Pemex pondrá pronto en jaque a las finanzas públicas de México

Pemex pondrá pronto en jaque a las finanzas públicas de México

 Por: Guillermo Barba (altonivel.com.mx)

Las amenazas a la economía nacional no cesan. Y entre las que más inquietan está la crisis latente por la situación financiera de Petróleos Mexicanos (Pemex) –la petrolera más endeudada del mundo–, que pondrá en grandes aprietos a la hacienda pública en el futuro próximo.

Las “red flags” (banderas rojas) sobre Pemex abundan, como la de sus proveedores, quienes aseguran que tarda hasta seis meses en pagarles sus facturas, lo que deja a algunas de ellas con graves problemas de liquidez. De acuerdo con Bloomberg, la deuda con proveedores asciende a más de 15 mil millones de dólares, una cifra que se ha más que duplicado en cuatro años.

Añádale a esto la creciente preocupación sobre la capacidad y disposición del gobierno federal para mejorar materialmente la posición de liquidez y estructura de capital de esta empresa productiva del Estado en los próximos dos años, sin concesiones por parte de los acreedores.

Una evidencia reciente de lo dicho es que la agencia estadounidense Fitch Ratings, degradó las calificaciones de riesgo crediticio a largo plazo en moneda extranjera y local de Pemex a B+ desde BB- (bonos basura), a la vez que las colocó en perspectiva de negativas.

Así, ésta que es una de las tres grandes calificadoras crediticias (las otras son Moody’s y Standard & Poor’s) saca a la luz una serie de desafíos que – como le digo- amenazan con poner en jaque las finanzas públicas de México.

Pemex enfrenta vencimientos de bonos de deuda internacional de aproximadamente 4,600 millones de dólares en 2023 y 10,900 millones en 2024, cuya refinanciación pondrá a la compañía bajo mayores gastos de intereses y aumentará la presión sobre su flujo de efectivo, mientras agrava su riesgo de liquidez hacia finales de 2024, cuando un nuevo gobierno estará entrando al país.

La resolución de estos problemas requeriría un tiempo considerable, lo que implicaría un escenario incierto para Pemex.

Apoyar a Pemex en la medida necesaria, dada la elevada deuda y la cantidad de inversión requerida para mejorar su estructura de capital y activos operativos, será cada vez más relevante para las finanzas del gobierno”, expone Fitch Ratings en su reporte.

La degradación de la calificación crediticia y las crecientes necesidades de financiamiento de la empresa representan una amenaza significativa para las finanzas públicas de México –subraya–, pues la petrolera depende en gran medida de los mercados internacionales de capital para refinanciar su deuda, con el 85 por ciento de la misma denominada en moneda extranjera.

En efecto, la refinanciación continua de los vencimientos de deuda a corto plazo aumentará considerablemente los gastos de intereses y expone al gobierno a una mayor carga financiera.

EMITIRÁN MÁS Y MÁS DEUDA

A fin de mantener a flote a Pemex, bajo el escenario de calificación de Fitch Ratings se estima que el gobierno mexicano deberá gastar unos 20,000 millones de dólares más de lo que recibirá de la petrolera en 2026 y 2027, lo que representa un cambio drástico respecto a años anteriores, cuando las contribuciones federales superaban las necesidades de apoyo de efectivo de la empresa.

Es por eso que se intensifica la preocupación con relación a la respuesta del gobierno mexicano, que podría no tener otra opción ni reparo en emitir mayor deuda pública para sufragar los compromisos financieros de Pemex, en un momento en el que – contrario al discurso presidencial- la deuda del gobierno federal se ha disparado en más de 40 por ciento en lo que va del sexenio.

Desde luego que tal medida proporcionaría fondos adicionales a corto plazo, pero lo hará con el costo de arrastrar al país a una irremediable crisis fiscal y financiera.

Evidentemente, una mayor emisión de deuda llevaría más tarde a una degradación de la nota soberana de México (aunque aquí hemos dicho ya debería ser también consideraba “basura” por el alto riesgo que representa para sus inversores).

Una calificación crediticia más baja dificultaría la capacidad de México para acceder a los mercados internacionales de capital en condiciones favorables, lo que se traducirá en mayores costos de endeudamiento no sólo para el gobierno, sino para empresas y personas.

La fiesta de (supuesta) estabilidad y bonanza de la economía nacional – con el “superpeso” de la mano- se acerca a su inevitable final.

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