Éstas son mis listas. Si no le gustan, tengo otras

Éstas son mis listas. Si no le gustan, tengo otras

Daniel Herrera

Escritor y músico lagunero
twitter: @puratolvanera

¿Una lista más ahora que todos hacen listas? No una, sino varias.

¿Para qué querríamos una lista más? No, no la necesitamos, pero ya andamos aquí.

¿En serio crees que a alguien le interesa tu opinión? Me conformo con que le interese a un puñado de amigos y conocidos.

Ya es enero, las listas se hacen en diciembre, ¿por qué eres tan lento? Porque no existen reglas para esto; es más, a lo mejor en junio hago otra lista.

¿Y vas a hablar sólo de lo que se produjo en el 2021 o, para variar, vas a hacer lo que se te da la gana? Como dijo Juanga: lo que se ve no se pregunta.

Pues si no hay de otra, ¿estás seguro de que quieres hacer esto? No, pero vamos que hace frío y tenemos muchas otras cosas por hacer.

Comencemos por lo más sencillo: la televisión. Este año vi tanta televisión como leí. Tengo años fuera del clóset televisivo. Lo he dicho sin vergüenza una y otra vez: amo la TV. Y lo demuestro revisando series que pueden satisfacer mis gustos ligeramente pedantes. Eso tampoco lo voy a negar.

Este año volví a ver Two and a Half Men justo hasta la octava temporada. No entiendo cómo es que el creador de ese gran sitcom irreverente también hizo aquella cochinada sobre nerds insufribles llamada The Big Bang Theory. No, no importa qué tan lejos estemos de los ochentas, los nerds y los geeks no son simpáticos, nunca lo fueron ni lo serán.

En fin, que Two and a Half Men fue una joya que terminó mal pero muy bien. Quiero decir que el show se salió de la pantalla y nos entregó un gran momento de autodestrucción en vivo. Hasta la piel de Charlie Sheen en la última temporada parece el cuero de tambor bien tenso, listo para rasgarse al primer golpe de baqueta.

El asunto es que yo no quería hablar de eso, sino de algunos descubrimientos que tuve durante el año.

El primero fue Chernobyl, serie de HBO muy galardonada de la cual ya escribí en estas mismas páginas. El asunto es que ésa no fue una novedad. En cambio, Invincible se volvió mi nueva caricatura favorita. La última temporada de Bosch me dejó satisfecho con el cierre que le dieron al detective más jazzista de la tele. Physical, una serie sobre una mujer que lucha contra ella misma y los demás para encontrar su lugar en el mundo de los aerobics es televisión de calidad ubicada en unos ochentas de verdad, muy lejos de lo que ama hacer Netflix. Yellowjackets, una historia que combina a El señor de las moscas con una versión oscura y depresiva de Esposas desesperadas me trajo constantes recuerdos de los noventas.

Finalmente, Your Honor se lleva, para mí, la gloria del año. Me parece una historia redonda, con todos los cabos atados y con fuerte reminiscencia a Shakespeare, sólo que en New Orleans y con Bryan Cranston en el papel de un juez debatiéndose entre una serie de decisiones éticamente cuestionables por salvar a su hijo.

Sí, no vi Succession, nomás no puedo soportar a los millonarios patanes.

No diré nada sobre películas porque siempre termino viéndolas cuando ya pasaron varios años de su aparición en cartelera. Es una decisión tomada a propósito. Pienso que al cine se le debe dar varios años de añejamiento para ver si funciona. Las multitudes aplaudidoras siempre entorpecen todo y una película mediocre de pronto se convierte en la película de la década por culpa de un montón de lemmings. Mejor así.

Ya no leo tanto como me gustaría. Defectos de la vida adulta, por supuesto. En lugar de alargarme sobre algunos cuantos libros, prefiero enlistar lo mejor que leí este año. No es todo lo que llegó a mis manos. Muchos se quedaron a medio camino por distintas razones.  Por supuesto que la mayoría no son novedades, yo no leo por moda.

Van sin ningún orden particular: El banquete celestial y Knockemstiff de Donald Ray Pollock,

El animal moribundo de Philip Roth, Historias del Norte y del sur de Erskine Caldwell,

Estokolmo de Gustavo Escanlar, Por los buenos tiempos de David Keenan, Sobre mi cabeza de James Baldwin, Autobiografía grupal por The Clash, Con Billie Holiday. Una biografía coral de Julia Blackburn, Acid for the children de Flea y Fóllame de Virgine Despentes.

Uno de mis temas favoritos es la música. En estas páginas he escrito varias veces sobre grupos que estoy escuchando. Llevo más de dos años alejado del jazz y me he internado bastante en el punk y derivados. Tal vez es una forma de combatir la desesperanza que la pandemia nos ha traído. He escrito ya sobre estos grupos y volveré a nombrarlos: Idles, Viagra Boys, Amyl and The Sniffers, Mississppi Queens y Margaritas Podridas.

Idles, como lo he dicho antes, fue uno de los mejores madrazos musicales que he recibido en la vida. Su más reciente disco Crawler, los confirma como un grupo innovador y que busca reinventarse constantemente.

Viagra Boys me ponen de buen humor como en mi juventud lo hacían los Red Hot Chilli Peppers. Su más reciente álbum, Welfare Jazz, es una combinación de punk, noise con un ligero toque de free jazz que te pone a saltar de inmediato.

Amly and The Sniffers es potencia pura. Punk rudo con una voz femenina al frente. El punk es mejor cuando lo hacen las mujeres. He dicho.

Mississppi Queens es un grupo de Monterrey que publicó su más reciente disco en el 2020 pero que continuó sonando en mi rotación durante todo el año pasado. Tienen diversas influencias que los hacen sonar distinto a los grupos que generalmente surgen del noreste. Especial mención a sus letras llenas de simbolismos con referencias muy claras a la realidad que vivimos en este país.

Y, por último, mi más reciente descubrimiento: Margaritas Podridas. Originarias de Hermosillo, está compuesto por dos mujeres que no le tienen miedo al ruido. Con fuertes influencias de shoegaze, punk, noise y grunge, su sonido demuestra que el punk tiene futuro en este país, sobre todo cuando es tocado con furia pero candidez al mismo tiempo.

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