La captura de Ovidio Guzmán, un costo de terror y sangre

La captura de Ovidio Guzmán, un costo de terror y sangre

Por: Agencias/La Redaccion

Diez militares muertos, entre ellos un coronel, 35 más heridos. 19 sicarios muertos, 250 vehículos de particulares destruidos o robados. Un estado del país aterrorizado, paralización de tres aeropuertos (uno de ellos turístico), un gobernador timorato y atemorizado. Todo ello para capturar al número tres en la línea de mando de la organización de “Los Chapitos”, hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Es un costo demasiado alto que está íntimamente relacionado con la política de omisión con que se ha tratado a las grandes organizaciones del crimen organizado.

La política de “abrazos, no balazos” es un fracaso que no se reconoce, pero el segundo “culiacanazo” muestra hasta qué grado el crimen organizado se ha empoderado y ha entrado a un proceso sumamente grave: el uso del terrorismo, por medio del cual desafía de manera directa al Estado mexicano.

Joaquín “El Chapo” Guzmán fue capturado, ya siendo un capo muy importante, hasta en dos ocasiones, y en ninguna de ellas se dio, ni por asomo, lo que ha sucedido en las dos capturas de su hijo Ovidio Guzmán, de tan solo 32 años, quien, junto con otros tres hermanos, encabezan uno de los dos brazos del llamado Cártel de Sinaloa.

Además de ser extremadamente costosa, la captura de Ovidio Guzmán, en la opinión unánime de los expertos en temas de narcotráfico tanto mexicanos como norteamericanos, por sí sola no altera en nada el funcionamiento de la organización de “Los Chapitos”, que puede seguir operando una vez que pase el ruido en los medios de comunicación y el efecto político de la detención, realizada, no casualmente, unos pocos días antes de la visita a México del presidente estadunidense Joe Biden.

UNA HERENCIA DE TERROR

En el rostro del secretario de la Defensa Nacional, Luis Crescencio Sandoval, se pudo observar la incomodidad y el desazón al momento de dar a conocer el resumen de los daños provocados por el operativo realizado en Culiacán. Por más que el presidente trate de suavizar lo ocurrido, como militar, Luis Crescencio Sandoval sabe que el recuento de los daños es grave y es muy preocupante.

¿Qué ha cambiado en la logística del crimen organizado? Lo más importante en la captura de Ovidio Guzmán es que el crimen organizado ha implementado una logística nueva que se orienta hacia el terror como un instrumento de combate.

Ya anteriormente se recurría a tácticas terroristas, pero eran empleadas casi siempre en contra de sicarios y operadores de las otras organizaciones criminales, en su lucha por territorios y rutas del tráfico de drogas y de otro tipo de delitos.

Lo nuevo es que ahora se emplea el terror para desquiciar la vida de la población civil, como lo es el bloqueo de vías de comunicación, el ataque a un aeropuerto, la quema de tiendas o establecimientos comerciales, la amenaza de ataque en contra de las familias de los propios militares y el asesinato de civiles, no como daño colateral sino como ejecuciones al azar.

Uno de los aspectos más relevantes es que los llamados “Chapitos”, encabezados por los hermanos Iván Archivaldo Guzmán, que de acuerdo a la DEA es la cabeza, Jesús Alfredo Guzmán, Joaquín Guzmán y el detenido Ovidio Guzmán, representan a la nueva generación de narcotraficantes del Cártel de Sinaloa, supuestamente opuesta a la facción tradicional de Ismael “El Mayo” Zambada.

Mientras que los hijos de “El Chapo” Guzmán van de los 41 (Iván Archivaldo) a los 32 años (Ovidio), Ismael “El Mayo” Zambada sobrepasa ya los 70 años de edad, y forma parte de la vieja escuela, pero nunca ha pisado una cárcel.

El jefe de sicarios y encargado de la seguridad de “Los Chapitos”, quien estaría al frente de los dos “culiacanazos”, es Néstor Isidro García “El Nini”, identificado por la DEA también bajo el nombre de Néstor o Ernesto Pérez Salas; debe tener, de acuerdo a la misma fuente, apenas entre 28 y 30 años. “El Nini” habría escapado a un operativo fallido para su captura apenas el 7 de enero pasado.

La inteligencia de la DEA considera que gran parte de la peligrosidad de esta nueva organización de narcotraficantes se debe a su misma edad, lo que les hace mucho más violentos y menos calculadores en los daños que pueden provocar y en atraer la atención del estado, al cual retan abiertamente.

El actual gobierno federal que encabeza Andrés Manuel López Obrador estaba obligado a la captura de Ovidio Guzmán, pero la había postergado de manera inexplicable, a tal grado que el narcotraficante se paseaba por las calles de Culiacán a bordo de lujosos automóviles deportivos y vivía apenas a 20 kilómetros de la capital de Sinaloa, pues, en apariencia, no tenía orden de aprehensión por parte de las autoridades mexicanas.

La urgencia de las autoridades norteamericanas en relación a los cárteles mexicanos era, y es, el detener el tráfico de la droga llamada fentanilo, considerada 50 veces más potente que la heroína, que se ha convertido en toda una pandemia entre la población de EEUU, contabilizando ya en el año de 2021 al menos cien mil muertes por sobredosis.

“Los Chapitos” están considerados, en la versión de la DEA, como uno de los dos principales productores y contrabandistas de fentanilo en el mercado norteamericano. La detención de Ovidio Guzmán sería una acción para mostrar que el gobierno mexicano está combatiendo la producción y el tráfico de esta peligrosísima droga.

EL COMPROMISO CON BIDEN

En la reunión de la cumbre de líderes de América del Norte, el 10 de enero, Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden se comprometieron a combatir las organizaciones del narcotráfico y, en especial, la producción de fentanilo, “destruyendo los laboratorios donde se fabrica”.

El mismo día, en la rueda de prensa que acaparó AMLO, hizo una referencia expresa al problema del fentanilo, el cual puede destruir la vida de jóvenes en tan solo seis meses, según comentó.

De acuerdo a este compromiso contraído con sus homólogos de Estados Unidos y Canadá, López Obrador parece obligado a seguir combatiendo al Cártel de Sinaloa y al Cártel Jalisco la Nueva Generación, CJNG; el problema es que lo tendrá que hacer usando la fuerza pública, a través del ejército, la marina y la Guardia Nacional, algo que le ha resultado hasta ahora muy difícil.

En el caso del Cártel de Sinaloa se tendría que desmantelar a la organización de “Los Chapitos”, quienes se han convertido en grandes productores de fentanilo y drogas sintéticas, las que dan grandes ventajas en su producción, en su tráfico y en sus gigantescas ganancias.

El ala tradicional del Cártel de Sinaloa, que dirige desde hace décadas Ismael “El Mayo” Zambada, se muestra interesada en evitar un enfrentamiento directo con el Estado y, todo indica, que no comparte los procedimientos de “Los Chapitos”, pues existe una tregua muy tensa entre ambas facciones.

Es muy probable que ante las presiones gubernamentales, “El Mayo” Zambada pudiera inclusive ayudar al desmantelamiento de “Los Chapitos”, pero, de seguir las tácticas de terror empleadas en los dos “culiacanazos”, el gobierno de AMLO tendrá que dejar a un lado su política de “abrazos, no balazos” y pagar el costo de enfrentar con la fuerza a las facciones y cárteles más violentos del país, y lo tendrá que hacer en el transcurso de 2023 y de 2024, año de la sucesión presidencial.

Los sondeos de opinión que han realizado varios medios muestran que la mayoría de la población aprueba el uso de la fuerza contra el crimen organizado, aún con las prácticas de terror que este implementa en contra de vías de comunicación, de establecimientos comerciales e inclusive de los daños colaterales que se tengan que enfrentar. Se considera que lo peor es seguir con una política omisa, de complacencia del crimen, lo que ha llevado a su empoderamiento.

A más tardar a finales de 2023 el gobierno norteamericano deberá evaluar si AMLO cumplió o no con el compromiso contraído de disminuir la producción del tráfico de fentanilo y otras drogas sintéticas que se producen en México. Si no hay resultados, es un hecho que se pronunciaran públicamente sobre el tema.

Lo más inmediato es que 2022 ha arrancado de forma violentísima en las primeras semanas de enero, habrá que ver lo que sucede con el resto del año.

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