Revocación de mandato, una consulta inútil

Revocación de mandato, una consulta inútil

Por: Gerardo Lozano

De pronto da la impresión que vivimos en un mundo político de revés. La consulta de revocación de mandato, que se realizará el próximo 10 de abril, parece un capricho presidencial que utiliza una nueva figura como un instrumento populista más.

La revocación de mandato, tal y como fue aprobada, se trata de un recurso de la sociedad civil cuando considera que el presidente de la república, en nuestro caso, no está cumpliendo con sus funciones y ha perdido la confianza, por lo cual se convoca a la consulta con el propósito de quitarle del cargo, sí así lo decide una mayoría calificada, pero para su realización es necesario que al menos el 3% de la lista nominal del INE (2 millones 700 mil electores) la soliciten espontáneamente por escrito.

Una vez realizada la consulta, para que tenga valor oficial se requiere que acudan a votar el 40% de los electores de la lista nominal, esto es 36 millones de ciudadanos, lo cual de antemano se da como imposible, ya que en la elección constitucional de 2018 votaron por AMLO 30.11 millones, sumando a Morena y todos sus aliados, algo que no se puede repetir.

Hoy Morena está enfrentando una grave crisis interna y hay un porcentaje de electores que ya no votarían por AMLO, o, simple consideran ocioso el ejercicio, porque no hay ninguna motivación o propósito importante para acudir a las urnas.

En nuestro caso Andrés Manuel López Obrador fue electo para un periodo de seis años, que concluye en septiembre de 2024, pero ahora resulta que él está empeñado en que se haga tal consulta y es su propio partido el que la está solicitando, lo cual es absurdo, pues en todo caso le correspondería a la oposición hacerlo, y la oposición no tiene interés alguno.

Por otro capricho presidencial, el año pasado se realizó una consulta para preguntar si se llevaba a juicio a los expresidentes de México, así en plural, y dicha consulta resultó todo un fracaso, porque a la ciudadanía sencillamente no le interesaba el tema, ya sea porque lo considerara ocioso o por escepticismo de que realmente se fuera hacer algo concreto contra ciertos actos de los exmandatarios.

En lo que es un evidente juego populista y costoso, AMLO le está pidiendo a sus seguidores no que le revoquen el mandato, sino que se lo ratifiquen o, en otras palabras, está solicitando la aclamación popular para usarla con fines electorales, además de, en su imaginario, obtener la aprobación para seguir adelante con eso que se llama la 4T, algo que pierde cada vez más significado.

En términos coloquiales AMLO está pidiendo ¡aplausos para este humilde siervo de la nación que está transformando al país! El mundo al revés, pero en ese propósito ha llevado hasta el límite al INE, sujetándolo cada vez a una mayor presión para buscar el siguiente paso: regresarle al Estado el control de los procesos electorales, lo que sería un retroceso de más de medio siglo en la vida política del país.

¿Hay motivos para ir a votar en esta absurda revocación de mandato? Para el ciudadano común no hay sentido, pues da por sentado que es un engaño y además si López Obrador ya fue electo para seis años nadie le está pidiendo que se vaya a su casa.

Los únicos que en apariencia irán a votar son esas clientelas cautivas que se mueven a través de los programas asistenciales, y aún eso está por verse, porque a muchos tampoco les interesa.

Todos los gobernadores morenistas utilizarán recursos públicos, al más puro estilo del viejo régimen, para llevar “acarreados” a votar, y con ello, aplaudir el ego del hombre de Macuspana. El que no lo haga quedará en mal con el líder supremo el movimiento, porque los resultados de tal encuesta serán utilizados no para aprobar el desempeño concreto del presidente, ni siquiera de su gobierno, sino lo que ellos llaman “el movimiento de la cuarta transformación”, al cual, a estas alturas del sexenio, no se atreven a ponerle adjetivos.

Habrá que recordar que este año hay procesos electorales para renovar varias gubernaturas, algunas de ellas estratégicas y, contra lo esperado, Morena está teniendo fuertes problemas internos, pero es estratégico buscar el hacerse de esas seis gubernaturas o al menos asegurar el triunfo en cuatro de ellas, con lo cual Morena pasaría a tener 20 gubernaturas, lo que le daría una gran plataforma en los estados de cara a las elecciones de 2024.

Así, lo que fue creado como un avance democrático para poder remover a un presidente de la república que resultase incompetente se ha desvirtuado y se va a usar de manera innecesaria pero con fines populistas y, por supuesto, electorales a favor del partido oficial. El mundo de revés.

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