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Un trato absurdo: donar sangre en el IMSS

Especiales / 3 marzo, 2022

Por: Álvaro González

Son las 3:45 de la mañana, madrugada, con el viento fresco del primer otoño y la oscuridad por la falta de luminarias. Marcela espera un taxi con gran temor; está sola, es mujer y sabe que corre riesgos, pero no tiene otra opción, debe de acudir a la clínica 71 del IMSS, llamada aquí la “Torre de Especialidades”.

Sólo subir al taxi hace una llamada ficticia y le comunica a un pariente inexistente que va a bordo del taxi, da el número del mismo y la ruta que lleva. El taxista ríe con sorna y sus ojeras de insomnio se arrugan aún más.

Al arribar a la clínica todo es silencio, oscuridad y desolación. “Son 120 pesos, señorita”. Ella se molesta y le reclama lo alto del precio y el taxista sin tan siquiera inmutarse le comenta que es servicio de noche y eso cuesta, cobra y aprieta al acelerador para perderse de nuevo en la oscuridad.

Marcela, de baja estatura y cuerpo menudo, siente en la cara el fresco de la noche y se reprocha no haber traído consigo ropa más abrigadora, pero ya está ahí, así que camina hacia las puertas del edificio, sólo para darse cuenta que están se encuentran cerradas, pero además tienen una cadena atravesada y un candado.

Molesta, se para en un lado, y entonces descubre que no está sola: a los lados hay al menos seis o siete siluetas acostadas sobre el piso, pero un poco más lejos, en lo que es la entrada al área de radiología, descubre al menos otras tres siluetas también acomodadas sobre el piso, vencidas todas ellos por el cansancio, aferradas a un sueño efímero, la mayoría sin tan siquiera una cobija o un abrigo para disimular la aspereza del piso.

De pronto una de las siluetas se incorpora: es un muchacho con aspecto de indigente; el pelo hirsuto, revuelto, con meses de mugre acumulada, lo mismo que las ropas astrosas y malolientes.

Cobijado por la noche y por la desprotección que proyecta la figura de la joven mujer, comienza a asediarla verbal y sexualmente.

Marcela se asusta, se asoma hacia la solitaria recepción del edificio, no ve a nadie, piensa en gritar pero desiste, opta por caminar un poco hacia el edificio continuo y encuentra del otro lado de la puerta de cristal a un adormilado vigilante, el cual le indica que no se preocupe, pues ya van a abrir y acciona su radio de onda corta para comunicarse con el que debe ser el vigilante de la clínica 71.

Marcela fue citada a las 4:00 de la mañana para hacer fila y tratar de donar sangre para un pariente que será internado en dos días, al cual le han pedido tres unidades como requisito para realizarse una delicada operación.

Cuando Marcela se siente ya entre asustada y muy molesta, el joven indigente se aleja y va en busca de otro de los adormilados acompañantes, el cual le proporciona un cigarro y ambos se ponen a conversar.

FOTO: IMSS/CUARTOSCURO.COM

10 UNIDADES DE SANGRE

Un poco antes de las 5:00 de la mañana, llega una mujer de aproximados 65 años, con apariencia de ser una persona de clase media, por su arreglo personal y su conversación.

De nombre Adriana, es una paciente de cardiología que será sometida a una muy delicada operación a corazón abierto, pero le han exigido 10 unidades de sangre para poder realizarle tal operación.

Se lamenta que tiene toda una semana tratando de cubrir la cuota de esas 10 unidades de sangre, pues aunque algunos parientes le han ayudado como donadores, ha tenido que recurrir a la internet para conseguir gente que acceda a donar sangre a cambio de una paga; no hay otra alternativa.

El problema es que, al igual que este día, el guardia abre las puertas hasta las cinco de la mañana, pero a esa hora comienza todo un peregrinar.

Primero hay que estar en una lista de 25 personas por día, pero si por urgencia no se está en tal lista, hay que hacer fila y apresurarse para inscribirse en una lista adicional y esperar horas para ver si es posible que le tomen la sangre.

¿Pero que hace usted aquí a las cinco de la mañana si le va a realizar una operación tan delicada? le comenta Marcela a Adriana. Lo tengo que hacer, las dos gentes que vienen hoy las conseguí por la internet y pues les tengo que pagar y ver que realmente les tomen la sangre para que la anoten en mi expediente, el problema es que ellos pierden toda la mañana de trabajo, y hay que reponérselos y además pagarles su sangre, ya me siento muy cansada y tengo muchos temores, pero tengo que hacerlo.

Ya para las seis de la mañana han llegado quienes están en la lista de 25 y se ha formado otra lista de siete personas más que van por cirugías de urgencia que se tienen que realizar. Marcela se encuentra en el primer lugar de esta segunda lista.

Las horas transcurren y el servicio es sumamente lento, en parte por la falta de suficiente equipo, en parte por la parsimonia del personal del IMSS y además por la tardanza del laboratorio para analizar las muestras preliminares de sangre para ver quién puede donar y quién no.

De la lista original cuatro son rechazados como donadores, pero a Marcela y a las dos personas que llevó Adriana les toman las muestras preliminares hasta las 12:30 del día; han transcurrido ocho horas y media desde que llegó a las 4:00 de la mañana.

Afortunadamente sí puede ser donadora y le comienzan a extraer la sangre.

El reloj marca ya las 2 de la tarde cuando Marcela sale de la Clínica 71 o Torre de Especialidades del IMSS. Se siente un poco mareada, desvelada y con hambre por el ayuno forzoso que tiene que hacer. Apenas hay tiempo suficiente para ir de prisa a comer algo y tomar otro taxi para reportarse a su trabajo. Está en pie desde las 3:00 de la mañana y todo lo ha hecho para ayudar a una pariente que tiene que ser operada de urgencia, aunque la idea de urgencia tiene un significado muy distinto al ordinario en las clínicas y hospitales del IMSS, donde todo dependerá de la disposición de un turno en un quirófano, los cuales tienen listas enormes de espera, y son unos cuantos para todas las especialidades y para atender pacientes de toda la región lagunera, del estado de Chihuahua y de los estados de Zacatecas y Durango.

Hace años, muchos años ya, que todos los servicios médicos del IMSS están ahogados por la burocracia, el poder de los sindicatos, la falta de insumos y equipamiento adecuado y la indolencia de la mayoría del personal directivo. Nueve horas para donar una unidad de sangre, que se considera como un siempre requisito, es algo insultante, que sin embargo ocurre todos los días.

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Redacción




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