Coahuila electoral: sorpresas y varias decisiones extrañas

Coahuila electoral: sorpresas y varias decisiones extrañas

Por: Álvaro González

“La política es el teatro más rápido del mundo.”

Alejandro Rossi

Tenemos en Coahuila el escenario electoral menos esperado de todos los que eran considerados posibles en 2022. Nunca en Coahuila ha existido un proceso electoral como el que acaba de comenzar para la renovación de la gubernatura y del Congreso del Estado.

Hay cuatro fuerzas políticas en este inédito escenario: la alianza PRI-PAN-PRD, la alianza UDEC-PVEM, el PT y Movimiento Ciudadano, los tres últimos en calidad de oposición y la primera como aspirante a la continuidad en el poder y en la mayoría legislativa.

Esto está plagado de sorpresas y de algunas decisiones extrañas, casi inexplicables. La primera de ellas es la alianza PRI-PAN-PRD. Es sorpresivo ver una fotografía en los diarios donde aparece el candidato Manolo Jiménez rodeado de toda la plana mayor del PAN en el estado, todos aparentemente felices y sonrientes, cuando hace apenas un poco menos de 5 años que el PRI y el PAN sostenían una feroz contienda legal por la gubernatura estatal.

El adversario histórico del PRI en Coahuila es hoy un aliado decidido, en lo que se ha propuesto como una alianza, por la cual se gobernaría de manera conjunta, en caso de ganar la elección del 4 de junio. Morena y en particular Andrés Manuel López Obrador han logrado algo que hasta hace muy poco parecía imposible, ya no de hacerse, sino siquiera de plantearse.

El PRD, por lo menos en Coahuila, es un invitado de animación, pues prácticamente se encuentra casi extinto y, con esta alianza, por lo menos recuperaría una posición de sobrevivencia en el estado, pero es simbólico y agrega, en la teoría, un componente de izquierda a la alianza, que arranca el proceso como puntero en las preferencias de los electores.

MORENA SE PARTIÓ

La alianza que venía manejando Morena con el PT y el PVEM se partió en tres por primera vez en un proceso por la gubernatura, lo que incluye una serie de decisiones extrañas.

Todo indica que las cosas comenzaron mal con la designación de Ricardo Mejía Berdeja como precandidato de Morena, siendo Subsecretario de Seguridad Pública y, en apariencia, un hombre muy cercano al presidente de la república.

Sin conocer bien los antecedentes, el temperamento y las obsesiones de Ricardo Mejía, le dieron todo el apoyo para convertirlo en el candidato, violando inclusive muchas disposiciones legales en materia de precampañas y calendario electoral de Coahuila.

Tuvo todo: apoyo presidencial, dinero en cantidades grandes sacado de no se sabe dónde (por lo menos no con claridad), apoyo de los gobiernos municipales de Morena, apoyo de la oficina de comunicación de la presidencia, negociación con políticos priistas para comprarlos, manos libres para manipular la elección de consejeros. Nada le faltó.

Esto hizo suponer a toda la clase política y a los medios de comunicación que era el hombre del presidente; que no había duda alguna, y en ese sentido se movió la mayor parte del morenismo en Coahuila, pero no el ciudadano común, que vio de pronto aparecer en el escenario público a una figura desconocida; el nuevo e improvisado precandidato resultó extraño, ajeno.

Había tal suficiencia que personalmente Mejía Berdeja le pidió a los otros precandidatos, Armando Guadiana y Luis Fernando Salazar, declinar a su favor, a lo cual por supuesto se negaron, lo que comenzó a generar una confrontación con Armando Guadiana, quien recibió ataques en los medios de prensa de la ciudad de México, a los que respondió.

FOTO: GALO CAÑAS/CUARTOSCURO.COM

EL ROMPIMIENTO

Llegó diciembre y la dirigencia nacional de Morena (Mario Delgado), tuvo que evaluar, con base en tres sondeos de opinión, cuál era el posicionamiento de los tres candidatos, y vino a resultar que Armando Guadiana se encontraba, con amplitud, en la primera posición; Luis Fernando Salazar en la segunda y Ricardo Mejía en la tercera.

