Armando Guadiana vs ‘El Tigre’ Mejía Berdeja, un odio absurdo

Armando Guadiana vs ‘El Tigre’ Mejía Berdeja, un odio absurdo

Por: Gerardo Lozano

Los debates entre los candidatos a la gubernatura de Coahuila no han servido como se deseara para conocer los proyectos de gobierno de cada uno, pero sí para conocer más sobre el perfil de cada uno de ellos, tanto en su parte negativa como positiva, como el odio acervo del candidato del PT, Ricardo Mejía, en contra de Armando Guadiana, el candidato de Morena.

En el primer debate, realizado el pasado 16 de abril en Torreón, Mejía Berdeja mostró que su única estrategia es la agresión y el juego sucio, que llega al insulto, lo que ahora puede parecer una novedad para quien no conoció a este político desde sus inicios en el PRI, pero así es él; hacer el trabajo sucio ha sido su principal tarea política, lo que en parte debe ir con su naturaleza.

El autodenominarse “El Tigre” es parte de un mal consejo o una mala iniciativa personal, para tratar de presentar una imagen fiera, temible, de quien viene a “limpiar Coahuila de la corrupción”, porque todos son corruptos, menos él, algo que refinó durante su paso por el palacio nacional.

Su propósito básico y casi único es dañar la imagen del candidato de Morena, Armando Guadiana, para tratar él de aparecer como el verdadero representante de la 4T, pero principalmente porque es un hombre de rencores, en extremo visceral.

Atacó con todos los elementos a su alcance al candidato de Morena, trayendo a referencia asuntos polémicos de hace cuarenta años, como el hecho de que Armando Guadiana estuvo detenido en la cárcel de Topo Chico, en Monterrey, por una deuda bancaria, un asunto viejísimo que está totalmente desgastado, el cual además solventó en su momento.

También acusó al empresario minero de haberle provocado la muerte a otro empresario al apoderarse de sus bienes, todo ello en la región carbonífera, para enseguida referir que Armando Guadiana tiene expedientes judiciales abiertos ante la FJR, por presunto lavado de dinero en negocios del carbón, donde habría estado coludido con el cártel de Los Zetas, la más brutal de las organizaciones criminales que han incursionado en Coahuila, nada más y nada menos.

Armando Guadiana puede tener otras limitaciones, varias de las cuales se vieron en ese mismo debate, pero está muy lejos de ser un hombre de rencores y de temperamento visceral y, muy probablemente por lo mismo, no llevaba tarjetas o información sobre el lado oscuro de Mejía Berdeja, así que se limitó a calificarlo de traidor y de ser un hombre sin palabra, quien habría traicionado al propio presidente de la república, ante quien se comprometió a respetar los resultados internos de las encuestas de Morena.

Por lo demás, Armando Guadiana tiene claro que no le debe dar juego a Mejía Berdeja, pues esto es lo que desea él, y la contienda verdadera es entre la alianza PRI-PAN-PRD y Morena, por lo cual los otros dos contendientes (el PT y la alianza UDC-PVEM) están de más y están a la caza de los votantes de Morena y, sólo en menor proporción, de la alianza PRI-PAN-PRD.

MORDER COMO ESTRATEGIA

Sobre la alianza PRI-PAN-PRD, Ricardo Mejía se ha tomado los tres temas que venía manejando Morena en las precampañas: la alternancia, “el moreirato” y la deuda del gobierno estatal, los que constituyen la base del discurso de denuncia de Armando Guadiana, pero él trató de aparecer como más duro, con soluciones que, en el papel, llama radicales.

Los cuatro candidatos saben, porque lo han estudiado, que el problema de la deuda, que se originó en el gobierno de Humberto Moreira, técnicamente ofrece poquísima o ninguna posibilidad de eliminarla o más bien de no pagarla. El margen de renegociación se ha ido reduciendo hasta volverse mínimo. De haber otras opciones ya las debería haber ejercido el actual gobierno de AMLO en coordinación con el gobierno de Miguel Riquelme Solís, pero Mejía Berdeja habla de poner a los bancos dueños de dicha deuda a negociar como si se tratara de un regateo donde “el que paga manda”, porque les va a decir que “se acabó la fiesta” para los banqueros ambiciosos.

Demagogia pura, porque aunque el origen de esa deuda efectivamente es completamente anómalo y Humberto Moreira debió enfrentar las consecuencias, ese tren desgraciadamente ya se fue, además electoralmente ya fue empleado con amplitud en la campaña por la gubernatura en 2017, tanto por el PAN como por Morena.

La idea de “el moreirato” es un buen planteamiento para encender a cierta clientela electoral, especialmente en regiones como La laguna, pero históricamente le corresponde a Armando Guadiana Tijerina, quien fue el que originalmente enfrentó a Humberto Moreira, siendo éste todavía gobernador del estado, y se quedó en Coahuila a hacerlo, cuando, en la opinión del propio Armando Guadiana, Ricardo Mejía “salió corriendo del estado para ir a refugiarse en Acapulco”, donde ha radicado los últimos 18 años, pues inclusive no tiene domicilio fiscal ni electoral en Coahuila.

El origen del resentimiento de Ricardo Mejía contra los hermanos Moreira, quienes hoy gozan de una pésima imagen pública, está basado en el resentimiento personal, no en una postura opositora, como la de Armando Guadiana, sino en el hecho de que Humberto Moreira lo desterró de la nómina pública en Coahuila, y trabajar como abogado, que se supone es su profesión, no sabe.

Es una pena para el partido oficial Morena que haya perdido el control sobre este precandidato y esto tenga en serios problemas la posibilidad de ganar la gubernatura.

Según lo mostró en el debate del 16 de abril, Armando Guadiana ni desea ni tiene ya la energía para confrontar y neutralizar la campaña de odio que ha desatado contra él Ricardo Mejía, quien desea para sí la mayor cantidad posible de los votos de Morena, pero sin tener un proyecto político serio y viable. Lo único que puede tener es un teatro mediático, sobre todo en las redes sociales, porque ningún otro medio de comunicación bien establecido se va a prestar a lo que él pretende.

Por lo demás, el debate, realizado en pleno domingo de pascua, fue visto por menos de 10 mil electores, lo que es paupérrimo y debe tener muy escasa repercusión en el posicionamiento de los candidatos.

Además tuvo un formato muy cuestionado, lo mismo que su conducción, tanto de la periodista Sandra Romandía, que dejó mucho que desear, como de Javier Solórzano, que se vio también pobre, no obstante que es un periodista de muy amplia trayectoria. Las tablas no se les vieron, por lo menos no en este tipo de eventos.

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