Ricardo ‘El Tigre’ Mejía, cuando se pierde el piso

Ricardo ‘El Tigre’ Mejía, cuando se pierde el piso

Por: Eduardo Rodríguez

Seis veinte de la tarde, crucero de boulevard Diagonal Reforma y calle Juárez en Torreón, Ricardo Mejía Berdeja, el candidato del PT a la gubernatura, reparte volantes y saludos, rodeado de un grupo de mujeres y hombres con camisetas rojas. Aunque lleva el pelo teñido de negro en su rostro se marcan ya las huellas de un hombre maduro de 55 años, que ha dejado muy atrás aquel joven prospecto del PRI apodado “El Bebesaurio”. Es alto, lo que disimula una barriga muy crecida y las piernas y brazos muy delgados. No se parece en nada a la imagen de “El Tigre”, como se hace llamar ahora en su campaña por la gubernatura, sino el mismo “bebesaurio”, solo que en su versión avejentada.

Mientras reparte volantes, se orilla frente a él un pequeño taxi de color amarillo, del cual desciende un hombre alto, moreno y barrigón con camisa azul. Se detiene para que le peguen una calcamonía en el cristal trasero de su vehículo, algo que hace personalmente Ricardo Mejía, mientras varias mujeres le toman fotografías con sus celulares y una de ellas con una cámara profesional.

Todos aplauden, incluidos dos hombres cercanos que tienen aspecto de guardaespaldas. Ricardo Mejía le da un abrazo al taxista, mientras en el ambiente se escucha una canción guapachosa que repite una y otra vez la palabra del “tigre”: “Hay un tigre en la cocina…” Más atrás, aparece estacionada una camioneta cerrada, completamente tapizada de publicidad, en cuyos costados aparecen enormes fotografías de AMLO y leyendas de la 4T, algo que se supone no debería suceder.

Apenas dos cuadras más atrás del grupo de propagandistas que van con el candidato, se ubica un nuevo anuncio espectacular, donde aparece al centro el rostro maquillado de Mejía Berdeja, rodeado de un dibujo bizarro sobre la silueta de una cabeza de tigre en colores imposibles, debajo del cual aparece la leyenda: Ricardo “El Tigre” Mejía. El anuncio, de pésimo diseño, podría ser parte de una narco-campaña, o de la publicidad de un grupo de música grupera de pueblo dedicado a los narcocorridos, todo menos la publicidad de un candidato a la gubernatura del estado.

¿En qué momento este político ex priista y ex de varios partidos más se extravió? ¿Cuándo AMLO lo hizo subsecretario de seguridad y le encomendó aparecer en la televisión? ¿Cuándo después de ponerlo a hacer campaña y dejar que hiciera cuanto le viniera en gana le dijeron que el no sería el candidato de Morena? Tal vez, pero es muy probable que se haya perdido 18 años atrás, cuando siendo curiosamente también subsecretario del gobierno de Coahuila se reveló contra el PRI, secundando a su jefe político, y estuvo también en las calles con una campaña que se denominaba “la ola verde”, en lo que fue un lance político suicida.

Tal vez se perdió originalmente cuando, en la desgracia política, salió corriendo de Coahuila para refugiarse en el puerto de Acapulco, Guerrero, sin más equipaje que la amargura y el resentimiento. 

¿QUÉ PRETENDE? ¿QUÍEN LO FINANCIA?

¿Qué pretende políticamente? Es muy difícil imaginar que un político de 55 años, que tiene al menos 30 años en la vida pública, sea un ingenuo, puede ser soberbio, al grado de perder el sentido de realidad, ante la convicción de que él era el candidato de AMLO y, siéndolo, era solo cosa de trámite para convertirse en gobernador, algo fabuloso, pero al ser desplazado es tal el golpe psicológico que no logra asimilarlo y pierde el piso.

Puso haber tragado el sapo y negociar una senaduría para el próximo año, y de ahí buscar la presidencia municipal de Torreón, o algo así, pero no tirar el cargo de subsecretario de seguridad pública y bajarse de la tribuna nacional de la que gozaba, que implicaba el apoyo del todopoderoso líder de la 4T. Tener 55 años no son pocos, pero todavía está a tiempo si se administra con astucia, pero apostar en contra de Morena, más si Armando Guadiana pierde la gubernatura, es olvidarse de la carrera política, pues será culpado de la derrota y podría generar rencores, tan frecuentes en el oficio público.

Lejos de cuidar la carrera política, está despertando suspicacias insanas, como el hecho de ¿Quién le financió toda la campaña del 2022 y quien le esta financiando ahora? El PT en Coahuila ni tan siquiera tiene registro oficial y la dirigencia nacional no le va a poner un peso, menos después de que están yendo en contra de la voluntad de AMLO.

¿Porqué trae seguridad personal en un estado como Coahuila donde el crimen organizado tiene una presencia tan relativa? ¡Que debe o a quién le teme? ¿Cómo anduvieron sus relaciones cuando era el subsecretario de seguridad pública preferido del presidente?

La historia de que se negoció ceder al PRI-PAN-PRD la gubernatura de Coahuila a cambio de la gubernatura del estado de México es un disparate; sería la más tonta de todas las negociaciones, si se parte de que el estado de México tiene un padrón electoral casi seis veces más grande que el de Coahuila y, junto con la ciudad de México, pueden ser determinante en la elección presidencial de 2024. En la ciudad de México el PRI-PAN-PRD controlan ya 9 de las 16 delegaciones.

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