Los hijos de AMLO, atrapados en el discurso populista

Los hijos de AMLO, atrapados en el discurso populista

Por: Agencias/ Redacción

Hasta el 2018, la familia López Beltrán, compuesta por el padre Andrés Manuel López Obrador y sus tres hijos mayores, José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo Alfonso, se dedicaban a la política, manejando el partido creado por el padre: Morena.

Los tres hijos estudiaron licenciaturas en la UNAM: derecho el primero, ciencias políticas el segundo y sociología el tercero, pero no hay ninguna información disponible de que ejercieran sus respectivas profesiones, ni tuvieran negocio alguno. En el caso de Gonzalo el propio AMLO afirmó ocasionalmente que había impartido clases, pero no especificó.

Lo concreto es que vivían, como su padre, de la política y tampoco hay ningún registro de cómo obtenían ingresos para su manutención, lo único que se ha declarado oficialmente es que López Obrador recibía 50 mil pesos mensuales del partido, pero inclusive no se especifica en calidad de qué o bajo qué justificación legal.

Por muchos años los tres hijos mayores vivieron del dinero que obtenían de las actividades políticas de su padre y del dinero que manejaba Morena, en una especie muy singular de economía informal de origen político, todo ello, por supuesto, con dinero en efectivo.

Al morir la madre, Roció Beltrán Medina, en 2003, siendo gobernador de la capital del país su padre, José Ramón heredó un predio rústico agrícola en Teapa, Tabasco, y la casa ubicada dentro del mismo; Andrés Manuel heredó dos departamentos en la zona de Copilco-Universidad en la Ciudad de México y Gonzalo la casa de Villahermosa, Tabasco, en la que vivió la familia varios años.

Ése era todo su patrimonio económico, por lo menos el que se tiene registrado legalmente cuando AMLO concluye el gobierno de la Ciudad de México.

Cuando AMLO llega al poder en 2018 surge el problema de qué hacer con sus hijos mayores, si los tres habían vivido de la política acompañando al padre, pero ahora resultaba muy embarazoso colocarlos en puestos públicos, ya fueran de elección popular o por designación de su padre; tampoco podían ocupar puestos visibles en Morena, por razones obvias, así que la decisión fue que se dedicarán a los negocios privados, pero el problema es que no tenían ninguna experiencia, ni la formación ni, en teoría, el capital para lanzarse como emprendedores.

Una situación muy incómoda para un presidente que se ha dedicado a pregonar la pobreza y la austeridad como virtudes y se dice, en un discurso repetido hasta el hartazgo, el presidente del “pueblo”, entendiendo por “pueblo” a los sectores más pobres del país.

VENDER CHOCOLATES

Pero había que hacer algo, al menos para cubrir las apariencias y ajustarse al nuevo discurso gubernamental.

José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo Alfonso comenzaron un negocio como emprendedores. Se trata de la producción de chocolate, cervezas artesanales y refrescos Rocío, realizados a base de chocolate.

Lo primero fue la chocolatería Finca Rocío Chocolate, bautizada así en honor a su madre Rocío Beltrán, quien falleció en 2003 por un padecimiento del sistema inmunológico.

El chocolate que crean es denominado Bean to bar, que quiere decir que todo el proceso de su elaboración es totalmente controlado por la empresa. Desde la elección de las semillas de cacao, hasta su distribución en barra.

Los productos son elaborados en la finca Rocío, ubicada en Teapa, Tabasco, que fue herencia de su madre y primera esposa de López Obrador. Allí plantan los árboles de la fruta y llevan a cabo toda su producción. Después, los chocolates son trasladados a la calle San Luis Potosí 43, colonia Roma en la Ciudad de México, en donde se encuentran las oficinas de los López Beltrán. De ahí se distribuyen a diversas partes de la capital.

Ésta es la versión oficial, pero las investigaciones realizadas por varios medios señalan que en el negocio del chocolate está involucrado básicamente Andrés Manuel López Beltrán, mejor conocido como Andy, y, sin tener conocimiento del negocio, ingresó a él por la influencia de su novia, Irene Esser, quien es hija de Aida Quintero, propietaria de “Chocolates Patria”, en su natal Venezuela.

Pero Andy López, quien, como se mencionó anteriormente, es licenciado en Ciencias Políticas por la UNAM, desconoce el delicado cultivo del cacao, por lo que se ha apoyado en el ingeniero Hugo Chávez Ayala, un tabasqueño compañero de la infancia y de la escuela primaria, ingeniero agrónomo y experto en el cultivo de cacao gourmet o “cacao fino de aroma”, para exportación al menos a 15 países de Europa y América.

Chávez Ayala es, según indican las investigaciones periodísticas, el verdadero encargado de la finca El Rocío de los López Beltrán, una propiedad que originalmente era de 16.3 hectáreas, pero por donaciones familiares hoy es de 48.85 hectáreas.

