Violación a la intimidad sexual

Violación a la intimidad sexual

Por: Marcela Valles

Esto del teléfono celular ha sido un enorme avance tecnológico, pero, como todo, tiene varios aspectos muy negativos, uno de ellos es que todo mundo trae en sus manos una cámara fotográfica y la puede usar en cualquier momento, ya sea apropiado o inapropiado.

Otro asunto es que el teléfono permite una comunicación entre personas, con frecuencia una comunicación íntima que, a diferencia del teléfono tradicional que sólo era de voz y no dejaba grabado nada, el móvil permite mandar textos, fotografías e inclusive videos, lo que también pueden ser utilizados con gran descuido, inclusive con desparpajo.

Las cosas van más allá cuando los contenidos tomados por un teléfono móvil se “suben” a la red y se convierten en contenidos de acceso público, que además se queda ahí de forma permanente.

En Coahuila se ha aplicado por primera vez la denominada Ley Olimpia, vigente desde junio de 2019, por medio de la cual se castiga la violación de la intimidad sexual, sancionando a una mujer joven de nombre Yessica “N”, quien, en medio de un juicio de divorcio, amenazó a su exmarido, de nombre Diego, con difundir fotografías de él desnudo y en situaciones de carácter sexual.

Ya se sabe que cuando hay un conflicto de divorcio, lo que era una relación amorosa se convierte en una guerra de odios, donde cabalgan las peores intensiones.

En este singular caso la mujer le exigió al hombre, para llegar a un “arreglo”, nada más que cambiara de religión, que le entregara las contraseñas y patrones de todos sus dispositivos electrónicos y una copia de sus recibos de nómina.

El hombre se negó a semejante despropósito, pues, además de estar fuera de todo sentido común, implicaba poner en manos de su exmujer toda su información íntima y confidencial. Lo del cambio de religión vaya usted a saber qué motivaciones tendrá, pero en lo otro es claro hacia dónde se dirigía la exmujer.

Al no acceder vino entonces la amenaza de publicar las fotografías, lo cual ya había hecho en el negocio donde trabaja él, lo que le costó el empleo. Una tontería, pues la pensión de manutención la suelen fijar los jueces con base en los ingresos que perciba el hombre, si la mujer se dedica a la atención del hogar, como parece ser el caso.

INTIMIDAD EXPUESTA

Cada vez hay más parejas que se han dado a la riesgosa afición de tomarse fotografías con el teléfono móvil mientras están en la intimidad, como también hay mujeres y hombres que tienen una relación de escarceo o de aventura sexual y les da por mandarse fotos de desnudos en poses sexuales, así, como para que el otro admire o por lo menos vea lo que hay; una forma de seducción muy riesgosa, dado que se conserva un registro digital de esas imágenes, y luego vienen los problemas.

El hurgar en la memoria del teléfono móvil de la pareja se ha convertido en una fuente cada vez más común de conflictos y de escándalos, pero la violación de la intimidad sexual ha cobrado tales proporciones que obligó a la creación de la llamada Ley Olimpia, para sancionar a quien violente la intimidad sexual o amenace con ello a otra persona, que casi siempre se trata alguien con quien se sostuvo una relación de intimidad, de amistad, de pareja o de matrimonio, lo que hace más penoso el asunto.

Pero la sanción que impone la Ley Olimpia va de una penalización de 88 mil hasta 176 mil pesos, lo que puede parecer mucho para una persona de un medio popular, pero resulta una sanción muy ligera para alguien de clase alta, y el problema se presenta en todos los medios socioeconómicos.

 

 

APRENDIENDO POR LAS MALAS

 

El aprendizaje de la discreción y de la prudencia en el uso del dispositivo electrónico es algo que mucha gente ha tenido que aprender después de amargas experiencias y de violentos conflictos.

En la segunda semana de junio, la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, comentó en el programa “Los martes del jaguar” que tiene en su poder una serie de fotografías de tipo íntimo sobre varias diputadas federales priistas, en lo que ya es una forma de violencia sexual contra la mujer, penosamente por parte de otra mujer, quien, ya engolosinada con la campaña de filtración de grabaciones contra Alejandro Moreno “Alito”, el impresentable y tormentoso dirigente nacional del PRI, ha perdido toda mesura.

Layda Sansores ha cruzado una línea muy delicada y de hecho ya está demandada, pero si efectivamente posee ese material y llega a filtrarse una sola de esas fotografías de las diputadas, estará metida en un problema judicial de otro nivel.

Lo penoso es por qué hay fotografías de desnudos de algunas diputadas federales en los archivos electrónicos de Alejandro Moreno, los cuales han sido intervenidos por los organismos de seguridad del Estado y enviados, de manera “anónima”, a un personaje de las características de Layda Sansores.

Es evidente que, como en todos los demás casos que se registran, las diputadas fueron descuidadas y no previeron dos cosas: el cuidado de su intimidad y el cuidado de su figura pública como representantes sociales que son.

Y esto pasa casi siempre de manera invariable, parece fácil hacerlo, bajo ciertas condiciones y estímulos y después vienen las consecuencias.

Una simple conversación por WhatsApp interceptada fue la causa que inició el proceso de divorcio de una pareja conocida. Que “estaba borracho y me dejé llevar por el momento”; cualquier pretexto puede alegarse, pero el asunto es que los textos, las fotografías y no se diga los videos, son testimonios grabados, contundentes, inmodificables y no hay mentira que los cubra.

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