¿Sirven las etiquetas contra los alimentos chatarra?

¿Sirven las etiquetas contra los alimentos chatarra?

Por: Marcela Valles

Una de las decisiones muy acertadas que ha tomado el actual gobierno federal es la colocación de etiquetas de advertencia en los productos que son nocivos para la salud, la cual entró en vigencia el 1ro. de octubre de 2020. Sin embargo, a casi dos años y medio de la aplicación de esta norma, denominada NOM-051, lamentablemente no hay ningún indicador de que el consumo de los productos etiquetados haya disminuido, inclusive pese a que productos como los refrescos y en general la denominada comida chatarra han incrementado sus precios.

Los sellos negros, indicando en cada producto exceso de azucares, de grasas y de sodio, fueron resultado de un largo trabajo de la Secretaría de Salud, de la Secretaría de Economía y de un grupo de expertos en nutrición de la misma UNICEF, y provocaron una polémica dentro del gremio empresarial dedicado a producir alimentos que tienen que llevar dichos sellos, pues se pensaba que podrían afectar sus ventas, pero lamentablemente todo indica que hasta la fecha no ha sido así.

Ha sido tan poderosa la propaganda y tan arraigados ya ciertos hábitos alimenticios entre la población mexicana, que al parecer se requerirá un esfuerzo mucho más amplio y prolongado para revertir el consumo de esa enorme cantidad de productos que, por el exceso de azúcares, grasas saturadas y sodio, son nocivos para la salud y están relacionados de manera directa con la obesidad y la propagación de enfermedades como la diabetes, la hipertensión y los males cardiovasculares, con un costo cada vez más elevado para el sistema de salud pública del país.

Las llamadas tiendas de conveniencia, entre las que destaca la poderosa cadena de tiendas Oxxo, con 17,400 establecimientos en todo el país, son algo así como los santuarios de la comida chatarra, y continúan en una imparable expansión.

Sólo entrar a cualquier tienda de conveniencia, no importando el nombre de la cadena, se puede observar toda una pared llena de refrigeradores repletos de refrescos, y bebidas edulcoradas de todo tipo, en las que aparecen los sellos negros de advertencia.

Hay un pasillo completo repleto de las llamadas “botanas”, de las cuales prácticamente todas llevan los sellos de exceso de calorías y exceso de sodio.

Otro pasillo está repleto de pastelillos, entre los que tiene una presencia abrumadora los productos de la marca Bimbo, con las etiquetas de exceso de azúcares, exceso de calorías e inclusive exceso de sodio.

Hay otra estantería repleta de golosinas y el mostrador, para cerrar el círculo, presenta la oferta de cigarros, cuyas cajas llevan unas fotografías horribles sobre los daños que causan al cuerpo, pero su venta se sigue dando con toda regularidad.

Y así el resto de la tienda, donde apenas hay un pequeño espacio para exhibir un poco de fruta, que se compra muy poco, algo de lácteos, algunos también con etiquetas, y algunos productos no alimenticios de venta menor.

¿Estamos ante una causa perdida o existe una esperanza, aunque sea entre infantes, adolescentes y jóvenes en el mediano y largo plazo?

Por lo que se puede observar, la Secretaría de Salud dio un paso importante con la colocación de los sellos de advertencia, pero esto no basta; se requiere una participación contundente de la Secretaría de Educación y el uso de los grandes recursos del Estado en los medios de comunicación electrónicos, como la radio y la televisión, sobre los que tiene una gran influencia debido a que son concesionados.

Tratándose de un asunto tan delicado de salud y ante los pobres resultados obtenidos hasta ahora, se requieren programas más contundentes que orienten sobre el no consumo, o al menos la disminución del consumo, de esos productos etiquetados con sellos de advertencia.

Ya se hizo lo que se podía con los sellos, así que es necesario reforzar esta norma NOM-051 de formas más eficaces y contundentes, y eso sólo se puede hacer a través de la Secretaría de Educación y los medios masivos de comunicación.

Y es que las cifras de mortalidad en México no dan opción para actuar con tibieza en relación a los hábitos de alimentación actuales de la mayoría de los mexicanos.

En su reporte preliminar de enero-junio de 2022, el INEGI ha dado a conocer que las dos principales causas de muerte en el país son los problemas del corazón, con 105,684 fallecimientos, y la diabetes mellitus con 59,996 fallecimientos. Si esto se anualiza para todo el 2022, las muertes por problemas del corazón ascienden a más de 200 mil, mientras que las de diabetes mellitus a cerca de 140 mil.

Si se le ve con rigor, sencillamente un niño no debería tomar refrescos y comer sólo con mucha moderación pastelillos embolsados, igual que comer con mucha moderación la mayor parte de las “botanas” que se ofrecen en el mercado, como las papas fritas, entre muchos otros productos.

¿Y adivine cuál es el estado de México con más consumo de refresco? Nada menos que Chiapas, uno de los más pobres y subdesarrollados del país. Pero no sólo ocupa el primer lugar a nivel nacional, sino que ¡a nivel mundial! La mayor parte de esos refrescos son de cola. Datos respaldados por estudios del Conacyt.

Absurdamente, una de las causas aparentes de ese desmesurado consumo de refrescos es la carencia suficiente de agua potable, cuando lo que sobra en el sur del país es precisamente agua.

Estados Unidos es el país más gordo del mundo, es decir que tiene el porcentaje más grande de personas obesas y, al mismo tiempo, el mayor consumidor de refrescos a nivel mundial, como país. Con datos oficiales a 2021 de su ministerio de salud y el de alimentos, una persona estadunidense consume en promedio anualmente 224.5 litros de refresco, en su mayor parte refrescos de cola.

Hace años que la Organización Mundial de la Salud, OMS, estableció que los embutidos de carne sus precursores de cáncer y recomendó la eliminación de su consumo o su disminución al mínimo posible, pero la poderosa industria internacional del sector se ha encargado de acallar esa recomendación, lo que ha impedido la disminución en el consumo de estos alimentos.

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