La corte de los testaferros del Gobierno de AMLO

La corte de los testaferros del Gobierno de AMLO

Por: Eugenia Rodríguez

     Nada parece más vil que poner la pluma al servicio del poder

                                                                                      -Ricardo Flores Magón

Nada parece más viejo y vil que servir al poderoso en turno. Esto es algo que ha ocurrido desde que el mundo es tal, pero en estos tiempos, donde difícilmente algo se puede disimular u ocultar, se vuelve más evidente y, tratándose de medios de comunicación, menos.

Para un(a) periodista, analista, intelectual y hasta para un sacerdote es inevitable tratar con el poder, ya sea en forma de gobiernos, de empresas o de cualquier otra forma. Pero hay una manera digna de hacerlo y hay otras formas oscuras, perversas.

La historia de las relaciones entre la prensa y el poder es fatal, por ser inevitable, pero, dentro de una democracia, tiene sus reglas, entre ellas guardar la sana distancia, la mayor objetividad posible, el sentido crítico y evitar la tentación de ser seducido y corrompido, lo que es tanto peor que ser sometido por el autoritarismo, o por ese otro tirano: la necesidad.

Desde que comenzó el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, un grupo de medios de comunicación, de periodistas y de pseudo periodistas se alinearon a su gobierno. No eran los más importantes ni eran muchos, pero al paso de los años y de la seducción de las prebendas, han ido creciendo en número.

Sobre todos los que no se alinearon cayó el garrote de la venenosa lengua presidencial, acusándolos de todo, desde corruptos hasta conservadores al servicio de la oligarquía y de los enemigos del pueblo.

Tal es el autoritarismo y la intolerancia presidencial, que hay una tribuna específica para descalificar a quienes critican, difieren o sencillamente exhiben lo que no gusta al poder. Eso nunca se había visto en la historia moderna de México, ni tan siquiera en los peores años del viejo PRI, por lo menos no que la censura se hiciera pública y desde Palacio Nacional.

CAMPAÑAS ORQUESTADAS

Al abrirse el periodo electoral, el manejo de campañas orquestadas desde la presidencia de la república en los medios de comunicación se ha vuelto más burda; con un mayor descaro.

Es tal la obviedad que se elabora un guion y se transmite a toda la red de agoreros o testaferros, como se les quiera decir, quienes lo repiten en los medios donde colaboran o en su propio medio.

Para un lector, televidente, radioescucha o internauta ordinario, la orquestación de estas campañas, por supuesto infamantes, puede pasar desapercibidas, pero para un profesional de medios que recorre varios sitios de información en un día, todo es evidente y burdo.

En las últimas dos semanas de agosto, las campañas en contra de la opositora Xóchitl Gálvez arreciaron, motivadas por el temor que le inspira a López Obrador.

Pero pongamos ejemplos.

Una campaña estaba relacionada con el paso de Xóchitl Gálvez por el Instituto Nacional Indigenista, del cual fue titular. El propósito es descalificarla precisamente como indigenista, teniendo ella misma raíces familiares indígenas, pero, lo más importante, muchas relaciones dentro de las regiones y comunidades indígenas del país, que AMLO considera, falsamente, como un coto privado de Morena.

Para el propósito se elaboró un material donde se cuenta una historia retorcida, donde supuestamente Xóchitl Gálvez estaría relacionada por la instalación de una empresa maquiladora en Chiapas, allá en el gobierno de Vicente Fox, hace 20 años, donde participaría un empresario turbio acusado posteriormente de pederastia, el gobierno estatal del momento en Chiapas y el gobierno de Vicente Fox.

No coincidentemente, una información ya muy vieja y que hoy no es de acceso público, sino producto del trabajo de “los buscadores” al servicio de Jesús Ramírez, el vocero presidencial, la pude observar en cinco sitios diferentes: dos editorialistas, uno de ellos colaborador de un periódico regional, un comentarista nacional, dos portales de internet, uno de ellos conocido a nivel nacional, y un periódico de la Ciudad de México.

Burdamente, la narrativa de los cinco era exactamente la misma, publicada el mismo día por la mañana, en tres casos repitiendo adjetivos y párrafos idénticos. Estaba tomada del mismo script gubernamental.

Ese mismo día, en el programa de revista “la mañanera”, López Obrador atacó de nuevo a Xóchitl Gálvez presentando una exposición descontextualizada, donde la acusa de estar en contra de los indígenas de Chiapas, los cuales estaban siendo descalificados por Gálvez en su capacidad de ser empleados de empresas maquiladoras, por no ir este tipo de empresas con la cultura y los usos y costumbres de los pueblos indígenas.

Pero es tal la visceralidad de López Obrador, que pone a cuadro un video completo de una vieja declaración de Xóchitl Gálvez, donde trata el tema y lo hace de manera bastante coherente, de tal manera que más que un perjuicio parece estarle haciendo un favor, pues la exposición de la senadora es muy acertada y, además, anticipa que las empresas maquiladoras no funcionarían en las comunidades indígenas, como efectivamente sucedió.

Toda la corte de agoreros de la 4T repitió, diligentemente, la campaña contra  Xóchitl Gálvez, pero lo hacen como el viejo dicho ranchero sobre el ladrar de los perros en los ranchos: “solo el primero sabe por qué ladra”, todos los demás repiten a coro.

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