Mentiras y salud presidencial

Mentiras y salud presidencial

Por: Marcela Valles

El presidente Andrés Manuel López Obrador es un hombre que padece varias enfermedades, una de ellas grave, eso es de dominio público, por lo cual es de interés nacional que cuando el primer mandatario sufre de algún problema de salud se informe de manera oportuna y seria, sin juegos de simulación, mentiras y manipulaciones políticas, como ha sucedido con el último incidente del “desmayo transitorio” en Mérida, Yucatán, el pasado 23 de abril.

Si se revisa la cronología de los hechos en la semana que va del 23 al 28 de abril, se aprecia una serie de incoherencias y mentiras confirmadas en torno a la salud de López Obrador, las cuales parecen completamente innecesarias y sólo agregan a la tendencia de mentir y ocultar información sobre los asuntos de interés público.

El domingo 23 de abril a las 11 de la mañana, el presidente se disponía a desayunar en la llamada Casa de Piedra, de la Base Aérea Militar No.8 de Mérida, como parte de una reunión para evaluar el avance de los trabajos del Tren Maya, cuando, de pronto, y para sorpresa de los presentes, se desvaneció, permaneciendo en estado inconsciente por unos momentos.

De inmediato lo reanimaron y, ya consciente, él se negó a que lo sacaran en camilla, pero de inmediato fue llevado a los servicios médicos militares, donde lo estabilizaron, para posteriormente trasladarlo de emergencia a la Ciudad de México en el Learjet matrícula 5214 de la Fuerza Aérea Mexicana.

Ya en CDMX fue trasladado en una ambulancia especial a las instalaciones del Hospital Central Militar, para ser tratado por un cuerpo de médicos especialistas. A partir de ahí y hasta el siguiente miércoles se desconoce con certeza dónde estuvo el presidente, si en su departamento de Palacio Nacional o internado en el hospital militar.

Todo se limita a un mensaje en redes sociales que se supone emitió el propio AMLO, donde afirma que se había contagiado por tercera vez de COVID-19, que estaba en reposo y que le sustituiría en las “mañaneras” el Secretario de Gobernación, Adán Augusto López.

El lunes 24, cuestionado por los reporteros, Adán Augusto López sostuvo la versión de que el presidente se había contagiado de COVID-19, que se encontraba al 100 en su salud cardiovascular, que nunca se desmayó en la reunión de Mérida y que había adelantado su regreso a la Ciudad de México en un vuelo comercial a las 15:00 horas del domingo; además, calificó de mentiroso a El Diario de Yucatán, pues el diario sostenía que sí había habido un desmayo del presidente y se presumía algún problema cardiovascular.

El día anterior, el vocero presidencial, Jesús Ramírez, también cuestionado por los hechos sucedidos en la mañana, negó que se hubiera suspendido la gira presidencial y calificó de simples rumores lo sucedido. Estaba completamente desinformado, siendo el vocero presidencial.

Era obligado que, ante la falta de información, las versiones contradictorias y las mentiras de los dos funcionarios del gabinete, se desataran los rumores sobre lo que había sucedido realmente.

Ya bajo presión, el secretario de Salud, Jorge Alcocer, se presentó en la “mañanera” del martes 25, para dar la versión de que el presidente había contraído COVID-19 y se le había complicado debido a su intensa gira de trabajo del fin de semana por los estados sureños. El problema fue que no convenció.

Esto obligó a que el miércoles 26 de abril el propio presidente publicara un video en las redes sociales, donde aparece caminando por uno de los pasillos de Palacio Nacional, sin mostrar ningún signo visible de estar enfermo de COVID-19, como ronquera, tos, constipación o algo que sea típico de un cuadro de COVID-19 sintomático.

En el video, López Obrador reconoció que sí tuvo un “desmayo transitorio”, “un váguido”, en la mañana del domingo, derivado de su contagio de COVID-19 y del ajetreo de la gira que realizaba; también reconoció que fue trasladado a la Ciudad de México para su atención, pero que se encontraba muy bien, en reposo y, obligadamente, trató de hacer una manipulación política del problema, recurriendo al repetitivo argumento de la “campaña de odio” en su contra por parte de los enemigos de la transformación.

El jueves 27 siguió sin aparecer en la mañanera, pero según afirmaría al día siguiente, ya había salido negativo en la prueba de COVID-19. Sólo habían transcurrido cuatro días desde el incidente de Mérida, lo cual es atípico en un cuadro de COVID-19.

Para el viernes 28 reapareció en la “mañanera” con excelente ánimo, exultante, afirmando que había superado el problema y regresaba con mucho ánimo. Se le veía bien en su semblante. La “mañanera” se prolongó por más de tres horas y ese mismo viernes 28 por la noche recibió a todos los senadores de Morena y a las cuatro “corcholatas” en Palacio Nacional, previo a una sesión completamente anómala donde la cámara alta aprobó un gran paquete de iniciativas muy importantes enviadas por él, entre ellas la desaparición del INSABI (que es uno de los fracasos más escandalosos del actual gobierno), la desaparición de la Financiera Rural, la Ley Minera, entre otros asuntos delicados.

Una extraña manera de cerrar la semana, con la atención puesta en su salud y no en el albazo más desaseado e importante que ha dado la facción morenista en el senado, donde se han perdido todas las formas de la división de poderes.

¿Qué se puede concluir de todo esto? En relación a la salud de López Obrador lo objetivo y demostrable es que sufrió un desmayo repentino antes de iniciar el desayuno el domingo 23 en Mérida; él mismo se lo atribuye a una súbita baja de la presión arterial, lo que confirma que sí hubo un problema de orden cardiovascular.

¿Hubo o no infección de COVID-19? Eso ya queda sujeto a la especulación, dado que hay información y hechos que no concuerdan. ¿Se aprovechó el incidente de salud manipulándolo para distraer la atención del albazo legislativo en el senado por la noche del viernes 28 de abril? Eso también queda sujeto a la especulación y a las ganas de creer en un gobierno que mintió repetidamente desde el domingo 23 y por lo menos hasta el miércoles 26.

Es un derecho de la sociedad mexicana conocer el estado real de salud del presidente de la república, pero hoy sabemos del cuadro clínico completo de López Obrador por el misterioso grupo de espionaje Guacamaya, no porque haya sido informado de manera oficial por parte de la vocería presidencial. Así que nadie se puede llamar a ofendido o asombrado si hay especulaciones y hasta rumorología, que se propicia desde el mismo Palacio Nacional.

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