El crítico en su laberinto

El crítico en su laberinto

Por: Daniel Herrera

Escritor y músico lagunero
twitter: @puratolvanera

Una idea equivocada que se tiene de los críticos dentro de cualquier disciplina artística es que quien hace una crítica no está calificado para hacerlo si no ha desempeñado la disciplina sobre la que escribe. Me explico: un crítico no puede escribir sobre música si nunca ha tocado o no puede criticar literatura si nunca ha publicado un libro o no puede opinar sobre teatro si jamás ha actuado.

Lo anterior, más que hablar mal del crítico, en realidad explica mucho sobre quienes descalifican a los críticos. Para explicarlo mejor, prefiero ilustrar la situación de la siguiente manera: que el lector imagine estar sentado a la mesa en un restaurante. No tiene que ser un lugar demasiado elegante si así lo prefiere. O sí, el resultado será el mismo. Después, imagine el lector que le sirven el plato que eligió. Puede ser su platillo favorito. Luego, cuando ha probado un par de bocados se da cuenta de que el plato no está a la altura de lo que esperaba. Peor aún, incluso sabe mal. Para cerciorarse que no le están fallando los sentidos, se lo da a probar a algún acompañante, quien confirma su conclusión: el plato sabe horrible.

El sentido del gusto no falla y al lector le han servido una cochinada. No necesita ser chef o cocinero para saber que algo salió muy mal allá en la cocina. ¿Puede externar su disgusto? Por supuesto, hasta es necesario hacerlo. ¿Sabe cómo se preparó el platillo? Probablemente no, pero eso no le impide saber, incluso sin la confirmación de su compañero de mesa, que aquello que probó estuvo malísimo.

Algo así, guardadas las distancias, sucede con el arte. El crítico no necesita ser creador para entender y encontrar las virtudes y los defectos de una obra. En todo caso, lo que requiere es tener conocimientos y un carácter equilibrado para ponderar lo que tiene al frente. Su trabajo es el mismo que el del espectador común, pero lleva la reflexión mucho más lejos. Detrás de él se encuentra una mente indagadora y despierta, alguien que ha investigado antes sobre aquello que aborda. Una persona que tiene una visión crítica del mundo y que considera que debe expresar, de alguna forma, casi siempre por escrito lo que ha encontrado en su camino como espectador.

En todo caso, puede ser que un crítico también sea creador, no hay reglas al respecto. En ese sentido, el crítico puede entender mejor los procesos que llevan a la obra de arte terminada. Esto tampoco es absolutamente necesario. Los críticos no necesitan vivir la obra de arte desde todos los procesos hasta verla finalizada. En realidad, es suficiente con ver los resultados.

Esta idea muchas veces suele ser confundida. Es muy probable que el crítico conozca, de forma profesional o por el puro acercamiento, el esfuerzo que conlleva la creación de una obra. Esto, por más que pueda parecer presente, no es el objetivo general de un crítico. En realidad, lo que él o ella espera es el resultado final. Pensar que una obra de arte vale sólo por el esfuerzo que se puso en ella implica aceptar también aquellos trabajos fallidos y elevarlos más allá de sus propias características. Así como existen, a lo largo de la historia, obras que tardaron varios años en crearse, también encontramos las que apenas tomaron unos días o de plano unos cuantos minutos. El esfuerzo detrás de la obra no es directamente proporcional a su calidad. El crítico no está ahí para poner una palomita o una estrellita en la frente porque el artista hizo un gran esfuerzo. El asunto a criticar es el resultado final.

Para Roland Barthes, la función de la crítica no es descubrir verdades, sino valideces. Esto significa que el crítico no está ahí para hallar argumentos irrebatibles, sino para construir un lenguaje. Este lenguaje está en “frotación”, por decirlo de alguna manera, con la obra de arte. En el intercambio entre la obra y el lenguaje del crítico es donde nace la crítica. Pero este lenguaje no es una búsqueda de la verdad, sino un análisis de qué tan válidos son los distintos elementos de la obra dentro de las reglas mismas que la obra ha postulado desde el principio. Un crítico no puede acercarse de la misma manera a una obra del siglo XIX que a una de nuestro tiempo. Tampoco puede entender las distintas disciplinas desde lenguajes construidos para otras disciplinas. Me explico: es un error comparar una película nacida de un libro. La novela tiene su propio lenguaje y la película uno por completo distinto. Lo que en ambos permanece es la necesidad para contar una historia y comunicar. El crítico que se acerca a ambos debe hacerlo ajustando su metalenguaje al de la disciplina que está analizando.

Finalmente, es necesario entender que el crítico puede especializarse en ciertas áreas, pero tiene la tendencia a ampliar sus conocimientos. No necesariamente se dedica a una disciplina y ya. Es posible que pueda analizar también distintas obras de diferentes momentos históricos y culturales. En eso se parece un poco al historiador, quien, siguiendo una investigación y múltiples lecturas, puede abordar distintos temas de diferentes momentos históricos. Ser crítico no es una especialización limitada, sino que en realidad se abre a múltiples actividades. En todo caso, los críticos se limitan a ciertas áreas por pudor, pero me parece que es común que puedan entender los mecanismos del arte en sus distintas disciplinas y emitir una opinión sustentada cuando sea necesario.

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