Morir en la calle

Por: Marcela Valles

Los padecimientos cardiacos son la principal causa de muerte en México. De cada 10 mexicanos que fallecen, dos son por problemas del corazón, pero, debido a la mala prevención, al descuido y a los deficientes servicios de salud en el país, muchos de estos fallecimientos se dan en la calle o en los lugares más inesperados, y la mayoría son personas de la tercera edad.

Roberto “N” salió de su casa para hacer unas compras en el mercado La Alianza, al poniente de Torreón. A unas cuatro cuadras de pronto se desplomó, cayó sobre la banqueta. Algunos transeúntes se acercaron a tratar de prestarle ayuda, pero Roberto, de 65 años, había fallecido de manera fulminante, su corazón lo mató. El forense reportó que padecía de una insuficiencia cardiaca que ni tan siquiera le había sido diagnosticada, además de ser hipertenso y tener problemas de bloqueos arteriales.

La muerte súbita en plena calle o en lugares públicos es un suceso que se ha vuelto cotidiano entre las noticias llamadas “rojas” o “de seguridad” en los periódicos, pero es algo que pasa desapercibido, como si fuera parte de la cotidianidad.

Morir sobre una banqueta, en una plaza pública, en el transporte, es una forma penosa de morir por parte de gente de medios sociales pobres, quienes, en el mejor de los casos, no cuentan sino con los deficientes servicios de salud pública, que no atienden adecuadamente sus males, pero en muchos de los casos se trata de personas que no tienen ningún tipo de servicio público.

Felipe, de 58 años, fue toda su vida chofer de tráiler y prestaba sus servicios para una conocida empresa lechera de la región laguna. Como la mayoría de los camioneros, llevaba una vida de trabajo salvaje, donde lo más común es que no tengan horarios, coman en fondas o tugurios ubicados en las proximidades de las carreteras, duerman muy pocas horas durante días y, aunque no era el caso de Felipe, muchos de ellos emplean estimulantes para poder soportar las jornadas extenuantes de trabajo.

De acuerdo a la necropsia, Felipe murió de un infarto fulminante al miocardio. Por muchos años había llevado una alimentación muy poco saludable, tenía sobrepeso y hábitos de vida que en nada ayudan a mantener un corazón saludable. Como a Roberto “N”, su corazón lo mató de manera sorpresiva. Murió mientras dormía en el camarote de su camión.

A José Alberto le falló su corazón de forma súbita pero de una manera mucho más singular. A sus 63 años fue encontrado muerto en el cuarto de un motel de segunda. Había compartido parte de la noche con una prostituta joven, con la cual estuvo tomando bebidas alcohólicas, al mismo tiempo que tomaba viagra para exigirle erecciones a su cuerpo ya viejo.

Después de la segunda relación, su corazón se vio demasiado exigido y se paró súbitamente. Viéndolo inerte, la prostituta se asustó, se vistió de prisa, salió del motel y tuvo la gentileza de llamar a los servicios de emergencia. Ese día José Alberto, carpintero de oficio, había cobrado su quincena y tenía ganas de irse de fiesta y, sí, fue la última parranda que se dio.

DESCUIDO Y MALOS HABITOS

Cuando Juan “N”, un empleado jubilado de 66 años se desplomó a una cuadra del Mercado Juárez, en el centro de Torreón, y su cuerpo se impactó de forma sórdida contra el piso de cemento, jamás se había hecho un chequeo coronario, en la opinión de sus familiares. De acuerdo a la necropsia, era hipertenso y no lo sabía, pero además tenía dos bloqueos coronarios, los cuales hubieran sido detectados con un simple electrocardiograma, si se hubiera realizado algún chequeo. Sus platillos favoritos eran la barbacoa de res y el menudo; no podía comenzar un día sin beber una coca cola de medio litro después del desayuno y otra más después de la comida, el día que falleció iba al mercado precisamente para comprar chicharrones de cerdo.

En nuestra cultura sólo un grupo minoritario de población de clase media alta y alta acostumbra el checarse preventivamente su salud cada año o cada dos años, una vez que está ya entrado en los años cincuenta, pero especialmente si sobrepasa los sesenta.

Entre las personas de escasos recursos económicos, suele acudirse a algún tipo de consulta médica sólo cuando se presenta alguna dolencia o enfermedad manifiesta, esto si se tienen los servicios de afiliación a algún tipo de institución de seguridad pública.

Aún con estas limitaciones, una buena parte de la población sí puede acudir a consulta con el médico familiar en instituciones como el IMSS y el ISSSTE, donde se le puede ordenar un chequeo general, tanto clínico como de laboratorio.

El principal enemigo de los padecimientos cardiovasculares es el mal estilo de vida que se lleva, especialmente si se ha llegado ya a cierta edad madura. El sobrepeso es cada vez más frecuente, de forma más acentuada en las mujeres; la comida no ayuda, al ingerirse exceso de azúcares, grasas y carnes rojas, así como la ingesta de refrescos y bebidas alcohólicas, a lo que se agrega la falta de ejercicio. Anteriormente cualquier persona y a cualquier edad al menos caminaba mucho, pero aún eso se ha eliminado cada vez más y la vida urbana se vuelve cada vez más sedentaria.

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