La guacamaya campechana: con la ley entre los pies

La guacamaya campechana: con la ley entre los pies

Por: Marcela Valles

La mujer lleva el pelo rojizo. Su rostro, trabajado por una gran cantidad de cirugías plásticas, engaña sobre su edad. Una anciana de 77 años de edad, hija de Carlos Sansores Pérez, un cacique político priista de mediados del siglo pasado y un echeverrista que ocupó la dirigencia nacional del PRI, dejando una herencia política oscura y llena de tramas de corrupción.

Layla Sansores San Román no podía encarnar mejor lo grotesco de la política misma. Rica por la herencia de su padre, se empeñó, por más de dos décadas en ser lo que finalmente hoy es: gobernadora de Campeche, un estado sureño tirado de panza junto a un mar verde y una tierra pródiga, que poco trabaja como debieran gracias a que está frente a la “sonda de Campeche”, el mayor yacimiento petrolífero que ha tenido el país.

Inicialmente militó por 30 años en el PRI, bajo la sombra de su padre, lo que le permitió ser diputada federal y senadora de la república, pero en 1996 renuncia al PRI y se suma al PRD para ser candidata, por primera vez a la gubernatura de Campeche. Pierde y se dedica, por meses, a realizar un escándalo y denunciar fraude.

Caprichosa, beligerante, abandona el PRD y se suma a Convergencia, hoy Movimiento Ciudadano. Vuelve a ser candidata a gobernadora en 2001 y vuelve a perder. Le restan dos fracasos todavía bajo la sombra de su padre.

En el 2006 MC la hace diputada federal por segunda vez y en 2012 senadora de la república, también por segunda vez, pero ella quiere ser gobernadora de Campeche, como su padre.

Renuncia al MC y ahora se suma a Morena para ser, por tercera vez, candidata a gobernadora en 2015, pero vuelve a perder, en este caso frente a Alejandro Moreno, actual dirigente nacional del PRI.

En 2018 renuncia al senado y se lanza como candidata a la delegación Álvaro Obregón de la ciudad de México. Gana, pero aquello se convierte en un problema para los habitantes de la delegación, pues resulta una pésima alcaldesa, la peor evaluada entre las 16 que conforman la capital del país, con apenas un 19.4% de aprobación y un 81.5% de rechazo, pero aún con semejantes resultados AMLO la hace candidata al gobierno de Campeche. Le debía favores políticos y económicos.

En 2021, al cuarto intento y ya con la edad avanzada, logra el sueño político de toda su vida: se convierte en gobernadora de Campeche.

Alejandro Moreno Cárdenas, Presidente Nacional del PRI, en entrevista para EL PAÍS, en la sede del partido

LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA

Para quienes le conocen estaba claro que llegaba demasiado tarde y no había que esperar mayor cosa de ella, menos después del desempeño que había tenido en la delegación Álvaro Obregón, donde había mostrado que era una señora rica, prepotente y caprichosa, finalmente la hija mimada del viejo cacique ya hacía mucho tiempo desaparecido.

Se habría perdido en el escenario político nacional, pero de pronto AMLO le encontró una utilidad bastante perversa, que le venía como hecha a la medida al personaje: usarla para publicar información confidencial, obtenida a través de los servicios de inteligencia del propio estado, sobre los “enemigos” políticos del gobierno de la 4T, pero también contra los “amigos incómodos” y todo aquel que estorbe a los deseos del señor presidente.

Ella, con mucho gusto, montó una parodia de las “mañaneras”, a la que denominó como “Los martes del jaguar”, una especie de programa grotesco a través de un canal de YouTube.

En dicho “programa”, donde parlotea de todo, imitando al propio AMLO, de pronto comenzó a dar a conocer grabaciones privadas sobre Alejandro Moreno, el dirigente nacional del PRI, exgobernador de Campeche.

Unas semanas antes, luego se difundiría públicamente, el senador del PVEM, Manuel Velasco Coello, también exgobernador de Chiapas y uno de los políticos más cercanos a AMLO, le había transmitido a Alejandro Moreno un mensaje de parte de Adán Augusto López, secretario de Gobernación, donde le advertían que el PRI debía votar a favor de la iniciativa de militarizar la Guardia Nacional o “iban a ir con todo” sobre él.

