La encuesta sobre expresidentes, otra farsa electorera más

La encuesta sobre expresidentes, otra farsa electorera más

Por: Rodrigo Tejeda

Andrés Manuel López Obrador duró 18 años en campaña en busca de la presidencia de la república, pero toda su vida política ha estado vinculada a procesos de campaña; todo en él transcurre en una campaña permanente y ahora, como presidente, utiliza todo el aparato del poder central para seguir en lo mismo, solo que de manera cada vez más cuestionable.

Terminadas las elecciones del pasado 6 de junio, donde inclusive atacó de manera personal a candidatos opositores en los estados, violentó en innumerables ocasiones las leyes electorales y se posicionó como el gran mariscal de la campaña de su partido, donde hasta las vacunas contra el COVID-19 fueron un instrumento de proselitismo.

Ahora tiene al frente la consulta sobre revocación de mandato en marzo de 2022, otro artilugio de campaña que el mismo se ha inventado para seguir buscando mantener el apoyo popular.

El problema es que, inevitablemente, el poder desgasta, aún a un populista que auto promueve su imagen todos los días. En la última medición de poll of polls Oraculos, los resultados indican que AMLO ha perdido casi 20 puntos en su aprobación, pues en enero de 2019 tenía una aprobación de 79% y en mayo de 2021 esta había bajado a un 61%, lo que se reflejó en el proceso electoral del 6 de junio, en el cual la alianza Juntos Haremos Historia obtuvo solamente el 26.11% de los votos, en comparación con el 42% obtenido en 2018.

Sin descontar el millón de votos que obtuvo el PVEM, Morena y sus aliados perdieron 4 millones 182 mil 12 votos. Si se quitara la votación del PVEM, la pérdida es un poco superior a los 5 millones de votos, aun con la campaña permanente que ha realizado AMLO desde la presidencia de la república.

Para tratar de llegar mejor posicionado a la consulta de revocación de mandato en marzo de 2022, AMLO ha inventado una farsa que él denomina como “consulta popular para decidir si enjuiciar a los expresidentes de México”, así, en grupo, a los cinco expresidentes anteriores a él, cuando el más añejo de ellos inició su mandato hace 30 años.

Los expertos en derecho han determinado que dicha consulta, como él la planteaba originalmente, es inclusive anticonstitucional, ya que violenta el debido proceso penal, pues la aplicación de la ley no se consulta, sino que es una función propia del estado, pero debe ser en base a una indagatoria formal que fundamente materia de delito y a una acusación también formal ante la institución judicial.

Así que dicha consulta es político-electoral y en consecuencia es una farsa más, porque es completamente innecesaria si se tuviera que actuar legalmente en contra de algún expresidente de la república.

El ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, SCJN, Luis María Aguilar, inclusive presentó un planteamiento para declarar inconstitucional tal consulta, pero el pleno de la Suprema Corte, para complacer a AMLO, la validó con cambios a la pregunta que se realizará, presentando lo que es una verdadera pieza de colección de la demagogia, empleando terminología legal.

De esta forma, lo que resulte de la consulta del próximo 1ro. de agosto será totalmente subjetivo y ambiguo, pero será utilizado por López Obrador para afirmar que tiene la intención de combatir a la corrupción al más alto nivel, cuando esto es una absoluta mentira.

Esta será la pregunta:

“¿Esta de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes, con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones tomadas en los años pasados por los actores políticos encaminada a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?”

¿Dónde dice expresidentes de la república? ¿Dónde dice a que personas en concreto se pretende enjuiciar? Y no lo dice porque si lo dijera sería una violación fragante a la ley y a los derechos amparados por la constitución para cualquier ciudadano mexicano.

¿Se imagina usted a un campesino o a un indígena, de los cuales acarreará millones el morenismo, tratando de entender de qué se trata este enredo de pregunta?

Pero el propio López Obrador y su estructura de activistas ya están en campaña, afirmando ¡Desde el púlpito presidencial! Que hay que ir a votar para que se enjuicie a Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Cedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Les explicarán, con peras y manzanas, que Carlos Salinas vendió las empresas paraestatales y privatizó servicios; Ernesto Cedillo implemento el Fobaproa; Vicente Fox traicionó a la democracia; Felipe Calderón lanzo la guerra contra el narcotráfico y Enrique Peña Nieto encubrió la corrupción.

¿Quién que vaya a las urnas dirá que no? Es evidente que nadie, porque ningún ciudadano ajeno a las presiones de Morena se prestará a una farsa más de consulta ciudadana, para perder su tiempo e ir a votar un sí o un no.

La lógica indica que el sí será abrumador y el no apenas simbólico y muy probablemente inducido para tratar de darle credibilidad a la consulta, por lo cual de antemano los morenistas se están quejando de que el IFE no está promoviendo la consulta, y no la va a promover porque ya se están gastando 508 millones de pesos tan solo en organizarla, pero además es un manoseo político burdo de la administración de la justicia por parte del estado. Un engaño en su sentido más estricto.

Todo para tener mejores resultados en la consulta de revocación de mandato en marzo de 2022, otra consulta innecesaria, pues es de sentido común que la ganará López Obrador, con un despilfarro de dinero que bien podía gastarse en otras prioridades que son urgentes, como ejemplo en medicinas para disminuir el desabasto en el sector público.

Lorenzo Córdoba, el consejero presidente del INE, ha declarado, el 25 de junio pasado, que la consulta de revocación de mandato a López Obrador, costará ¡9 mil millones de pesos! Un costo casi semejante a la pasada elección del 6 de junio, pero AMLO tiene que estar en campaña permanente y la consulta de marzo de 2022 esta pensada en función de la sucesión presidencial de 2024.

Podrá así decir, desde la tribuna presidencial: ¡El pueblo me ama y quiere que yo siga en el poder!

¿En que le sirve al país semejante teatro? Al país no, pero para López Obrador es un bálsamo, que además puede utilizar de varias maneras, o por lo menos eso intenta porque, al final, el poder fatalmente desgasta y la demagogia cansa y pierde su eficacia.

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