El castigo político a Jorge Zermeño

Por: Gerardo Lozano

En un comportamiento que se le ha vuelto habitual, Jorge Zermeño Infante acudió a la elección de diputado federal en una actitud arrogante, seguro de que obtendría el triunfo con cierta facilidad, después de haber pedido permiso en su cuarto año de alcalde de Torreón; en su segundo periodo como tal.

El resultado de la elección no pudo ser más vergonzante: perdió, pero fue relegado hasta una distante tercera posición, superado inclusive por el candidato de Morena, Antonio Attolini Murra, un muchacho de similar arrogancia, inexperto y sin ningún arraigo en la ciudad, pues tiene años que no vive en Torreón.

El mensaje electoral ha sido clarísimo para Jorge Zermeño: la desaprobación a su gobierno incluso en sectores duros del panismo, que prefirieron ejercer un voto útil a favor del PRI para contener a Morena, antes que confiar en él como una opción ganadora.

Aprovechando su posición y algunas relaciones, Jorge Zermeño se impuso como candidato para buscar, por cuarta ocasión, una diputación federal, cuando ya está por lo 73 años de edad y tenía el compromiso de terminar bien su tercer periodo como alcalde de Torreón, lo que al final importó poco y se impuso su interés personal de hacerse diputado federal para regresar a la ciudad de México.

La campaña de Zermeño Infante fue floja, sin mayor trabajo y confiando en el apoyo del aparato de gobierno municipal, en un Distrito 5 que estaba bastante a modo, con la idea equívoca de que gozaba de buena aprobación en la mayoría de los sectores de la ciudad, según la versión de su encargado de comunicación, Antonio Zamarrón, otro funcionario de su gobierno caracterizado por la arrogancia, la ineptitud, el manejo discrecional del presupuesto de Comunicación Social, con el cual ha “engrasado” a unos pocos medios grandes de comunicación y ha destinado sumas muy importantes para empresas que trabajan en redes sociales, todo ello con gran opacidad y señalamiento de un manejo desaseado, según se puede constatar en el portal de transparencia.

El resultado final ha sido la derrota más vergonzosa del panismo en todo el estado de Coahuila y, lo que es delicado para la ciudad, su retorno al cargo de alcalde con total desgano, sin ningún compromiso y en el año que la picaresca denomina como “año de Hidalgo”.

Desde el año pasado, con el pretexto de la pandemia, Zermeño Infante acude poco a su despacho, dedica pocas horas a sus tareas y marca la tónica que sigue su equipo de trabajo, compuesto en su gran mayoría por amistades y allegados, inamovibles en sus cargos pese a la ineficiencia de muchos de ellos.

El 8 de junio, entrevistado después de la reunión del subcomité de salud, el gobernador del estado, Miguel Riquelme Solís, hizo una referencia indirecta pero muy fuerte a los gobiernos municipales de la parte de Coahuila que concluyen este año, afirmando que algunos “han perdido tres años” por negarse a cooperar y trabajar conjuntamente con el gobierno estatal, en lo que es una abierta referencia a la política que ha seguido el último gobierno de Jorge Zermeño.

Cuando los ciudadanos se han parado frente a las urnas no encontraron elementos para apoyar a Jorge Zermeño. Es un hecho que su gobierno se perderá en la mediocridad y en el olvido, pero antes podría enfrentar problemas serios para aclarar una parte importante del gasto público, según los fuertes señalamientos que tiene de la Auditoria Superior del Estado, y ahora con una mayoría priista en el Congreso Estatal, cuya Comisión de Hacienda y Cuenta Pública puede adoptar una posición dura o muy dura.

A diferencia de otros estados del país, en Coahuila el PAN marcó una tajante distancia con el PRI, por lo que hay muy pocos puentes para la negociación. Además, al interior del PAN, después de una segunda y aplastante derrota, muy pocos parecen dispuestos a acudir en ayuda de Jorge Zermeño en caso de que éste tenga problemas con las cuentas públicas, mientras que Morena tiene toda la disposición de caerle a palos.

UN CABILDO EN CONTRA

Al interior del propio Cabildo municipal ha quedado un ambiente de lo más enrarecido. Ignacio García, el primer regidor, regresa al cargo literalmente como “el perro de las dos tortas”; sin ninguna de ellas.

Se vendió, sólo él sabe por cuánto, para dejar tirada la dirigencia municipal del partido y se fue a la campaña de Luis Fernando Salazar Fernández, pero en un acto más de cinismo se mantiene como el primer regidor en una situación que parece imposible: ¿Es ahora de Morena o de parte de quién seguirá en el cargo? Lo mismo pasa con los otros dos o tres regidores que se fueron a la campaña de Morena y, de facto, renunciaron al PAN.

Los regidores y la síndica de vigilancia del PRI, que han ganado la elección, estarán más empoderados y lo que resta del gobierno municipal irán detrás de la aclaración de cuentas, algo a lo que se ha negado la tesorera por indicaciones de Zermeño Infante.

Por lo pronto lo tres hijos del alcalde, que tantos negocios han hecho a trasmano, ubicados legalmente fuera de la administración, pero de facto metidos en todas partes, se tendrán que desaparecer, no sólo del gobierno municipal sino inclusive de Torreón, por aquello de que nunca falta quién haya quedado por ahí resentido y deslice filtraciones de información.

Como resultado final, la carrera política de Jorge Zermeño se ha terminado y no parece tener al frente más tarea que ponerse a barrer todo el desaseo que traen varias de las más importantes direcciones municipales, como Obras Públicas, Mantenimiento Urbano, Urbanismo, Administración y esa incorregible bolsa sin fondo que es el SIMAS.

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