Tarjetas de crédito: un negocio legal pero abusivo

Tarjetas de crédito: un negocio legal pero abusivo

Por: Marcela Valles

Pese a todas las advertencias sobre los grandes riesgos de utilizar las tarjetas de crédito como un instrumento de compra, por lo menos antes de la pandemia el negocio del dinero de plástico era uno de los más grandes ingresos que estaba teniendo la banca en México, con montos muchísimo más altos a los que obtienen las filiales de esa misma banca en el extranjero.

El gran riesgo de las tarjetas de crédito es que se está gastando un dinero que no se tiene y se tendrá que pagar con intereses altísimos, lo que puede propiciar que una persona pueda tardar décadas en saldar una deuda con un banco, pagando varias veces la cantidad original contratada.

La única forma de hacer un uso correcto de las tarjetas de crédito es pagar cada mes el total de lo que se haya consumido con las mismas, pero esto es algo que la mayoría de los usuarios no hace y en ello está un enorme negocio bancario, obsceno por los montos que alcanza.

Lo más común es que los usuarios realicen únicamente el llamado “pago mínimo mensual” de su deuda, con lo que se crea el esquema crediticio que está buscando el banco, pues de esta manera entra el cobro de intereses anuales pactados, con tasas que van desde un escandaloso 82.36%, de tarjetas como la clásica de Bancomer, hasta un 30.60% de la platino de Banamex.

Como si los intereses fueran poco, muchos tipos de tarjetas cobran anualidades que van desde los mil 500 hasta los 3 mil pesos, como la tarjeta Green de American Express.

Si un usuario debe al banco 50 mil pesos en su tarjeta y paga un mínimo de 2 mil pesos mensuales, el resto de la cantidad genera intereses mensuales que pueden ir desde el 6.5% hasta el 3%, lo que puede propiciar un espiral de incremento progresivo de la deuda o bien un pago lentísimo de la misma, pues el abono al capital que se debe es muy pequeño.

Para ver “a gusto” los partidos del equipo Santos de futbol, una familia de escasos recursos adquirió, con una tarjeta de crédito, una enorme y sofisticada televisión de 55 pulgadas. Llegó la pandemia de COVID 19, cayeron en mora y hoy deben 78 mil pesos a BanCoppel, cuya tasa de crédito es de 85.7%. Están en un problema grande, asediados por el departamento de cobranza.

Muchos clientes, la mayoría, no sabe que además de pagar ellos intereses al banco, éste cobra a cada establecimiento por todas las ventas que se hacen por medio de tarjetas de crédito e inclusive de débito.

Del monto de cada venta pagada por el cliente con tarjeta de crédito, el comercio o establecimiento debe pagar al banco entre el 2 y el 5% del total, pero además debe pagar 300 pesos en promedio por la filiación, una renta mensual que va de 150 a 350 pesos y, en caso de que su nivel de ventas sea bajo, debe pagar una penalización que va de 250 hasta 650 pesos mensuales, dependiendo del banco que proporciona la terminal.

Literalmente el banco gana por todo.

TARJETAS CON ENGAÑOS

Una de las prácticas que se están volviendo más comunes y cuestionables es la colocación disfrazada de tarjetas de crédito, a través de tiendas y establecimientos.

Una familia acude a tiendas como Home Depot a comprar un refrigerador en oferta por motivo de un día festivo, pero para hacer efectiva la oferta tiene que hacerla a través de una tarjeta de crédito, para lo cual la envían a un módulo que se encuentra junto a las cajas de pago, cerca de la entrada de la tienda, que realmente es de Banamex, donde le realizan de forma inmediata el trámite de una nueva tarjeta de crédito.

Todo es vía rápida, por lo que la mayoría de quienes realizan el trámite ni tan siquiera revisan a fondo las condiciones que les impone la tarjeta que están firmando, mucho menos las tasas de interés, que suelen ser muy altas si se remiten al CAT (Costo Total Anual de la tarjeta), pero salen felices porque compraron un “refrigerador barato” en mensualidades.

Un caso que debería ser escandaloso es el de BanCoppel, debido a las prácticas de crédito que aplica y a que el grueso de su clientela es gente de bajos recursos económicos. En caso de caer en mora por la pérdida de empleo o alguna otra contingencia familiar, su deuda se multiplica y se vuelve impagable.

Si un cliente pide prestados 500 pesos, aunque los pague puntualmente al mes le cobran 550 pesos, lo que presenta un interés altísimo.

Las ventajas que pueden ofrecer las tarjetas de crédito bancarias son pocas. Lo primero es que se debe revisar cuidadosamente cuál es el CAT de la tarjeta (Costo Total Anual) y optar por la que tenga los intereses más bajos; finalmente todos los establecimientos reciben VISA o MASTER CARD, no importando de que banco sea.

Se deben revisar además las condiciones del contrato, como el cobro de anualidades, los castigos por mora, la posible venta de seguros innecesarios y cualquier otro cargo. Varias tarjetas no cobran anualidad y pueden ser canceladas con facilidad, si usted así lo desea, mientras que hay otras que cobran anualidades de entre 2 mil y hasta 3 mil pesos, cobrados en los tres primeros meses del año.

Una ventaja importante es el poder hacer compras a plazos sin intereses, siempre y cuando se verifique que el precio del artículo que se compra no haya sido “inflado” previamente, pero se debe ser puntual en los pagos.

Antes de firmar el contrato de una tarjeta de crédito, primeramente infórmese y compare. Nunca es recomendable contraer compromisos bancarios por vía telefónica o en promociones apresuradas, que le venden como “preautorizadas”.

Si por circunstancias adversas de su economía cae en mora y no puede pagar sus mensualidades, antes que nada guarde la calma, no se alarme ni se deje intimidar por agresivos departamentos de cobranza o despachos aun más agresivos contratados con este propósito.

Tome en cuenta que, en una deuda ordinaria contraída con tarjeta de crédito, para el banco es muy complicado realizar la cobranza, por lo que pasado unos meses buscará realizar una negociación. Entre más tiempo pase las propuestas de negociación suelen ir mejorando en favor del cliente.

Tampoco debe preocuparse en demasía por ser “enviado” al llamado “buró de crédito”, que es un sistema de información para conocer la capacidad crediticia de una persona; se ha convertido en “un arma” de cobranza y en una amenaza.

Si bien es cierto que su capacidad crediticia se verá afectada, aun cuando pague, todos sus compromisos crediticios ya están registrados y permanecerán un tiempo “en rojo”, pero también es un hecho que al transcurrir 5 años desde el inicio de la mora, el banco ya no tiene la capacidad legal de hacer el cobro, de ahí que el tiempo corre en contra de la institución, que buscara una negociación y ésta puede ser muy ventajosa para quien debe, si su economía ha sufrido un quebranto y se encuentra en una situación difícil.

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