quien llegó a los 37 años, después de haber sido inclusive Secretario de Educación Pública, y se extravió, por su ambición, de tal manera que seguimos, y seguiremos, pagando las consecuencias. Lo contradictorio es que había sido un exitoso alcalde de Saltillo, pero bajo la tutela de Enrique Martínez, quien por cierto ha sido el más joven presidente municipal de la capital, pero llegó ya maduro a gobernador.

Lo tangible es que Manolo Jiménez tiene la experiencia de gobierno, un carácter que parece moderado, es un hombre de familia, lo que es un factor de equilibrio, tiene resuelta su situación económica, lo que puede ser otro factor de equilibrio que modere la tentación del dinero, y está formado en base a ideas nuevas sobre la función pública.

Políticamente goza de una legitimación muy amplia y su gobierno será de coalición, lo que es otro factor de equilibrio.

Como el único gobernador priista (Esteban Villegas de Durango no cuenta ya como priista, para términos prácticos y realistas), tendrá puesta sobre él la atención pública nacional.

Existen los elementos para un buen gobierno, pero gobernar es un quehacer complejo y el poder se puede tornar un demonio que inculca muchas tentaciones personales.

Pero, siempre el pero de la realidad, el de Manolo Jiménez será el tercer gobierno estatal que llevará a cuestas una deuda altísima, que se traga, literalmente, cerca de 4 mil millones de pesos anuales del presupuesto global, que ya está muy comprometido.

La seguridad seguirá siendo una exigente tarea, donde la menor distracción puede ser aprovechada por las organizaciones criminales que codician la frontera de Coahuila, sus rutas hacia la misma, y las ciudades grandes. Esto en ocasiones es tan importante que resta recursos y energía para emprender otras tareas.

Habrá pocos recursos desde el inicio, aunque el incremento al impuesto sobre nóminas es un respiro, pero el gobierno federal dirigido por Morena se ha convertido en un predador del presupuesto de los estados, más si no los gobierna, y de su autonomía.

La expansión industrial, que es el único camino al desarrollo, tendrá que seguir, con mucha imaginación, con pocos recursos, pero con un buen escenario internacional.

Luego viene el manejo político: lograr mantener cohesionado al priismo, en medio de un escenario nacional desastroso; lograr equilibrios y conciliación, pero, al mismo tiempo, abriendo paso a la nueva generación, lo que obliga a desplazar a muchos políticos que ya cumplieron su ciclo profesional, pero estos casi nunca lo entienden así.

Aprovechar todo el empuje de la nueva generación, pero con buen juicio y equilibrio, ese y no otro puede ser el principal reto de Manolo Jiménez.

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