Hugo Chávez Ayala, quien es de la misma edad de Andy, fue designado por AMLO como director técnico del Programa Sembrando Vida, pero todo indica que prefirió mantenerse como asesor o consultor del mismo, por así convenir a los intereses de su empresa: Agrofloresta Mesoamericana, un exitoso negocio. Es considerado como un experto internacional en la producción de cacao orgánico del más alto valor.

En una publicación de la revista Quién, dedicada al jet set mexicano, Andy López declaró que, como consecuencia de la pandemia, por ahora el negocio era vender cacao, más que chocolate, posteriormente apareció el gran lobo empresarial mexicano: Carlos Slim, quién declaró públicamente que durante una invitación del presidente había probado el chocolate Rocío y le había parecido muy bueno, así que en principio lo iba a introducir en su cadena de restaurantes Sanborn’s y, si era del gusto de los consumidores, lo incorporaría para su venta en las tiendas del mismo nombre. Fue un sutil alago para el presidente, que tiene un significado modesto en términos de negocios.

CÓMO VIVIR CON PAPÁ PRESIDENTE

Viendo objetivamente las cosas, una chocolatería de ese tamaño y la fabricación de cervezas y refrescos artesanales son un negocio para un emprendedor hijo de un empresario a lo más de medio pelo, no del hijo de un presidente de la república en un país como México, tomando además en cuenta que Andy López está considerado por los observadores como el hijo de AMLO que tiene mayores dotes para la política, pero haber emprendido la chocolatería resultó una buena decisión; es un negocio que se puede volver rentable.

Si los llevó consigo a la política, todo indica que Andrés Manuel López Obrador no supo plantear un futuro político formal para ninguno de sus tres hijos mayores, y tampoco ninguno de ellos tuvo la independencia de buscar una carrera propia empleando la influencia política del padre. Ninguno se pudo convertir en una figura relevante o tan siquiera ocupar cargos públicos que los fueran fogueando y dándoles una trayectoria política de carrera.

Atrapados en el discurso demagógico de su padre y sin perfiles propios, lo que era de esperarse es que sigan actuando como lo han hecho desde muy jóvenes: vivir de la política a la sombra de su padre, que ahora es presidente de la república, lo que les permite tener un poder de cabildeo enorme, pues ningún secretario de estado se puede atrever a no contestarles el teléfono, pero todo tiene que transcurrir en la simulación; desde la penumbra del gigantesco palacio presidencial.

Esta simulación implica también vivir económicamente de cierta manera en la informalidad, ocultar ingresos, ocultar sus nuevos bienes, ocultar sus privilegiadas relaciones, ocultar su estilo de vida real, porque deben estar más que conscientes que para ellos, a los 35, 37 y 40 años el sexenio de su padre es el ahora o nunca económico, profesional y hasta familiar para el resto de sus vidas.

JOSÉ RAMÓN, EL INDISCRETO

Los contratiempos comenzaron a surgir cuando José Ramón, el mayor, decidió tener un noviazgo y posteriormente casarse con una ejecutiva de importantes empresas petroleras, llamada Carolyn Adams, con quien ha procreado el primer nieto de AMLO.

Habituada a un nivel de vida suntuosa y al mundo de los negocios petroleros, Carolyn Adams, según las pocas fuentes que le han abordado, no comparte en lo absoluto las historias de austeridad y de pobreza virtuosa que el padre de su ahora esposo pregona, por el contrario, está habituada a un nivel de vida con estándares de riqueza, pero además medidos en términos de los países ricos en los que ha desarrollado su carrera.

La relación entre Adams y López Beltrán se hizo pública en el evento del primer aniversario e informe de “avances” del gobierno de AMLO en el 2019, al que Adams llegó vistiendo unos zapatos de la marca Valentino, valuados en 17 mil pesos (850 dólares) y con una bolsa Chanel que rondaba los 100.000 pesos (5.000 dólares). Meses después ambos se trasladaron a Houston, Texas.

Desde entonces, han circulado fotos de la pareja en viajes en avión privado, a bordo de autos de lujo, en lugares a nivel de cancha en juegos de la NBA, entre otras cosas.

Carolyn Adams es hija de la brasileña Catarina Solano y de padre estadunidense. Trabajó durante 15 años en British Petroleum en Dubai, Emiratos Árabes Unidos. En 2016 viajó a México para trabajar como “cabildera” de Cava Energy, una empresa proveedora de Petróleos Mexicanos (Pemex). Radicó en Monterrey y en 2018 se mudó a la Ciudad de México, donde siguió trabajando para la empresa propiedad de Stella Holdings.

En su perfil en Instagram, que ya es privado, se evidencia su gusto por el lujo y la exclusividad desde antes de emparejarse con José Ramón.

