Vender en la calle o poner tienda: el porqué de la informalidad

Vender en la calle o poner tienda: el porqué de la informalidad

Por: Marcela Valles

En una de las esquinas del Paseo del Tecnológico, frente a una Farmacia Guadalajara, la familia Chávez vende tamales todos los días, desde la última hora del atardecer hasta ya bien entrada la noche, aunque los fines de semana puede terminar más temprano si los tamales y el atole se acaban.

La madre, de cuerpo grueso y en ropa deportiva, soporta un frío que cala fuerte por la noche pegándose al vapor que despiden las grandes ollas de aluminio, cuatro en total; la ayuda una de sus hijas y en ocasiones también uno de los hijos.

Cada tamal, ya sea de dulce o de chile cuesta 17 pesos y el litro de atole 50, pero también se venden medios litros.

“El de dulce lleva nuez, pasas y coco, joven, de chile tengo de pollo, rajas y el colorado, que es de res, joven. ¿Cuántos le pongo?” comenta la mujer al atender a una pareja que se llevan seis tamales y un litro de atole.

¿Cómo le va con la venta de tamales señora?, pregunta la reportera.

“Pues fíjese que hay días buenos y hay días más malitos, los mejores días son los viernes y los sábados y en esta temporada de frío se vende mejor, como que los tamales se le antojan más a la gente cuando hace frío.”

¿Cuántos tamales vende por día, así, aproximadamente?

“En esta temporada de frío andamos vendiendo como 200 tamales por día y los viernes y sábados podemos vender los 300 y una olla grande de atole. Ojalá que siempre hiciera frío, así como ahorita.”

¿No ha pensado en establecerse en un local, así con sus mesas y sus sillas?

“¡No, imagínese nomás lo que me saldría la renta de un localito aquí en esta avenida y en un buen lugar! Y luego todos los problemas en que me metería, tengo una cuñada que se gastó sus ahorritos y un préstamo que consiguió para poner un localito de comida y tuvo que cerrar, apenas aguantó como medio año y ya no le salía.”

La CANACOTO, Cámara Nacional de Comercio de Torreón, una de las cámaras empresariales más protegidas por los gobiernos municipales y estatales, reconoce que al menos el 40% de la economía de Torreón es informal, pero, de acuerdo a sus análisis, hasta un 15% de los comerciantes que están en las banquetas de la ciudad, en los tianguis y en cualquier espacio disponible donde se dé concurrencia de gente podrían convertirse en formales, lo que significa que se dieran de alta como contribuyentes ante la Secretaría de Hacienda; dar prestaciones como el IMSS y el INFONAVIT a sus trabajadores; pagarle al gobierno municipal una licencia de funcionamiento; pagar una renta mensual por un local; tener gastos fijos de luz, agua y teléfono; conseguirse un contador para el pago de sus impuestos, entre otros gastos.

Para la mayoría de los comerciantes o prestadores de servicios informales todo esto es imposible, pero para aquellos que, debido al monto de sus ganancias, sí sería posible no es atractivo y les provoca temor, en especial el tener que llevar una contabilidad en forma y el ser fiscalizados por Hacienda.

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NEGOCIOS FAMILIARES E INCIERTOS

Si la señora de los tamales entrevistada vende, en temporada de frío, 200 tamales diarios, obtiene en promedio una ganancia de 34 mil pesos mensuales, después de descontar todos sus gastos de materia prima y gas. Parecería mucho dinero para una vendimia de tamales en la banqueta de una esquina de mucho tránsito de personas, pero habrá que tomar en cuenta varios aspectos.

El primero es que la señora se auto emplea por una jornada diaria de más de ocho horas, incluyendo sábados y domingos, pero además emplea al menos a una de sus hijas para la elaboración de los tamales y un hijo le ayuda en la venta ciertos días de la semana.

El negocio tiene una temporada alta y una temporada baja, que es mucho más larga, donde sus ingresos bajan notoriamente. En la temporada de calor, que es muy larga, las ventas bajan a la mitad o menos.

Si se incorporara a la formalidad y pagara una empleada de tiempo completo con prestaciones sociales, una renta de un local pequeño pero bien ubicado y otro empleado de medio tiempo tendría que pagar no menos de 13 mil pesos mensuales, pero enseguida vendría un problema espinoso: pagar impuestos.

Como todas sus ventas son en efectivo, tendría que generar algún tipo de registro para convertirlas en formales y seguir todo un procedimiento, por lo que tendría que pagar los servicios de un contador público, pues ella desconoce por completo el tema.

Al ser formal tendría que formalizar también todos sus gastos en insumos, como la masa, la carne, el chile, la manteca, las nueces, el coco, las pasas, pero todo esto lo compra en el Mercado de Abastos y muchos comerciantes no le van a dar comprobantes fiscales, pero los pocos que sí se los den le van a cobrar más cara la mercancía.

