El estilo presidencial no respeta la investidura

El estilo presidencial no respeta la investidura

Por: Gerardo Lozano

No es propio y además es un abuso de poder utilizar la palestra presidencial para ofender personas, burlarse de los opositores si desean realizar una marcha de protesta e inmiscuirse en las funciones propias del poder judicial haciendo juicios previos sobre sus asuntos. También es impropio y abusivo atacar personalmente a comunicadores, poniendo inclusive en riesgo sus vidas y, en general, la burla y la descalificación sistemática contra todo aquel que piensa o actúa diferente.

Un presidente se debe a todo el país y, en el momento que asume su cargo, debe dejar a un lado su filiación partidista, porque no gobierna sólo para los 30 millones de mexicanos que le eligieron, sino para los más de 120 millones que conforman la población del país.

Esta manera de conducirse genera una polarización y un ambiente social inapropiado, pero además provoca la pérdida de cualquier respeto hacia la figura presidencial, lo que propicia el insulto, la burla y también la descalificación.

Este ambiente se puede observar de forma nítida en las redes sociales, donde la agresividad verbal de los fanáticos y de los opositores genera intercambios de insultos brutalmente obscenos, con una violencia verbal desatada.

Cada que los niveles de aprobación de AMLO descienden, sus asesores y testaferros comienzan a idear de qué manera desatar una campaña de ataques en contra de algo o de alguien en particular.

Siempre hay un coro de personeros, lo mismo en Morena que en otras instituciones, prestos para repetir, con ferocidad, los insultos y los ataques del caudillo, llegando muchas veces a posturas aberrantes o bien ridículas, que son replicadas por los medios afines al actual gobierno, que los retribuye bastante bien.

Muchas veces se pierde de vista que quien está en el poder es Morena y se están utilizando todos los instrumentos del poder central, que en México es enorme, para los fines políticos de un grupo bastante reducido de personas, quienes forman el círculo cerrado que maneja el oficialismo. Los tiempos de oposición de este grupo son historia y hoy, que está en el poder, se ha dedicado a utilizar todos los medios a su alcance para dañar, destruir, descalificar e inclusive desaparecer instituciones.

Es un método y un estilo de ejercer el poder muy agresivo y sucio, en el afán de imponer una ideología que además ni siquiera se atreven a exponer de manera abierta. Actúan de facto, por sus hechos y su toma de decisiones. Una izquierda obsoleta que está tratando de restablecer un nuevo régimen autoritario y populista. Si no han hecho más es porque no pueden, pero avanzan de forma gradual, asestando golpes con una constancia sistemática.

MANOSEARLO TODO

La concentración del poder en un solo hombre y la imposición de un régimen autoritario es cada vez más evidente y más agresiva. AMLO lo decide todo y es vergonzante la forma en que su grupo político le rinde pleitesía.

Recientemente la empresa Tesla, propiedad de Elon Musk, el segundo o primer hombre más rico del mundo, anunció su intención de instalar un complejo automotriz en el estado de Nuevo León, pero AMLO ha entrado a manosear el tema tratando de que se instale en las proximidades del AIFA, el aeropuerto que construyó, desoyendo la opinión de todos los expertos, y que ahora no sabe cómo justificarlo.

El presidente ha llegado al extremo de utilizar a Marcelo Ebrard, el Secretario de Relaciones Exteriores, para presionar a los inversores, pero después él, personalmente, se ha dado a la misma tarea. La inversión extranjera supeditada a la política, y a una política bajuna, vulgar.

Tesla realizará sus estudios de dónde le conviene establecerse y, de no encontrar las condiciones por las presiones del gobierno federal, puede suspender la inversión, pero de no instalarse en Nuevo León estaría sentando un mal precedente, para la propia imagen presidencial, por sus caprichos.

Como el caso de Tesla, que beneficiaría al sureste de Coahuila donde se ubican empresas de proveeduría de autopartes, en el caso de AHMSA también está la mano presidencial y el encono personal de AMLO en contra de Alonso Ancira, su propietario, que, por supuesto, no es ninguna alma angelical y tiene detrás de sí una historia turbulenta, pero AMLO no interviene para tratar de ayudar, sino para manosear políticamente el delicado problema en que está la siderúrgica más importante del país, de la cual vive toda la región centro de Coahuila.

En la región carbonífera de Coahuila pasa lo mismo. De una historia de corrupción en la asignación de contratos de la CFE para la compra de carbón, lo único que ha cambiado es que ahora los nuevos contratos son asignados a políticos afiliados a Morena, a través de prestanombres y de familiares. Todo vuelve a ser manoseado con fines de carácter político, creando una nueva camada de empresarios explotadores del carbón.

En lugar de políticas públicas, tenemos decisiones y caprichos presidenciales y así, sencillamente, no hay forma de impulsar el desarrollo, ni político ni mucho menos económico.

Comentarios de Facebook
Facebook
Twitter
LinkedIn

Lo más visto

Siguiente Noticia

Te podría interesar: