La belleza de un viernes negro en el centro comercial

La belleza de un viernes negro en el centro comercial

Friday Black de Nana Kwame Adjei-Brenyah

Por: Daniel Herrera

Es interesante el mundo editorial de otros países. En este pobrecito México nuestro estamos acostumbrados a que los artistas generalmente necesiten trabajar en múltiples asuntos para más o menos ir sobreviviendo.

Tener un éxito que garantice a cualquier artista ganarse la vida por sus propios medios a través de su disciplina es un sueño que prácticamente nadie llega a conseguir. Quiero decir que, por cada Carlos Fuentes, Guillermo del Toro o Luis Miguel, por citar a algunos artistas pop mexicanos, hay cientos, tal vez miles que se quedaron en el camino. Es algo que siempre podríamos preguntarnos: ¿cuántos no lo lograron para que esos pocos sí llegaran allá arriba?

La lógica nos dice que la posibilidad de que los artistas vivan exclusivamente de su oficio debería ser mucho más común de lo que tenemos en la actualidad. No es ésta una queja amarga, bueno, tal vez un poco sí, pero también es una evidencia de que el sistema apenas permite a unos cuantos alcanzar cierta posición y el resto debe, en el mejor de los casos, diversificarse o de plano dedicarse a cualquier otro trabajo para sobrevivir.

¿A qué viene esta reflexión? Pues a la entrevista que leí del joven escritor estadounidense Nana Kwame Adjei-Brenyah, una de las revelaciones literarias del 2021 y que causó gran atención con su debut literario, Friday Black.

Después de leer su libro de cuentos, busqué más información. Encontré una entrevista del año pasado en The Creative Independent (https://thecreativeindependent.com/people/writer-nana-kwame-adjei-brenyah-on-protecting-the-magic-of-your-creative-work/) en donde afirma que la primera razón que tuvo para dedicarse a escribir fue sacar adelante a su familia que bordeaba la pobreza estadounidense. Sí, hasta parece un chiste.

Por supuesto que su primer intento fue un fracaso. Siete años después alcanzó el estrellato literario gracias a su primer libro. Ahora parece sentir el peso de mantenerse ahí, aunque ha decidido no comprometer su integridad con la publicación de su segundo libro y primera novela: Chain Gang All-Stars.

Es tan raro leer algo así: gracias a su escritura, aunque le tomó algunos años, ha sacado adelante a su familia.

Nada de eso me parece que pueda suceder en este país. En todo caso, los escritores que conozco y que viven de su escritura tuvieron un largo camino haciendo distintos trabajos hasta que sus libros comenzaron a funcionar en el mercado.

También me llama la atención porque después de leer Friday Black me queda claro que desconozco la forma en que los medios y los lectores estadounidenses clasifican a un libro como fenomenal. La contraportada del libro dice que es “una poderosa, extraordinaria, inusual y hermosa colección de relatos”. También afirma: “es un libro oscuro, cautivador y esencial”.

Será que no distingo lo que es “esencial” en la actualidad, pero el libro vale la pena porque tiene dos cuentos perfectos, impresionantes, que se pierden entre otros que sirven pero se ven empequeñecidos. Incluso podría decir que un par de relatos no tienen nada que hacer en este volumen.

Como creo que con ese comentario es suficiente, prefiero enfocarme en aquellos que me parecen un golpe macizo a la jeta de quien quiera leerlo.

Para el autor, la combinación de realismo, fantasía y ciencia ficción es natural. No existen fronteras entre los distintos géneros y eso juega tanto a su favor como en contra. En algunos momentos me parece que sus historias las resuelve un poco gratuitamente porque se permite romper con las reglas de los géneros. En otras ocasiones, es posible palpar el absurdo y cierto hiperrealismo que se alimenta de la sociedad estadounidense.

Desde un personaje a quien le enseñan a medir su negritud para ir viviendo, hasta las complicaciones éticas de una muchacha que vive el mismo día una y otra vez. Entre un realismo incómodo después de enterarse gracias a Black Lives Matter cómo vive la comunidad negra en Estados Unidos, hasta un cuento ultraviolento de ciencia ficción, Nana Kwame puede pasar desde la sorpresa a la incomodidad y desde el bostezo hasta la emoción por seguir leyendo. Más que un gran libro, me parece irregular, pero que promete mucho sobre lo que el autor siga publicando de ahora en adelante.

Me quedo principalmente con dos cuentos: Venta al público y A través del destello. Creo que son los dos registros que mejor maneja el autor.

Por un lado, la vida diaria de la clase baja estadounidense. La forma en que debe trabajar todos los días sin detenerse porque entonces no come. Un tópico que ha sido largamente explorada por la literatura gringa pero no por eso hace que el tema sea menos interesante o no se pueda aproximar a él de forma creativa.

Por otro lado, me agrada mucho que el autor describa escenarios apocalípticos y la forma en que los sobrevivientes viven. Estos escenarios, por supuestos, incluyen gobiernos totalitarios y guerras sin sentido.

Los demás cuentos, desde los mejores hasta los más fallidos viajan entre esos dos estilos. Los menos logrados son aquellos que involucran fantasmas. Los mejores son los que hablan de la vida diaria en un mundo destruido.

Como buen autor estadounidense, la belleza del lenguaje no es un asunto principal. En todo caso, a pesar de la traducción española, ya lo sabemos, la prosa de Nana tiende más hacia lo práctico. No estamos ante un autor que busca sorprender con fuertes imágenes y lo que eso pueda transformarnos. Esta belleza debe ser entendida en cómo la maldad y la destrucción también nos pueden llevar a sentir algo humano. Algo que siempre nos acompañará hasta el final de los tiempos, cuando nuestras figuras queden impresas sobre una pared blanca después de que llegue la bomba que terminará con todo.

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