Si no cumple a tiempo con el IMSS y con Hacienda, que tienen una cobranza implacable, va a tener problemas serios, y eso mete miedo, porque las multas son sumamente altas.

En este caso estamos hablando de tamales, pero pongamos el caso de los tianguis, donde la mayoría de los comerciantes venden ropa de segunda y una gran cantidad de artículos que compran, por dar un ejemplo, en tianguis de mayoristas de la Ciudad de México o grandes vendedores de ropa de segunda traída de los Estados Unidos ¿Cómo van a conseguir facturas de la mercancía que adquieren y cómo van a repercutir el impuesto del IVA a su clientela? Imposible. ¿Cómo van a reportar sus ganancias en un régimen tributario rigurosamente mensual? Complicadísimo.

Y volvemos a lo mismo: prácticamente todos los comerciantes informales se auto emplean y emplean a una parte de sus propias familias, y lo hacen porque no tienen opción de empleos o los empleos que se les ofrecen tienen sueldos miserables.

La CANACOTO siempre está abogando por la formalidad y siempre está políticamente maniobrando en contra de los informales, pero jamás va a decir, por citar sólo un ejemplo, que todas las grandes zapaterías de la ciudad pagan sueldos miserables y explotan, sin contemplación alguna, al trabajador, en este caso la mayoría mujeres jóvenes, con sueldos que apenas dan para contribuir al gasto familiar, no para sostener la economía de una familia.

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NO HAY ESTÍMULOS NI APOYOS

Para Mariano Serna, presidente de la CANACOTO, como cada tres años que cambia un gobierno municipal, es muy positivo que se retiren a los comerciantes ambulantes que trabajan en el centro histórico de la ciudad, porque le estorban o le hacen competencia al comercio formal que, él afirma, paga sus impuestos puntualmente, tanto los federales como los estatales y municipales, lo que permitirá tener una mejor ciudad.

“Además de generar condiciones de desigualdad con respecto a la formalidad, el ambulantaje genera una desigualdad de condiciones sociales que merman el quehacer público, normal de toda la comunidad”, le declaró a un diario local.

Es evidente que Mariano Serna habla desde un cómodo escritorio y una confortable oficina, lo que lo pone muy distante de la cruda realidad social de la pobreza torreonense, que sufre la mayoría; además, la CANACOTO es una cámara privilegiada y protegida por los gobiernos municipales y estatales.

Para ser proveedor gubernamental hay que afiliarse obligatoriamente a una cámara empresarial y pagar la membresía, pero además pagar un servicio de información económica que no le sirven para nada a la casi totalidad de los comerciantes.

Un negocio de servicios, con un solo empleado, tendrá que pagar a la CANACOTO 1,500 pesos para renovar su membresía, cuando el año pasado el cobro era de mil pesos. A cambio de ese pago la cámara no da nada, al menos nada que sea de real utilidad, aunque en el papel afirman ofrecer una serie de servicios, pero los negocios rarísima vez acuden por algún servicio a la CANACOTO.

Esta cámara empresarial, como casi todas las demás, están controladas por pequeñas camarillas que, principalmente, se dedican a la política, nunca informan públicamente qué hacen con el dinero que manejan y nunca defienden los intereses reales de los agremiados.

¿Cuándo, en los últimos cuatro años, cuestionaron al gobierno de Jorge Zermeño por la desviación de casi 70 millones de pesos destinados a mejoras en el centro histórico de la ciudad? Nunca, como tampoco cuestionan al gobierno federal para que se implemente algún beneficio fiscal para pequeños emprendedores, o se den programas gubernamentales de microcréditos para quien desea abrir un pequeño negocio.

El gobierno federal acaba de cancelar en este año de 2022 el único programa destinado a prestar apoyo para el establecimiento de pequeños negocios, denominado “Tandas del bienestar”, el cual tenía un presupuesto de 3 mil 438 millones de pesos. Este año sencillamente fue eliminado y la Cámara Nacional de Comercio no dijo absolutamente nada. Decenas de miles de mujeres se quedaron sin ese beneficio. ¿Dónde está entonces la coherencia?

Tiene razón Serna Muñoz cuando afirma que en el sector comercio de Torreón se calcula que hay 300 mil trabajadores, pero un 46% de ellos trabaja en la informalidad, lo que significa que un poco más de 140 mil torreonenses salen a buscarse el sustento como pueden en las calles y banquetas de la ciudad, lo que debería llevar a una reflexión de qué sucede en nuestra economía formal que crece tan poco y paga tan mal, no sólo a un obrero o a un modesto empleado, sino también a muchachos egresados de las universidades.

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