64 años de dictadura cubana. El poder del discurso populista

64 años de dictadura cubana. El poder del discurso populista

Por: Rodrigo Tejeda

El escritor William Navarrete, nacido en Cuba en 1968 y desde hace 20 años radicado en París, es una de las voces más sugestivas e interesantes para poder entender cómo la dictadura cubana se ha sostenido 64 años, utilizando dos recursos sumamente eficaces: un sistema de represión sofisticado, aprendido de la Unión Soviética, y el discurso hipnotizante de Fidel Castro.

Lo de la represión es algo común en todas las dictaduras, pero la lengua del dictador es un fenómeno excepcional, en lo que es la isla más grande del caribe, una de las regiones más hermosas del mundo.

William Navarrete no habla desde la posición de un intelectual de izquierdas, sentado en su ideología marxista y en su cómodo escritorio burocrático, sino desde su experiencia vital personal y familiar; de aquel que tuvo que dejar su país y todo lo que ello significa en busca de la libertad y de sus sueños.

Latinoamérica está girando hacia el populismo y se están instalando gobernantes de izquierda, cuyo principal recurso es un discurso machacante que va apoderándose de todos los espacios mediáticos, generando millones de fanáticos que repiten, como discos rayados, el mismo discurso del caudillo y el ambiente político se va enajenando, hasta quedar inundado por las mismas frases, los mismos adjetivos, las mismas promesas, las mismas mentiras, las mismas fantasías, los mismos insultos, la misma figura del caudillo que aparece, como una alucinación, en una irrealidad fantástica que envuelve a la realidad, hasta perder la línea que separa a la una se la otra.

William Navarrete, en su obra Fugas (pag.32) explica el poder de Fidel Castro, uno de los demagogos más grandes de la historia moderna y el dictador más longevo que ha dado también la historia latinoamericana.

“En esta isla las conversaciones se repiten, de tan reiterativas pueden cambiar de matices, pero el tema sigue siendo el mismo. Hablan todos de lo mismo cada día, desde ni se sabe cuándo, sin que nadie dé señales de fatiga. Los primeros son Ellos, los del Poder. “Mancha de plátano”, así conocido en el pueblo de mi infancia, no ha parado de repetirse desde el día que se apropió de todos los micrófonos del país. A veces le da por cambiar lo que ya dijo. Sabe hacerlo tan bien que no nos damos cuenta. Es experto en eso de envolver sus discursos con palabras bonitas, bien ordenadas y tan profundas que la gente se queda anestesiada. Todos creemos que ha dicho algo nuevo, que ahora sí se solucionarán los problemas, que ha llegado el fin de los sacrificios. ¡Ilusiones! Lo mejor es que es tan hábil en disimular sus continuos fracasos, en camuflar sus verdaderas intenciones, que hasta quienes lo detestan terminan aplaudiéndolo. Esto, la verdad, es como para volverse loco. Tanto es así que cuesta trabajo explicarlo.”

Todos los demagogos populistas de la izquierda latinoamericana son aprendices de Fidel Castro, pero están demasiado lejos de poder igualarlo, aunque a algunos sí les esté alcanzando para justificar todos los errores y la incompetencia de sus gobiernos, cuando ya están en el cuarto de seis años y siguen repitiendo, machaconamente, el mismo discurso que adoptaron desde el primer día.

Fidel Castro, en la referencia del mismo William Navarrete, tenía como repertorio básico los siguientes adjetivos y elementos en su discurso: la revolución merece cualquier sacrificio, patria o muerte. ¡Venceremos!, el imperialismo yanqui amenaza a la revolución (muchas veces se refería a Estados Unidos como el “imperialismo del norte”), los sacrificios del pueblo cubano terminarán pronto, como patriotas hay que resistir (los sacrificios han empeorado cada año que pasa), el pueblo cubano jamás será vencido, comenzaremos una nueva era de prosperidad (la prosperidad jamás ha llegado), denunciemos a los traidores y a los enemigos del pueblo y la revolución, bla, bla, bla.

“Mancha de plátano” se murió a los 90 años, después de ejercer el poder por ¡57 años!, y el encanto de su lengua se extinguió con él, pero dejó a su hermano Raúl, otro anciano de 91 años que sigue siendo el jefe supremo del país, pero tiene al frente a un pelele llamado Miguel Díaz-Canel que tiene ya el agua al cuello, porque la revolución no aguanta más.

Castro habló siempre en nombre del pueblo y por el pueblo, algo que hacen todos los que gobiernan en este mundo, pero le agregó otros elementos como el nacionalismo, la revolución y se inventó un horrible enemigo en el imperialismo yanqui y los “traidores” a la patria, los cuales se convertían en tales a criterio de los mecanismos sofisticados y los procedimientos más burdos de policía política, que es toda en Cuba.

LAS FRASES DEL POPULISMO DE AMLO

AMLO es un gran admirador de los Castro y de la dictadura cubana y lo expone públicamente. Su discurso tiene el propósito, igual que el de “mancha de plátano”, de saturar todos los espacios públicos, con tres horas diarias de repeticiones, donde en lugar de la revolución habla de la transformación; utiliza la idea de “el pueblo” como el objetivo y la sustentación de su poder, al mismo tiempo que se ha inventado enemigos horribles de esa “transformación”, como los conservadores, los neoliberales, el colonialismo español y el norteamericano.

Se erige no como un simple presidente de la república, sino como un caudillo histórico, que suele acusar de “traidores a la patria” a todos los que se opongan a los “intereses de la nación”, lo que trata de fijar en el imaginario colectivo, pues resulta casi imposible, desde el punto de la propaganda gubernamental, mostrar que los “intereses de la nación” son realmente los intereses del grupo en el poder.

Al igual que el modelo de la dictadura cubana, la preocupación no es crear una economía fuerte, sino el establecimiento de todo un programa asistencialista, por medio del cual se regala dinero al pueblo a cambio de su fidelidad al caudillo, a la transformación y al partido oficial, aunque esto a la larga sea un desastre, pues sin una economía que genere riqueza, por medio de la inversión, el empleo y los ingresos de la población en general, lo único que se genera es más pobreza y los recursos para repartir, que finalmente no son sino impuesto del sector productivo de la economía, se van terminando, hasta llegar a lo que pasa en Cuba, donde salvo la casta gubernamental, los 12 millones de cubanos viven en la pobreza y muchos en la miseria, pero sin democracia y bajo una férrea dictadura que vuelve la isla una cárcel con muros de agua.

Leyendo las crónicas de cómo es que vive el pueblo cubano, resulta una locura estar defendiendo a esta dictadura, con la enorme mentira de que se encuentra en el hambre por el bloqueo parcial de Estados Unidos, cuando el régimen comunista de los Castro sencillamente se agotó hace por lo menos tres décadas y, a partir de ahí, todo ha sido administrar la miseria.

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