Comenzaron entonces las sorpresas, por lo menos para el propio AMLO y para Mario Delgado. Ricardo Mejía Berdeja, quien en su imaginario ya se veía como gobernador de Coahuila, se salió de control, desconoció las encuestas y, aún con la mediación personal de AMLO, quien le ofreció seguir en la subsecretaría de seguridad y ser su representante especial en Coahuila, se negó a disciplinarse y decidió seguir por su cuenta.

Aún para los analistas políticos esto era difícil de asimilar, debido a su cercanía con AMLO. Se dieron muchas elucubraciones sobre una supuesta maniobra “insospechada”. Hubo quien habló de un “experimento”, pero al final el propio AMLO ha simplificado las cosas al afirmar públicamente que Ricardo Mejía dejó el cargo público sin tan siquiera despedirse, mucho menos dar las gracias. “Solo mandó un papel”, afirmó en la mañanera el presidente.

Para quien ha seguido la política de Coahuila, por lo menos del 2000 a la fecha, hay una explicación sobre lo sucedido. Ya en primera persona el comportamiento político de Ricardo Mejía se repite. En el 2005 él y Raúl Sifuentes Guerrero protagonizaron algo muy similar, sólo que el precandidato era Raúl Sifuentes y Ricardo Mejía el segundo de abordo. Se salieron de control, se fueron contra Enrique Martínez y Martínez y el PRI, del cual éste era el jefe en el momento, y las cosas terminaron muy mal con Raúl Sifuentes dilapidando su carrera política y Ricardo Mejía en el exilio político, brincando de partido en partido para sobrevivir.

En esta ocasión Ricardo Mejía creía tenerlo todo listo; hablaba inclusive de contar ya con su “propia estructura” para dar inicio a la campaña, lo que incluía todos los amarres y el financiamiento. Al momento que le niegan la candidatura de Morena recibe un golpe tal que lo saca de realidad y se regresa al 2005, rompiendo con Morena, y lo más delicado, saliéndose de la protección de AMLO de la que gozaba.

¿Por qué se va al PT? En apariencia se va al PT porque este partido parásito forma parte de la 4T, no existe en Coahuila o tiene una existencia simbólica, y él “con su estructura”, puede lanzar una campaña electoral que pretende, en la teoría, llevarse una gran parte de los votos de Morena, y obtener algún tipo de beneficio político, que no es otra cosa que seguir su carrera política. Es posible que haya pensado en algo parecido a lo que sucedió en San Luis Potosí, donde la alianza PVEM y PT ganó la elección a la gubernatura por un muy estrecho margen. Si esos son sus cálculos, estamos ante el mismo Ricardo Mejía de hace 18 años: un político que toma sus decisiones con las vísceras y la soberbia, a la que habría que añadir la venganza sobre quienes lo desterraron de Coahuila, o por lo menos eso cree él.

En la postulación por el PT hay una gran interrogante muy difícil de explicar. Toda campaña electoral por una gubernatura requiere de fuertes recursos económicos, en este caso muchos millones de pesos, pero el PT no tiene ni tan siquiera presupuesto en Coahuila, ni la dirigencia nacional le va a invertir. Es muy difícil que los empresarios carboneros que estaban financiando parte del gasto de Mejía Berdeja vayan a invertir yendo en contra de Morena, por razones obvias, así que surge el cuestionamiento obligado: ¿quién va a financiar la campaña? Este es un asunto demasiado delicado al cual tanto el medio político como el periodístico deben estar muy atentos.

¿Y EL PVEM POR QUÉ?

La posición del PVEM es difícil de explicar, pues yendo en alianza con Morena tenía la posibilidad de obtener un mayor beneficio, a menos que haya la convicción de que Armando Guadiana va a tener un muy bajo nivel de votación, lo cual es muy improbable, debido al muy fuerte posicionamiento que tiene el partido oficial a nivel nacional. Por mal que vayan las cosas seguirá siendo la segunda fuerza político-electoral en el estado.

