La sobrevivencia del PRI está en juego

La sobrevivencia del PRI está en juego

Por: Eduardo Rodríguez

De ser el partido hegemónico por casi un siglo, el PRI se enfrenta hoy a la lucha por su sobrevivencia, desde una muy difícil posición que le ubica, a gran distancia, como la tercera fuerza política del país, pero con fuertes problemas internos y con un presidente de la república como Andrés Manuel López Obrador, quien, aunque diga lo contrario, desearía tener el placer de asistir al entierro del partido donde militó toda su juventud y del cual, paradójicamente, sacó su orientación ideológica.

¿Sobrevivirá el PRI o Morena acabará de derruirlo antes de la próxima elección presidencial en 2024? Ése es el dilema.

El pasado 6 de junio el PRI perdió ocho de las ocho gubernaturas que le disputó Morena, un verdadero desastre que no acaba de asimilar su militancia, por lo que han surgido conflictos internos, lo mismo de políticos que desean aprovechar el momento para acabar con el viejo partido, que de exdirigentes nacionales y figuras de relevancia que piden revisar, con seriedad, lo que sucedió en la pasada elección y plantean, también de forma seria, una restructuración a fondo que genere una verdadera estrategia ante el difícil escenario político que le espera.

Después del recuento de los daños, el PRI se encuentra con que gobierna solamente en cuatro estados, de los doce con que inició el sexenio. Tendrá en la Cámara de Diputados entre 63 y 75 legisladores, cerca de un 30% más que ahora y participó en ocho de las nueve alcaldías de la ciudad de México que fueron ganadas, pero en alianza con el PAN y el PRD.

De los cuatro estados donde sigue siendo gobierno, Oaxaca renovará gobernador en 2022 y muy probablemente se pierda a manos de Morena; Hidalgo, que renueva gobernador también en 2022, puede retenerlo, pero es un estado muy pequeño.

En el Estado de México y Coahuila se renovarán las gubernaturas en 2023. Coahuila tiene todas las condiciones para retenerlo, pero el Estado de México, que es el más poblado del país, será peleado por Morena con todos los recursos a su alcance, que son muchos, aunque también López Obrador se enfrentará al clan político-empresarial más poderoso del PRI y del país: el grupo Atlacomulco, el cual llevó a la presidencia a Enrique Peña Nieto.

De acuerdo a los cálculos preliminares del INE, el PRI tendrá entre 63 y 75 legisladores en la Cámara de Diputados, pero el dilema es también si logrará la cohesión de éstos y una estrategia opositora exitosa. De entrada, la designación de Rubén Moreira Valdés, exgobernador de Coahuila, como nuevo coordinador parlamentario ha dejado demasiadas reservas, tanto por el perfil del personaje, como por corrientes internas del partido que desean un verdadero cambio.

La imagen del PRI está sumamente dañada ante la mayoría de los sectores sociales del país, así que su nueva lucha es, literalmente, de vida o muerte. Todo indica que se requerirá de una gran imaginación y de cambios verdaderamente notorios para que se dé esa sobrevivencia y, a los ojos de sus críticos internos y externos, la actual dirigencia se ve de un bajo perfil.

Al PRI le urgen talentos del nivel de un Jesús Reyes Heroles o animales políticos de la talla de un Carlos Madrazo, el problema es que no se ven por ninguna parte dirigentes que, al menos, se acerquen al perfil de personajes de ese nivel, mientras que el reto es enorme y, por ahora, no parece haber ni la disposición de sentar a su Consejo Nacional para analizar, en términos duros, cuál es la posición real del partido en un escenario extremadamente crítico.

Debido a circunstancias muy especiales, Coahuila es el único estado del país donde el PRI tiene algo bueno que contar.

En el año 2000 muchos de sus críticos, que eran menos radicales y poderosos que los de ahora, habían profetizado la muerte del PRI, pero en el 2012 sorprendentemente volvió a ganar la presidencia del país, con un político como Enrique Peña Nieto, quien terminó su sexenio con una imagen desastrosa ganada a pulso.

El PRI volvió porque el PAN respetó el juego democrático y se quedó corto como gobierno, especialmente en temas de tipo social, algo completamente distinto a lo que le ocurre hoy, porque desde el poder hay la evidente intención de asistir al funeral del PRI, pero tratándose de política no hay profeta que acierte, ni futuro cierto; lo único claro e inobjetable es que el viejo partido se encuentra en la sala de terapia intensiva, con pronóstico reservado. Sus padecimientos graves son internos y externos.

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