Los expedientes médicos ocultos de los políticos

Los expedientes médicos ocultos de los políticos

Por: Álvaro González 

Plutarco Elías Calles, el jefe máximo del nuevo régimen revolucionario después del asesinato de Álvaro Obregón, del cual fue sospechoso, era hipocondriaco; coleccionaba enfermedades imaginarias y unas pocas reales, aunque no de mucha importancia. Llegó inclusive a visitar al famoso “Niño Fidencio” y someterse a baños de lodo, por recomendación de este exótico personaje y curandero.

Adolfo López Mateos, de quien decían sus poquísimos críticos que gobernó bajo el lema de “viajes y viejas”, era, como político, un carisma y, como hombre, “un carita”, pero padecía de terribles migrañas que lo postraban encerrado en su habitación por varios días, en completa oscuridad. Finalmente, ya fuera de la presidencia, murió de un mal cerebral, anunciado muchos años antes por esas terribles migrañas.

Gustavo Díaz Ordaz, el tan mal querido presidente, visitó, antes y después de su mandato presidencial, a casi todos los gastroenterólogos de la Ciudad de México, pues tenía un estómago malísimo, aquejado por tremendos cuadros de colitis, que le hacían llevar una dieta parecida a la de un pajarito. En general el sistema digestivo le salió malo y a los 74 años lo mató un cáncer de colon.

Vicente Fox Quezada, primer presidente de oposición, quien mide cerca de dos metros de estatura y, como es un tanto frecuente en la gente muy alta, padeció de la columna vertebral, de la cual fue operado durante su mandato, pero además padecía de ciertos males emocionales, entre ellos la depresión, por lo cual estaba bajo tratamiento psiquiátrico y dependía, además de su mujer, de los antidepresivos.

Enrique Peña Nieto, quien llegó bastante joven a la presidencia de la república ostentando su guapura y una ausencia total de carisma y de otras habilidades, se enfermó de la glándula tiroides. En la versión oficial lo intervinieron para retirarle un nódulo benigno, pero realmente le extirparon toda la glándula, lo que hizo desmerecer su guapura y le volvió aún más acartonado y aislado. Este padecimiento trae consigo toda una serie de malestares, tanto físicos como mentales.

Andrés Manuel López Obrador, según se ha confirmado recientemente, llegó al poder con el expediente médico más abultado que se conozca de un presidente de la república. Ya se sabía que, en el 2013, después de haber perdido por segunda vez una elección, se había infartado y la pasó bastante mal, pero hasta que tomó el cargo el mismo dio a conocer que padecía de hipertensión. Dijo que tenía todo bajo control y se sentía muy bien, requetebien, “macaneando” arriba de 300.

Hoy se sabe que además de hipertensión, sufre de una angina de pecho, calificada como inestable y de alto riesgo, y de hipotiroidismo, que es un mal que acarrea toda una serie de problemas orgánicos.

Curiosamente, desde Benito Juárez, no se sabía de ningún presidente en funciones que padeciera angina de pecho inestable y de alto riesgo, lo que le provocó precisamente la muerte al benemérito, un poco después de haber ganado su última reelección, la cual fue bastante tormentosa, por cierto.

LOS POLÍTICOS LOCALES

En el medio político de Coahuila, José de las Fuentes Rodríguez, “El Diablo”, tomó alcohol por litros desde su juventud y era muy dado a la bohemia, hasta que, ya con varios años como gobernador del estado, su páncreas se rindió y no pudo más, lo que le provocó un problema de salud muy delicado que le obligó a cambiar el tequila por el agua de jamaica, aunque se las ingenió para seguir haciendo alusión a su singular apodo. Murió ya nonagenario. Su padre había muerto más allá de los 100 años.

Rogelio Montemayor Seguy, quien fue gobernador en los años noventa, padecía de la columna vertebral y así transitó todo su periodo, inclusive, contra las recomendaciones de sus médicos, gustaba de montar a caballo, lo que no ayudaba mucho a su mal.

Enrique Martínez y Martínez cuidaba, y cuida, escrupulosamente de su salud, así que males no se le conocieron, mientras que Humberto Moreira Valdés, quien comenzó muy joven su periodo de gobierno, parecía muy saludable, pero una vez que dejó el cargo y le alcanzó su propia sombra, su corazón le quedó mal y se infartó en 2020, apenas a los 54 años, cuando ya gozaba de su retiro en Cuernavaca, Morelos. Dicen, quienes le conocen, que fumaba mucho, aunque había hecho en apariencia mucho de todo. Es muy probable que ya antes de su infarto tuviera problemas de salud.

Rubén Moreira Valdés es todo un caso, pues realizó su campaña electoral bajo tratamiento de cáncer de próstata, mal del que se libró ya en funciones como gobernador, pero el padecimiento hacía de él una persona de carácter difícil y muy disparejo. Terminó en apariencia sano su periodo, aunque subiendo mucho de peso. Hoy, más de 10 años después, la prensa ha filtrado que el cáncer de próstata ha vuelto y está de nuevo bajo tratamiento, cuando es el pastor de la bancada priista de diputados federales.

Miguel Riquelme Solís había tenido algunos contratiempos menores de salud antes de llegar al cargo de gobernador y, ya en este, tuvo un cambio sorprendente en su fisonomía, pues de haber sido toda su vida un hombre robusto, de pronto bajó muchísimo de peso. Lo que se sabe, no oficialmente, es que tuvo una operación de vesícula, y después se sujetó a una intervención bariátrica para bajar de peso, algo que le dejó con al menos cuatro o cinco tallas menos y un color de piel diferente, pero se desconoce que tenga algún tipo de padecimiento importante, y ha seguido con el desempeño ordinario de su cargo.

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