Está fuera de discusión que Alejandro Moreno es un político impresentable, con una cola de trapacerías larguísima y un grave descuido de las formas y de sus conversaciones; en suma, un candidato ideal para el escándalo, a quien los servicios de inteligencia del gobierno federal lo habían estado grabando desde que ocupó el cargo.

Con todo, Alejandro Moreno se resistió o no creyó en la amenaza, pero antes de que se diera cuenta, ya Layla Sansores tenía toda una biblioteca de grabaciones de audios e intervenciones de teléfonos celulares, o por lo menos eso dijo ella, quien se justificó peregrinamente en que “le habían llegado de forma anónima”, así, sin más.

Lo más creíble es que le fueran proporcionando los materiales grabados poco a poco, de una forma retorcidamente planeada.

La repercusión de la divulgación de los audios tuvo un efecto brutal en la imagen del dirigente nacional del PRI, a quien adicionalmente le abrieron un proceso de desafuero como diputado federal, para apretarle aún más la soga al cuello.

“Alito” Moreno se resistió, pero le tenían agarrado, así que el PRI terminó votando a favor la militarización de la Guardia Nacional, lo que paró, por lo menos temporalmente, la divulgación de audios en “Los martes del jaguar”, pero sólo momentáneamente porque ya le habían tomado gusto a este procedimiento político, más propio de capos que de gobernantes de un sistema democrático en el cual debe imperar la ley, bajo cualquier circunstancia.

CONTRA ENEMIGOS Y “AMIGOS ÍNCOMODOS” DE LA 4T

Una vez que terminaron con Alejandro Moreno, Layla Sansores se ha prestado a seguir su quehacer de “guacamaya” del régimen, pero ahora contra personajes como Lorenzo Córdova, todavía consejero presidente del INE, entre otras gentes a quienes quiere destruir políticamente el gobierno de AMLO, pero la novedad es que se ha lanzado también contra Ricardo Monreal, el líder del senado, a quien le comenzó a publicar grabaciones de audio y de texto, obtenidas a través del espionaje oficial de su teléfono celular.

Las nuevas grabaciones carecen de la espectacularidad y el morbo de las primeras; se trata de asuntos mucho más triviales que han ido perdiendo el interés de los medios, porque además el juego se ha evidenciado y no resulta ningún secreto que el origen de tales grabaciones está en el uso indebido de los organismos oficiales de inteligencia; Layla Sansores no tiene los recursos técnicos para hacerse de ellas.

En su momento, allá en los años setenta, Jesús Reyes Heroles evidenció a “El Negro” Carlos Sansores Pérez como un personaje desleal, dado a las confabulaciones y al juego sucio en la política, así que la hija tuvo bastante de dónde abrevar.

Ricardo Monreal, que se ha convertido en un personaje de Morena cada vez más incómodo para AMLO, interpuso ya dos recursos legales en contra de la publicación de materiales privados por parte de la gobernadora de Campeche, quien, conforme a derecho, está cometiendo un delito y por encima de las disposiciones judiciales ha seguido publicándolo y mostrando que no le importa en lo más mínimo la ley, pues la cobija la sombra presidencial.

Tampoco se ha detenido ante el hecho de que 80 senadores han respaldado abiertamente a Ricardo Monreal en sus demandas sobre los actos de Sansores San Román, lo que es algo sumamente delicado.

Si ni el líder del Senado de la República y un prominente miembro del partido gobernante puede parar legalmente a Layla Sansores, es entonces preocupante algo que se está repitiendo en muchos ámbitos: la violación del estado de derecho por parte del actual gobierno de la 4T, a quien han dejado inclusive de importarle el cuidado de las formas y las apariencias.

Habrá que imaginar sólo un poco lo que están haciendo los organismos de inteligencia gubernamentales con periodistas críticos, empresarios y políticos incómodos opositores a Andrés Manuel López Obrador y, en el colmo, el “fuego amigo” entre las diferentes facciones que se han formado al interior de Morena, una vez que se ha iniciado de forma anticipadísima el juego perverso de “el tapado”.

Es vergonzoso que una mujer, que es de las pocas gobernadoras que tiene Morena, se preste con gran regocijo a ese tipo de juegos perversos, cuando ella misma, a lo largo de algo así como 50 años dentro de la política, ha venido acumulando toda una estela de corrupción y trapacerías, pero aunque no hubiera tal, tampoco es digno y profesional prestarse a ese tipo de juegos retorcidos.

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