En otro momento, también se cuestionó la relación de Adams con el Desarrollo Inmobiliario Xunnan, al que la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas cedió 2,5 hectáreas de terreno en Holbox, una isla al sur del país, a pesar de que el mandatario ha criticado con fuerza a los capitales privados que poseen playas mexicanas. Además, tiene gusto por la equitación, el futbol, el beisbol y el basquetbol.

Actualmente vive en Houston, Texas, junto con José Ramón, el hijo de ambos, bautizado como Salomón Andrés Manuel López Adams, y Natalia, de 16 años, hija de Carolyn.

Sólo era cuestión de tiempo para el nuevo estilo de vida del hijo mayor del presidente llamara la atención de los medios, considerando además que José Ramón, en apariencia, no ejerce su profesión y tampoco desempeña un trabajo conocido.

El 28 de enero de 2022, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MMCI) y Latinus publicaron que José Ramón y su familia vivían en una “enorme mansión” en Conroe, Texas, que era propiedad de un alto directivo de Baker Hugues, pero la petrolera lo negó, no obstante hay muchos datos en la investigación que exhiben al hijo del presidente, lo que provocó que el mandatario montara en cólera y arremetiera en contra de la ONG y del periodista Carlos Loret de Mola, en lo que ha sido considerado como un exceso muy delicado de López Obrador, que se da además junto con otros errores de nivel internacional.

ATRAPADOS EN EL DISCURSO DEL PADRE

Como ya se mencionó anteriormente, antes de experimentar en el mundo de los negocios, los tres hijos del presidente de México se dedicaban a la política, al igual que su padre.

José Ramón fue designado en 2016 coordinador en el Estado de México de Movimiento Regeneración Nacional (Morena), partido que llevó a su padre a la presidencia. Entonces se encargó de conformar 6.500 comités seccionales de partido.

También en 2017 se encargó de coordinar la campaña electoral de Delfina Gómez al gobierno del Estado de México, cargo que perdió ante el priista Alfredo del Mazo.

Andrés Manuel López Beltrán, segundo hijo entre Rocío y el presidente de México, ha estado involucrado de manera más directa en la administración pública. Desempeñó distintos cargos dentro de Morena. En 2015 se anunció que coordinaría la campaña de Amílcar Sandoval Ballesteros, precandidato a la gobernatura de Guerrero.

Antes, en 2012, había organizado junto a Octavio Romero Oropeza, exoficial mayor del gobierno de la Ciudad de México y hoy director de PEMEX, la estructura electoral y defensa del voto de la campaña de López Obrador. Igualmente fungió como promotor de giras y asambleas informativas de su papá en Morena, antes de que fuera partido político.

En tanto que Gonzalo Alfonso López Beltrán se desempeñó como coordinador estatal de Morena en Tlaxcala, en donde encabezaba los 513 comités. Según su padre, también ha ejercido como profesor.

Reza el dicho popular que quien sirve a la iglesia vive de la iglesia, así que nada tendría de cuestionable si los hijos de AMLO vivieran de la política, pues a ello han dedicado toda su vida adulta, pero, como ya se mencionó, el problema es que no se supo plantear a tiempo el desarrollo de carreras políticas formales, lo que era legítimo y necesario. De haberlo hecho no tendrían la situación tan incómoda que ahora viven, ni los problemas de José Ramón con una riqueza que deberá de explicar.

Pongamos un ejemplo del lado extremo de la izquierda mexicana: Lázaro Cárdenas Batel, hijo de Cuauhtémoc Cárdenas, tres veces candidato presidencial por el PRD y ambos miembros de una dinastía política.

Cárdenas Batel estudió etnohistoria en la UNAM y además de que no parecía estar interesado por la política le estaba dando problemas a la familia, que decidió enviarlo a Cuba para su rehabilitación, donde, más por terapia que por aptitud, se inscribió en el Instituto Superior de Arte de la Habana, de donde se supone que salió como experto en percusiones, pero principalmente entró en una relación con la cubana Mayra Coffigny, con quien se casó y es su esposa hasta hoy.

Rehabilitado, su padre lo hace diputado federal en 1997, a los 33 años de edad; senador de la república a los 37 años y gobernador del estado de Michoacán a los 38 años (el cuarto de la familia en ocupar la gubernatura de ese estado), cargo que concluye en 2008. Posteriormente adquiere experiencia internacional, mejora su manejo del inglés y en 2018 (ya de 54 años), AMLO lo designa como Jefe de Asesores de la presidencia de la república.

No es la primera vez que la dinastía de los Cárdenas recurre al nepotismo para abrirse camino, en este caso a la tercera generación de la familia, pero el caso sirve bastante bien para mostrar cómo Cuauhtémoc Cárdenas sí le abrió la puerta a su hijo mayor para hacer toda una carrera política y a una edad muy temprana, algo que, según se desprende de lo que está a la vista, Andrés Manuel López Obrador no hizo con sus tres hijos, para quienes en apariencia se ha vuelto más un problema que un privilegio político ser hijos del presidente de la república.

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