Magistrados coahuilenses: la élite privilegiada del Poder Judicial

Magistrados coahuilenses: la élite privilegiada del Poder Judicial

Por: Gerardo Lozano

Afuera autos de lujo, sólo alta gama, algunos de ellos con un valor de mercado superior al millón de pesos; dentro del recinto un silenció solemne con un suave olor a madera de caoba, piso de mármol en color travertino. En derredor de la escalinata, también de mármol, los murales de Salvador Almaraz proyectan sus poderosas imágenes multicolores, al trasluz de los ventanales de esta mañana luminosa de otoño.

Todo tiene aquí un toque de cierta solemnidad, en este edificio revestido de cantera rosa, sede del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Coahuila, el cual alberga a los once magistrados que lo componen, la máxima autoridad del poder judicial del estado, quienes, en la teoría, deben ser eminencias del derecho, personajes de vidas intachables y experimentados jurisconsultos. La élite de la impartición de justicia, en un país de injusticias.

Cada magistrado ocupa un módulo con una amplia recepción, tres o cuatro oficinas y un despacho muy grande para el titular, que tiene todo un equipo de apoyo, asistentes y personal secretarial. El área del presidente del TSJE es de acceso más restringido, pero su recepción ha sido recientemente remodelada y hoy muestra un muro decorativo en un elegante mármol gris con vetas blancas y letras doradas, piso de madera fina y dos hileras de sillones en tela azul.

Los pasillos han sido decorados con óleos de pintura abstracta de un autor más bien desconocido. Todo transmite la sensación de orden, pero no de mucho trabajo, como si nadie tuviera prisa alguna ni tareas abundantes.

Aunque el horario es de nueve de la mañana a tres de la tarde, los magistrados parecen tener horarios mucho más relajados y con frecuencia semanas más cortas que los cinco días oficiales.

En contraste con este calmo ritmo de trabajo, los sueldos de los magistrados se antojan enormes, casi fabulosos para un modesto juez de primera instancia.

De acuerdo a la información oficial, un magistrado del TSJE gana desde el 2018 la impresionante cantidad mensual de 263 mil 768 pesos, mientras que el presidente del tribunal asciende hasta los 283 mil 582 pesos, a lo que habrá que añadir el hecho de que un magistrado numerario es designado para un periodo de 15 años consecutivos, en tanto que un supernumerario lo es por sólo 6 años, un sexenio.

EXPERTOS, POLÍTICOS Y FAVORECIDOS

Sigue siendo este un mundo de hombres, pues de los 11 magistrados sólo 3 son mujeres y la misma proporción se da en el total de la élite ampliada.

En la teoría, los magistrados deben tener toda una carrera dentro del poder judicial y, como se mencionó, ser expertos en el tema del derecho, pero tanto en el TSJE como en los Tribunales Distritales y el Tribunal de Conciliación y Arbitraje existe una mezcolanza variadísima, compuesta por los verdaderos expertos y jurisconsultos de trayectoria, políticos que fueron favorecidos para ocupar el cargo y funcionarios gubernamentales, también recomendados en su momento.

Los ejemplos son muchos. Homero Ramos Gloria, quien aparece en la Sala Penal, fue Procurador General de Justicia, pero principalmente político, quien fue recompensado con el cargo.

Gabriel Aguillón Flores, quien despacha en la Sala Civil y Familiar, tiene indudables méritos académicos como experto, pero llegó al cargo recomendado por su hermano: David Aguillón Flores, un político influyente durante los dos periodos de gobierno de los hermanos Moreira Valdés.

Iván Garza García llegó a magistrado como un favor de orden político. Su trayectoria profesional no tiene nada que ver con el medio judicial y sí con la burocracia estatal, donde fue un burócrata de mediano y bajo perfil, en posiciones como las de secretario particular y cargos de esa misma naturaleza.

Carlos de Lara Mcgrath, magistrado en la sala regional, tampoco tiene una carrera dentro del sector judicial, mucho menos experiencia en la impartición de justicia. Ocupó algunos puestos públicos de carácter municipal en Torreón, fue funcionario de dependencias federales de escasa importancia y litigó por periodos breves. Llegó al cargo como un favor político.

José Francisco Gómez Gómez, quien tiene ya tiempo como magistrado en la sala regional de Torreón y a quien le resta poco tiempo en el cargo, fue abogado penalista en San Pedro de las Colonias, colaborando con su padre. Fue también encargado del penal de San pedro. Tiene sólo los estudios básicos de abogacía y de ahí pasó a magistrado, lo que en su momento fue sorpresivo.

Eva de la Fuente Rivas, magistrada presidenta de Tribunal de Conciliación y Arbitraje y una de las pocas mujeres magistradas en Coahuila, tiene como principal antecedente el haber sido directora jurídica del DIF Coahuila, en el periodo de 2007 a 2012, y desde ahí atrajo el favor del gobernador en turno, Rubén Moreira, para convertirse en magistrada, y magistrada presidenta.

Bernardo González Morales, magistrado en el Tribunal de Conciliación y Arbitraje, es todo un caso. Llegó al cargo como una canonjía política, después de haber sido presidente estatal del PAN y haber desarrollado toda una carrera dentro de este partido. No tiene ni la formación, ni la experiencia para ocupar un cargo de esa naturaleza.

Para muchos funcionarios de carrera, que han dedicado gran parte de su vida profesional a subir por el escalafón del poder judicial, debe de ser sumamente frustrante ver perfiles como los anteriores en los cargos de magistrados; un cargo al que ellos jamás tendrán acceso, aunque duren 15 o 20 años como jueces.

EL PODER DE UN MAGISTRADO

Un magistrado puede acumular mucho poder en su cargo y dominar, casi a su antojo, parte de la estructura judicial, especialmente en lo referente a jueces de primera instancia. También puede, desde su posición, hacer favores al momento en que un juicio se va a segunda instancia y cae en sus manos.

Un caso muy conocido y que se prolongó por demasiados años fue el del exmagistrado Jesús Sotomayor Garza, quien despachó en la Sala Regional y se convirtió en el hombre poderoso del sector judicial en la Laguna de Coahuila.

De un aspecto físico afable, con rostro de aparente bonhomía sacerdotal, era realmente un hombre temido dentro del medio judicial, sobre quien existía toda una especie de mito, ya que se le atribuía el poder de colocar y quitar jueces, de influir en los procesos judiciales y de imponer tributo de pleitesía si se deseaba no tener ciertos problemas durante un proceso judicial que caía dentro de su influencia.

Para no tener problemas, el medio de la abogacía guardaba silencio, como lo siguen guardando en torno a todo lo que se refiere a la élite del poder judicial, donde la crítica está desterrada, en buena medida porque nadie desea tener la enemistad de un magistrado, por aquello de tener que enfrentar un litigio legal en un sistema como el nuestro, donde las relaciones, el poder y las influencias tienen un peso determinante.

Supo tejer, con gran astucia, una mezcla de carrera judicial, política y académica, llenándose de libros, reconocimientos y honores, pero todo partía de su posición como magistrado y el poder que ejercía a partir del cargo. Ejerció la magistratura por 25 años, mucho más del tiempo legal que anteriormente se establecía, se retiró ya septuagenario y, a manera de despedida, todavía se convirtió en notario público y en cronista de la ciudad de Torreón, cargos que ejerce hasta la fecha ya en su retiro.

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