Los dirigentes del PVEM deben pensar diferente y se han sumado a la UDC, un partido regional que tiene influencia en el norte del estado y en la región carbonífera, pero ahora irá por su cuenta, sin la alianza con Morena y con la competencia del PT, Movimiento Ciudadano y la alianza del PRI-PAN-PRD.

El PVEM es, para usar un término muy fuerte, el gran parásito de la política mexicana; no hay partido o fuerza política con la cual no se haya aliado en algún proceso electoral, así que en sus cálculos les resulta de más provecho aliarse ahora con la UDC, con lo cual tendremos tres competidores electorales manejando un discurso muy similar, con la diferencia que el apoyo de los programas federales, del propio AMLO y medios, será para Armando Guadiana.

El discurso opositor tiene sólo tres temas: la alternancia, la deuda pública del estado y lo que denominan como “el moreirato”. La alternancia puede ser un tema importante, pero por sí mismo no parece ya tan atractivo a estas alturas del gobierno de la 4T, cuando ya los gobiernos morenistas en varios estados están mostrando niveles de resultados muy pobres.

La deuda es un tema que se ha vuelto viejo y técnicamente está cerrado, pero se le puede sacar provecho, mientras que el asunto del “moreirato” fue muy útil en la elección del 2017, pero también se ha avejentado, aunque el político que tiene más argumento para levantar esa bandera es Armando Guadiana, debido a que, en la práctica, es el único que confrontó abiertamente a los hermanos Moreira en su momento, porque Ricardo Mejía se ha pasado los últimos 18 años en las playas de Acapulco y Lenin Pérez nunca los confrontó, ni antes, ni durante los últimos años.

UNA PUGNA ELECTORAL CRUZADA

A diferencia de lo que ha sucedido en elecciones anteriores por la gubernatura, las cuales estaban caracterizadas por la contienda entre el PRI y el PAN, ahora no se tratará solamente de la confrontación entre Morena y la alianza PRI-PAN-PRD, sino que habrá fuego cruzado entre los partidos opositores.

Morena tiene que convencer a su clientela de que el PT y Ricardo Mejía no son parte de la 4T, no tienen la aprobación de AMLO y son “traidores” a su movimiento, mientras que Mejía Berdeja ya comenzó a atacar a Guadiana Tijerina de “traidor” y “vendido”, en lo que es un pleito que ha pasado del plano político al terreno personal.

En medio de esta pugna tan ácida, la alianza UDC-PVEM tratará de buscar un espacio para intentar atraer alguna clientela de oposición, lo que se ve bastante difícil, pero más difícil tiene el escenario Movimiento Ciudadano, que no tiene presencia en Coahuila y debe considerar que cualquier cosa que coseche es mejor que no tener nada.

Para la alianza PRI-PAN-PRD, la contienda electoral tendrá que manejarse con un discurso propositivo sobre la problemática real del estado en temas básicos de seguridad, empleo, crecimiento económico, servicios, salud y el capital político que está dejando Miguel Riquelme Solís, que es el principal activo.

La figura de los hermanos Moreira deberá ser desterrada, literalmente, de la campaña, mientras que tendrán que neutralizar el discurso de Mejía Berdeja, que será sin duda el más agresivo, pero la mayor fuerza la representará sin duda Morena, con todo el apoyo federal y presidencial, que sigue en niveles muy altos.

Manolo Jiménez no se puede permitir ningún error, ni bajarse a los pleitos de callejón que estaremos presenciando, pues seguramente correrá lodo por carretones.

En el arranque de las precampañas el puntero es la alianza PRI-PAN-PRD; la segunda posición la conserva Morena, mientras que el PT y la alianza UDC-PVEM se pelearían la tercera posición, relegando Movimiento Ciudadano a una cuarta o quinta posición. Ya las mediciones dirán cómo se van movimiento las preferencias con el correr de los meses.

El proceso electoral puede tener los giros más imprevistos, pero lo que es una certeza es que nadie padecerá de aburrimiento o falta de color.

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