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Matute y la eterna vida del cover mexicano

Cultura / Cultura Principal / 3 diciembre, 2021

Daniel Herrera

Escritor y músico lagunero
twitter: @puratolvanera

Pues la vida nocturna se ha recuperado poco a poco ahora que ya sabemos convivir con la pandemia. En marzo del 2020 afirmé que los últimos en regresar a trabajar serían los músicos. No me equivoqué, algunos dirán que los profesores volvimos al final, pero en realidad jamás dejamos de trabajar. Así que mi afirmación se convirtió en realidad. Con el retorno de la vida nocturna poco a poco fueron volviendo los músicos. También regresaron los vicios y los problemas de siempre en este tipo de trabajos, pero no he escuchado a ningún músico decir que prefería quedarse en casa a salir a tocar.

Con la recuperación de la fiesta en la calle también volvieron los conciertos. Debo decir que no son los grupos que quisiera escuchar, pero, de nuevo, mejor que haya espectáculos a que no existan.

Como un comentario aparte, me parece ridículo eso que llaman “medidas de prevención Covid”, que consisten en alguien tomando la temperatura rutinariamente, unos tapetes puercos en el suelo y kilos de horrible gel antibacterial. En fin, no será este espacio el lugar para discutir las tonterías que hacemos por la “prevención”, cuando ya sabemos todos que el uso de cubrebocas, la ventilación y la vacunación son lo único que puede evitar que esta enfermedad siga expandiendo.

Entre los conciertos que llegaron a la región causó gran discusión entre músicos la presentación de Matute. De nuevo, yo quisiera ver y escuchar a Brass Against pero lo que hay es Matute.

Los comentarios de quienes pudieron asistir al show fue el mismo: son grandes músicos y es un espectáculo impresionante. Pareciera que no hay nada criticable al grupo de covers más famoso del país. Pero, como siempre, aparecieron las voces discordantes. Algunas de ellas suenan más a resentimiento o envidia hacia una empresa musical que ha hecho del cover una forma de vida exitosa, le da empleo a un montón de personas y se ha convertido en un producto que genera miles de pesos donde quiera que se presentan.

Otras críticas me parecen más acertadas. No se enfocan sobre las habilidades de los músicos que integran el grupo, ni en los resultados económicos que obtienen. Estas críticas enfilan sus baterías a otro aspecto: la expresión estética.

¿Cuál es la diferencia entre un cover más y un gran cover? Más allá de los arreglos, que se hacen en todos los géneros, la diferencia estriba en la posibilidad de que un grupo tome una canción y la haga propia. Con esto me refiero a darle al cover una personalidad ligada al grupo que la toca. Esto que parece fácil cuando una canción cambia de género, se vuelve verdaderamente complicado cuando se toca en el mismo género en que fue creada.

Como no hay muchas opciones, tendré que poner aquí ejemplos para reforzar mi argumento. Se puede escuchar la canción original de Metallica “The God That Failed” y luego la versión que hizo Idles para The Metallica Blacklist, el disco que conmemora el 30 aniversario del álbum negro. El grupo inglés toma la canción y la transforma de tal manera que la ha quitado el sello de Metallica.

Alguien podría decirme que hacer un cover no se trata de eso. Que eso ya es una interpretación. Entonces recurro a Nothing compares 2 U, un clásico de los ochentas que hizo famoso Sinéad O’ Connor. La versión original de Prince se vuelve pálida a un lado de Sinéad, y esa misma versión parece olvidarse cuando Chris Cornell la canta apenas acompañado por dos guitarras y un chelo.

En estos ejemplos los intérpretes cruzan la frontera de la pura interpretación y se convierten en activos compositores.

Pues con Matute jamás pasa esto. Su espectáculo depende de que las canciones hagan exactamente lo que su público espera que hagan. Apenas hacen arreglos que casi en nada afectan a la canción original. Más pareciera que han decidido tocar aquellas canciones que viven en el imaginario colectivo de dos generaciones y para nada importunar nuestros recuerdos.

Matute es un grupo que vive de la nostalgia. No hace nada revolucionario, no propone ningún rompimiento creativo. No crea, repite, lo hace profesionalmente y con gran habilidad técnica, pero su propuesta no apuesta por el arte sino por el entretenimiento.

Lo he dicho una y otra vez, esto no es motivo para descalificar a nadie. Todos debemos llevar comida a la mesa. Los músicos hemos hecho esto desde siempre. El cliente paga y muchas veces quiere sólo un espectáculo y no una estructura artística innovadora. El público casi siempre espera olvidarse de todo, de la mierda diaria y de los problemas abrumadores.

Para eso se recurre a grupos que satisfagan esa expectativa. Es Matute uno de esos grupos, un grupo de covers de alta calidad. El asunto es que han transformado algo que parecía imposible. Han convertido el uso de covers de una obviedad a una necesidad. De pronto se ha vuelto fundamental que otros artistas, probablemente con más años recorridos que el grupo, se dediquen a tocar covers en sus shows. Pareciera que el público mexicano ya no está satisfecho si no escucha las canciones de siempre en la voz de otros. El cancionero del rock y el pop mexicano saltó de los pequeños escenarios a los estadios. Vivimos en una eterna nostalgia, atrapados en un remolino ochentero, soñando con Raúl Velasco en Siempre en Domingo y esperando que la vida fuera tan buena como nos dijeron que fue hace cuarenta años.

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