Las encuestas de Morena y las mentiras pagadas

Las encuestas de Morena y las mentiras pagadas

Por: Álvaro González

Cuentan que había un maestro en el Ateneo Fuente de Saltillo, a quien llamaban “El Chato” Severiano, quien era muy estimado y suponemos que simpático; suponemos porque quienes lo conocieron ya están demasiado viejos o ya murieron. “El Chato” afirmaba que las estadísticas eran “mentiras puestas en cuadritos”, y como ejemplo ponía conceptos clásicos de esta disciplina como la media aritmética:

“Si yo junto a un pelao que mide uno ochenta” decía, se cuenta por ahí en la memoria urbana, “otro que mide uno sesenta y otro que mide uno noventa, la media es de 1.76; eso es una mentira”. Y eso, para efectos prácticos ciertamente es una mentira, es decir algo que no existe.

Si nos vamos a conceptos considerados tan importantes, como el Ingreso Per Cápita de un determinado país, como México, Carlos Slim posee algo así como 75 mil millones de dólares y la mayoría de los mexicanos no tiene ni el millón de pesos, ya no digamos de dólares, así que el famoso Ingreso Per Cápita es una de las mentiras más grandes que se hayan inventado por medio de la aplicación de la estadística.

Pero vayamos a la política mexicana y más específicamente al partido oficial, Morena, y su uso de las encuestas para seleccionar candidatos, para justificar ciertas decisiones o para disfrazar algo que le gusta muchísimo al señor presidente: mentir con alegría compulsiva.

Resulta que la dirigencia nacional de Morena, o sea el propio AMLO que decide todo, quieren justificar la designación de Ricardo Mejía Berdeja como candidato a la gubernatura de Coahuila sin que los demás aspirantes se enojen por “el dedazo” o la falta de piso parejo, como suelen decir.

Para ello han inventado el procedimiento de las encuestas, una aplicación de la estadística que por manoseada ha perdido casi por completo la credibilidad.

Nada más en mayo, para entrar en calor, el grupo Imagen/Radio de la Ciudad de México difundió que cuatro encuestas diferentes le daban amplia ventaja a Ricardo Mejía Berdeja como precandidato a la gubernatura de Coahuila. No una, ni dos, ni tres, ¡cuatro!, para que suene contundente.

Otros medios, también de la CDMX y replicados por algunos pocos medios locales de Coahuila, publicaron también hasta seis y ocho encuestas que en conjunto le daban la preferencia de la intención de voto a Morena sobre el PRI y el PAN. Todo esto antes de que iniciara ese circo barato de las llamadas precampañas.

Y le ponen al margen de dichas encuestas, sin que les dé risa: “Esta encuesta fue realizada por vía telefónica a 600 ciudadanos en edad de votar, con credencial de elector. Su confiabilidad es de +/- 4%”.

Coahuila tiene casi 3 millones de habitantes y la encuesta, que presume haberse basado en un riguroso procedimiento de muestreo estadístico, fue de 600 personas, lo cual como muestra es ridículo, en el supuesto de que hayan realizado realmente tales encuestas. Se requiere de mucha ignorancia de parte de quien cree en esto y de mucho cinismo de parte de quien las hace y cobra.

Hay pícaros que han alcanzado un nivel anecdótico por tener negocios de “sondeos de opinión y muestreos del comportamiento electoral”.

FOTO: CRISANTA ESPINOSA AGUILAR /CUARTOSCURO.COM

ENCUESTAS COMO MANIPULACIÓN

Mario Delgado, el dirigente nacional de Morena es, independientemente de que ahora dirija el partido oficial, uno de los políticos más truculentos que tiene el grupo en el poder, lo que ya es decir mucho, pero eso no es nuevo; él siempre ha sido así, ya lo era cuando fue el secretario de finanzas del gobierno de la Ciudad de México, en el periodo de Marcelo Ebrard.

En la pasada elección por la gubernatura y las presidencias municipales de Durango, sus asesores le recomendaron que lanzara encuestas “parejeras” para abrir las campañas, así que todas las encuestas decían que había empate técnico entre Morena y la alianza PRI-PAN.

En la siguiente etapa le recomendaron que comenzara a decir que su candidata ya había remontado en 3 o 4 puntos a la alianza PRI-PAN, y en ese sentido comenzaron a aparecer encuestas. La mayoría de los medios comenzaron a repetir esas encuestas hasta el día mismo de la elección. El resultado: la alianza PRI-PAN ganó por un amplio margen de hasta 15 puntos.

Las encuestas y sondeos se convirtieron así en una chunga; una broma implementada con maña, como un instrumento inútil para medir el comportamiento del electorado, pero útil para tratar de manipularlo psicológicamente.

Si los precandidatos de Morena a la gubernatura creen esta historia de las encuestas como un método real de selección, deben de tener un serio problema con su coeficiente intelectual, porque el procedimiento no es sino una forma truculenta de justificar la realización de una campaña anticipada para tratar de posicionar la imagen de Ricardo Mejía Berdeja, quien tiene un desarraigo de 17 años en Coahuila y ya se le había olvidado hasta a los políticos, no digamos al ciudadano común.

Ricardo Monreal, el “patito feo” de la sucesión presidencial según Morena, ya ha declarado que si la selección del candidato presidencial va a ser por encuesta, él no le entra, y lo dice porque conoce perfectamente cómo es el manejo interno de su partido, y no parece dispuesto a que le vean la cara de lo que no es.

En Coahuila, hasta ahora el único que se ha comportado con sentido común es Armando Guadiana, quien ya ha gastado en años anteriores muchos millones en campaña y, conociendo el estado y su posición política, tiene el buen sentido del humor para no prestarse al cuento de las precampañas, porque no lo necesita y además sabe cómo es que están las cosas en la Ciudad de México.

Lo que da mucha pena es cómo se burla la dirigencia nacional de Morena de la militancia del partido en el estado, como se ha burlado en muchos otros estados, sólo que este juego le salió caro en el vecino estado de Durango.

Sólo imagine usted: ¿qué va hacer Luis Fernando Salazar Fernández si, como es tan probable, le toman el pelo? ¿Sonriente va a sumar su estructura a la campaña del 2023? Eso sería masoquismo, pero con los políticos nunca se sabe, tal vez le guste ser azotado, aporreado, ahorcado, y eso le produzca un inmenso placer.

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