¡Que Viva México! Un bodrio grotesco

¡Que Viva México! Un bodrio grotesco

Por: Gerardo Lozano

      El cineasta Luis Estrada se había hecho de un nombre en el cine mexicano con películas como la Ley de Herodes y El Infierno, donde, con una comedia negra y sátira, presentaba un cine de contenido social, en torno a los problemas más críticos del país y, en particular, a la clase política mexicana.

Pero en ¡Que Viva México! Dilapida el prestigio que había acumulado e incluso decepciona a sus seguidores, que esperaban con entusiasmo el estreno de su nueva película, que estaba programada desde noviembre del año pasado.

En que ¡Que Viva México! Luis Estrada se repite, pero además el guion, escrito por Jaime Sampietro, se extravía en más de un sentido, convirtiendo la comedia negra y la sátira en un bodrio grotesco, lleno de lugares comunes, de estereotipos desgastados sobre los supuestos vicios del mexicano pobre; del clasemediero aspiracionista y la lucha absurda entre ambos.

Como en las anteriores películas de Luis Estrada, vuelve a aparecer el pueblo ruinoso y terregoso en medio del desierto y de la nada, el abuso de una escenografía vieja que también se repite y de personajes que, por lo grotesco, son caricaturas increíbles, de un humor simplón que parecen emerger de nuestra peor televisión.

Encima de los extravíos del guion, Luis Estrada se toma 3 horas y 10 minutos en contar la fallida historia, como si fuera una superproducción, así que era inevitable que a la mitad de la película se le caiga la historia y seguramente la atención del cinéfilo.

Si su intención era hacer una crítica social y política, su retrato del “pueblo bueno” y pobre es bastante lamentable y obsoleto, por lo cual, en lugar de hacer una crítica política con unas cuantas referencias aisladas y flojas, quien sale mal parado es el “pueblo bueno”, que se ve retratado como flojo, ratero, “gandaya”, ignorante, codicioso, hipócrita, irresponsable y demás. Al clasemediero no leva mejor, aunque lo retrata de forma menos grotesca.

La película comienza bien, pero en cuanto se adentra en la historia se pierde. Que pena por Luis Estrada, de quien se esperaba mucho más en esta tan anunciada película mexicana; incluso más que en sus anteriores obras, en las que había un cine de contenido social bastante decoroso.

No le recomendamos que invierta 3 horas y 10 minutos de su tiempo para ver la que es, sin duda, una obra fallida, grotesca y, lo que es imperdonable, por momentos hasta aburrida.

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