Por 1,925 pesos al mes

Por: Eduardo Rodríguez

Este año, de acuerdo a las cifras oficiales, 9 millones 311 mil 834 adultos mayores de 68 años recibirán una “pensión” de 1,925 pesos mensuales, lo que implicará un gasto de 142 mil 471 millones de pesos anuales del erario.

Éste es, con mucho, el programa asistencial más importante del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, pues atiende al sector más vulnerable de la población, que son aquellos mexicanos que reciben una pensión miserable que les mantiene en la indigencia o les hace depender de sus familias, cuando ya no tienen la capacidad para generar recursos por sus propios medios.

Ser pobre, pero además ser viejo resulta una de las mayores desgracias en este país, pero el programa, siendo de origen muy bondadoso y extensivo a partir del actual gobierno, tiene otros aspectos que deben ser considerados con mayor detenimiento.

Esta pensión se está aplicando, por ley, de forma universal, lo que tiene como consecuencia que se entregue a adultos mayores de clase media, media alta e inclusive alta, en lugar de enfocarse a la población que realmente lo necesita, lo cual, para el 2024, implicará un sobregasto innecesario de hasta un 30%, lo que equivaldrá a cerca de 60 mil millones de pesos que pueden ser reorientados a la asistencia social de forma más justa.

No parece socialmente justificado que Mario y Andrea, de 75 y 74 años respectivamente, reciban esta pensión, cuando él es un médico jubilado que recibe dos pensiones: una del IMSS y otra del ISSSTE, pero además sigue ejerciendo la profesión, le va bastante bien y, como la mayoría de los médicos que dan consulta particular, paga una cantidad irrisoria de impuestos. Ella, también médico, está jubilada por el IMSS. Ésta es una familia de clase alta, que vive en una de las colonias más exclusivas de Torreón, pero cada uno cobra sus 1,925 pesos mensuales, en entregas bimestrales de 3,850 pesos.

Antonio es un empleado bancario jubilado de 69 años de edad. Su pensión le permite vivir de manera digna, ya que es viudo y nadie depende económicamente de él, pero sale corriendo cada día de cobro por su pensión del bienestar, la que pone íntegra en una cuenta de ahorros, pues es un ingreso extra que no le es indispensable.

Nadie parece cuestionarse si está cobrando un dinero gubernamental que no necesita, porque no hay ser humano que no sienta la necesidad de tener más dinero y, a mayor edad, esta necesidad parece acentuarse aún más, es algo así como parte de volverse viejo.

EL USO POLÍTICO DE LA ASISTENCIA

Para el gobierno federal es bastante fácil tomar hasta medio billón de pesos anuales para repartirlos en efectivo a la población, ya sea en este tipo de pensiones o en otros programas asistenciales, como Sembrando vida o Jóvenes construyendo el futuro.

Es mucho más complicado arreglar el sistema de pensiones del país, que comenzará a generar jubilados con pensiones miserables, cuando, desde hace 10 años al menos, los especialistas insisten en que el esquema actual de las AFORES es una bomba de tiempo, que estallará tarde o temprano, como ya lo hizo en países como Chile.

Pero aquí hay una gran diferencia: un trabajador que se jubila con una pensión digna, no le debe nada a ningún político, a ningún partido y a ningún gobierno, mientras que el adulto mayor de 68 años que recibe un subsidio mensual piensa, porque así se lo inculcan, que se lo debe “al señor presidente” y a su partido político, lo que le convierte en un votante cautivo, porque además le venden la idea de que le quitarán su ayuda si llega otro partido al poder.

Esta persona que recibe 1,925 pesos mensuales pierde todo sentido crítico de cosas que son muy delicadas, como el grave deterioro del sistema público de salud, del cual, a medida que sea más viejo, tiene mayores probabilidades de utilizarlo.

Tampoco tiene ya un sentido crítico del deterioro en el sistema educativo, de como es que va la economía de la que viven sus hijos, del futuro de sus nietos o de la inseguridad que amenaza a sus familias. Él se casa con su ayuda mensual y, por lo menos la mayoría, se vuelven cautivos de la influencia del presidente y de su partido.

En varios países desarrollados existen una serie de subsidios para la asistencia social, pero se entregan a través de un aparato gubernamental que lo hace de una manera rigurosa y sin que se preste a ningún tipo de manejo político-electoral, mucho menos a impulsar la figura de un presidente o jefe de estado.

El asunto de fondo es que cada adulto mayor, después de haber trabajado hasta los 65 años en promedio, tenga acceso a su jubilación, con una pensión proporcional al sueldo que estaba percibiendo al momento de su retiro, algo de lo que en México sólo gozan los empleados gubernamentales y un sector reducido de los empleados de ciertas empresas privadas.

Con el sistema de las AFORES, creadas en 1997, el trabajador mexicano quedó en una situación de vulnerabilidad y se requiere de una reforma a fondo, pero es mucho más sencillo repartir una pequeña suma en efectivo cada mes, que modificar el sistema de pensiones y jubilaciones del país, así que en ésta y las próximas décadas tendremos a una población cada vez más grande de trabajadores en el retiro con una pensión mínima, insuficiente para cubrir sus necesidades básicas, creando así un círculo vicioso de personas mayores empobrecidas, a quienes dar una ayuda gubernamental mensual y tenerlos cautivos políticamente.

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